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GENTE CORRIENTE

Paula Baltazar: "Poder ayudar a mi pueblo es la riqueza más grande"

Se enfrentó a la miseria y al machismo y fue pionera en llevar internet a su pueblo de México

Gemma Tramullas

Paula Baltazar: "Poder ayudar a mi pueblo es la riqueza más grande"

Nuria Puentes

Esta es la historia de una mujer con altas capacidades atrapada en un entorno patriarcal y de bajos recursos, donde la ayuda mutua es la única oportunidad de progresar. Paula Baltazar nació en México y desde el 2014 regenta la Tiendita Mexicana en Cerdanyola del Vallès, donde, además de vender chiles frescos, frijoles o nopales, difunde la cultura mexicana. Paula financió su negocio con sus ahorros y el apoyo de una Comunidad Autofinanciada (CAF), un grupo de personas que ahorran en común para obtener créditos del fondo compartido.

–¿En qué parte de México nació?
–Soy del pueblo de Citlaltépec, en el estado de Veracruz, que en lengua náhuatl significa «el cerro de la estrella».

–Precioso nombre.
–Mi padre era maestro del pueblo y tuvo seis hijos. Éramos una familia de bajos recursos y yo fui una niña autodidacta. Desde los 6 años ya leía toda la biblioteca de mi papá. 

–Fue una estudiante brillante.
–En el bachillerato era la única chica en el área de ciencias exactas y tuve una nota final de 9,4 sobre 10. Quería estudiar matemáticas, pero las circunstancias no acompañaron. Tener capacidad no significa progresar si no tienes recursos y unos padres que te valoren.

–Usted no los tenía.
–Mis padres tenían esa mentalidad machista que considera que las mujeres somos una mala inversión. Así que me fui a la capital con mi novio, trabajé en una fábrica y me embaracé. La relación no fue bien y volví al pueblo con mi niña de 2 años, madre soltera, sin carrera. No valía nada.

–Es la historia de muchas mujeres.
–Trabajé cocinando, cosiendo, dando clases en pueblos remotos... Tras un intento frustrado de estudiar la carrera de matemáticas volví con el papá de mi hija y fui maltratada. Perdí la capacidad de hablar y de escribir. Allí cerré un capítulo de mi vida.

–¿Cómo se recuperó?
–Leyendo autoayuda, valorándome, volviendo a empezar. Estudié informática y logré un trabajo en el ayuntamiento del pueblo. En tres años ahorré, compré mi primer ordenador y reuní a un grupito de niños para enseñarles. Llegué a tener 60 alumnos.

–Por fin comenzaba a prosperar.
–Allí la forma habitual de financiarse es mediante el sistema de tandas. Un grupo de personas se juntan para aportar una cantidad de dinero, luego se hace un sorteo y se entrega todo el dinero a un miembro del grupo. Y así sucesivamente, hasta que todos resultan beneficiados. Yo, en lugar de dinero, entregaba equipos informáticos. Llegué a entregar 25 equipos y fui la primera en instalar internet en el pueblo.

–En el 2003 vino a vivir a Barcelona.
–En el 2001 conocí a mi futuro marido por internet y tuve la necesidad de estabilizarme emocionalmente. Cerrar mi negocio fue doloroso, porque era todo mi esfuerzo y mis ilusiones. Trabajé mucho y no me enriquecí, pero me gané el reconocimiento de la gente. Poder servir, ayudar y aportar a mi pueblo es la riqueza más grande.

–Aquí descubrió las Comunidades Autofinanciadas (CAF), similares a las tandas.
–Después de trabajar seis años y criar a dos hijos más, mi marido y yo nos quedamos en paro. Conocí a paisanos mexicanos en las redes sociales y el esposo de una amiga me invitó a crear una CAF. En el 2012 formamos un grupo inicial de seis personas que se ha ido ampliando y todos nos hemos beneficiado del autofinanciamiento.

–Con sus ahorros y el apoyo de la CAF, usted abrió la Tiendita Mexicana.
–Estando en paro ningún banco te avala, y la CAF ha sido nuestro respaldo. Es un sistema basado en la solidaridad y la confianza. Sin ese espíritu, no funciona. 

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