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Enric Lluch Rué: "Estoy orgulloso de ser 'coda', un hijo de padres sordos"

Es intérprete de lengua de signos y reivindica su identidad medio sorda y medio oyente

Enric Lluch Rué: "Estoy orgulloso de ser 'coda', un hijo de padres sordos"

JORDI COTRINA

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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Enric Lluch (Barcelona, 1974) se mueve con naturalidad entre dos culturas, la de la comunidad sorda y la de los oyentes. Vecino del barrio de Gràcia, reivindica su identidad 'coda', que significa hijo de padres sordos en sus siglas en inglés ('children of deaf adult'). 

–¿Cómo se comunicaba con sus padres?

–En lengua de signos y también oral, porque aunque sean sordos ellos también pronuncian, aunque de forma diferente. ¡De niño me reñían en dos lenguas!

–Siempre ha vivido entre dos culturas.

–La comunidad sorda vive inmersa en una cultura más visual y tiene unas habilidades sociales distintas. A causa de cómo les ha ido en la sociedad son desconfiados y también muy directos. Tienen otro idioma, otra cultura, otra manera de ver la vida. ¡Incluso los chistes son diferentes!

–A ver...

–Dos personas sordas van en coche de madrugada a buscar a un tercero, también sordo, para salir. Al llegar al portal de su casa no se acuerdan del piso y empiezan a tocar el claxon: ¡Moc, moooc! Entonces se abren todas las ventanas menos una. ¡Ese es el piso! La gente se troncha, porque es su realidad.

–También es la suya, al menos en parte.

–Yo me siento medio sordo y medio oyente y creo que esto me hace más empático. Durante años la comunidad sorda me ha pedido ayuda para todo tipo de cosas y para gestionar toda esta parte social he montado la Associació Cultural i Social Per la Supressió de Barreres +Acces.

–Esta conciencia de vivir entre dos mundos nos lleva a hablar de la identidad 'coda'.

–Estoy orgulloso de ser 'coda', un hijo de padres sordos. Si tus padres son ciegos no lo llevas como una bandera, pero los 'coda' sí. Es parte de nuestra identidad.

–No siempre lo sintió así.

–La primera vez que oí hablar de una asociación de 'codas' en Estados Unidos fue en el 2005. Entonces me pareció como una secta. No le veía sentido a que la gente se uniera solo porque sus padres fuesen sordos.

–¿Cuándo cambió su visión?

–En el 2015 se celebró la conferencia anual de 'codas' en Londres. Desde una asociación de Estados Unidos con la que tenía contacto me propusieron ir e hicieron una colecta para pagarme los gastos. Aquella experiencia supuso un antes y un después. Éramos 175 personas de 14 países, gente que no teníamos nada que ver pero que compartíamos las mismas vivencias.

–¿Por ejemplo?

–Cosas cotidianas, como estar en la ducha y darte cuenta de que te has olvidado la toalla y tirar una zapatilla por el pasillo para que tu madre se entere. O estar en la charcutería con tu madre y que te pida que le digas al charcutero que le quite esa loncha de queso roñosa que le ha puesto. Y tú, muerto de vergüenza porque los oyentes no son tan directos, traduzcas: «¿Podría quitar la primera capa por favor?». 

Esas vivencias compartidas unen.

–Desde aquel momento me di cuenta de que había gente como yo, que no era un extraterrestre. He tenido una infancia muy feliz y tanto mis hermanos como yo hemos vivido el hecho de que nuestros padres sean sordos con mucha normalidad, pero esto no lo habíamos hablado nunca.

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–Es intérprete de lengua de signos en catalán, en español y en el sistema internacional. ¿Cómo se dice ‘referéndum’?

–Es el mismo signo que el de unas elecciones [hace un gesto como de depositar un voto, como en la foto]. Interpretar a los políticos es difícil porque se repiten mucho. Soberanía, derecho a decidir, independencia, autodeterminación, desconexión... Para todas estas palabras se usa el mismo signo y hay que buscar recursos para que no parezca un discurso repetitivo.