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GENTE CORRIENTE

Antonio Espinosa: «El agua es la llave para vencer a la pobreza»

Este arquitecto vende agua embotellada en el primer mundo para acabar con la sed y la miseria en el tercero

Juan Fernández

Antonio Espinosa: «El agua es la llave para vencer a la pobreza»

DAVID CASTRO

Menuda locura: crear de la nada una nueva marca en el sector del agua embotellada, donde la competencia es feroz y los márgenes de beneficio escasísimos, para dar de beber en lugares remotos asolados por la penuria. Intentaron quitarle la idea de la cabeza, por muy hermosa que sonaba la metáfora que encerraba, pero lo cierto es que hoy hay 8.000 personas en los rincones más míseros del planeta que vencen la sed gracias a los pozos e inventos hidráulicos que costea la empresa social de agua embotellada Auara. El loco se llama Antonio Espinosa (Sevilla, 1990) y se ha propuesto ganarle, gota a gota, terreno a la pobreza. 

–¿Dónde comienza esta historia?
–Haciendo segundo de Arquitectura me surgió la oportunidad de viajar a Perú para ayudar a construir un colegio. Era un niñato sin planes vitales y fui por ver cómo era una obra por dentro. Lo que descubrí allí me cambió la vida. Trabajé en las zonas más pobres del país, palpaba la miseria a diario, pero nunca había visto a gente más alegre.

–¿Qué pasó después?
–Los siguientes veranos seguí viajando a países en desarrollo para hacer viviendas, colegios y hospitales. Cuando acabé la carrera me fui a Etiopía para construir el primer quirófano que iba a haber en una región poblada por un millón y medio de personas. La experiencia fue increíble. Descubrí que nada me hacía más feliz que ayudar a quienes menos tienen. En nuestras ciudades también hay pobreza, pero aquello es otra cosa.

–¿Por qué eligió el agua? Seguro que también necesitan educación, infraestructuras, semillas…
–En Etiopía vi que los niños y las mujeres se pasaban el día haciendo largas caminatas para llevar agua a sus familias. También conocí a montones de críos desnutridos que llegaban al hospital con la barriga hinchada de parásitos por beber de charcas contaminadas. Comprendí que el agua es la llave para vencer a la pobreza más extrema. Y me dije: voy a dedicarme a llevarle agua a esa gente.

–¿Se planteó montar una oenegé?
–Con los recortes que hay hoy en las ayudas al desarrollo, el sector charity está girando hacia el modelo de la empresa social. Nosotros no tenemos donantes, tenemos clientes a los que aportamos un bien tangible, nuestra botella, pero hemos convertido el consumo de agua embotellada en una acción social, porque destinamos todos los beneficios a desarrollar proyectos solidarios relacionados con el agua.

–¿Dónde?
–En Haití hemos montado un sistema de recogida de agua de lluvia; en Camboya hemos construido baños para personas con VIH y cinco pozos en colegios remotos; en Benín tenemos otro pozo para un cole con 500 niños; en Camerún hemos rehabilitado una bomba hidráulica para una comunidad de pigmeos; en Uganda hemos instalado tanques de agua en una hospital… Y así hasta ocho proyectos. Siempre buscamos soluciones prácticas y sencillas. Hoy llevamos agua a 8.000 personas y a finales de año serán 10.000.

–¿Cómo se monta una empresa de agua embotellada partiendo de la nada?
–Con mucho esfuerzo, porque no era fácil luchar contra los gigantes de este sector, y menos hacerlo con una empresa sostenible, que es como queríamos que fuera la nuestra. Arrancamos en el 2014 y el año pasado logramos poner en el mercado las primeras botellas de Auara, todas hechas con plástico reciclado y con agua del manantial de Carrizal, en León.

–Se ha convertido en un empresario. ¿Qué fue de aquel arquitecto?
–La arquitectura está aparcada, esto me hace más feliz, pero me cuesta verme como un empresario. Nosotros no vendemos agua, vendemos valores. Aquí lo importante son los proyectos, no nuestros números. 

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