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GENTE CORRIENTE

Cristina Caparrós: «Vivimos de espaldas a nuestra cultura marinera»

Hija y nieta de pescadores de la Barceloneta, trabaja para evitar la extinción de la cultura marinera en el barrio y en la ciudad

Gemma Tramullas

Cristina Caparrós: «Vivimos de espaldas a nuestra cultura marinera»

ÁLVARO MONGE

Las barcas de pesca tradicional que resisten contra viento y marea en Barcelona descargan sus capturas a diario entre el muelle de los Pescadors y el del Rellotge. Cristina es armadora de L’Òstia, la barca de arrastre de los Caparrós, una familia de rancio abolengo marinero. Gestiona las cestas de pescado y marisco fresco de La Platjeta y promueve la asociación Cap a Mar para recuperar y divulgar la cultura marinera en una ciudad que vive de espaldas a su últimos pescadores.

–¿Qué supone ser hija [José Antonio Caparrós fue entrevistado en esta misma sección] y nieta de pescadores? Es un orgullo. Mi abuelo vino de Castell de Ferro, un pueblo de Granada con nombre catalán, y empezó a trabajar a los 12 años en los muelles de la Barceloneta, limpiando pucheros y liando cigarrillos. Me fascina escuchar las historias de la gente vinculada a la pesca.

–¿Usted nunca pensó en hacerse a la mar? Me encantaría, pero ahora que soy madre lo veo complicado a nivel logístico. Es un mundo que implica una relación con la naturaleza muy bonita y a veces muy dura; es muy atractivo y crea adicción.

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–También implica estar ausente del día a día de los hijos. Mi padre trabajaba muchísimo, casi nunca hacía vacaciones y pasaba temporadas pescando en Mallorca. Una día de carnaval volvió de Mallorca a toda máquina solo para verme disfrazada. Ahora mi hijo es el que se pasa horas en el muelle subiéndose a las redes, espantando gatos y observando a los pescadores, como hacía yo.

–¿Cuántas barcas quedan en Barcelona? Hace 20 años había 90 y ahora quedan menos de 30. Estamos en una ciudad que es un puerto pesquero, pero vivimos de espaldas a nuestra cultura marinera. Además de diseño y glamur, Barcelona necesita tradición y autenticidad o perderemos lo que nos hace ser una referencia.

–Recuperar el patrimonio marinero es el objetivo de Cap a Mar. Si no explicamos quiénes somos, de dónde venimos, qué hacemos, cómo lo hacemos y qué cosas nos importan, esta cultura desaparecerá. Los pescadores tienen mucho que decir y si la gente nos conoce valorará más nuestro trabajo y tendrá más ganas de consumir nuestro pescado.

–¿Cómo ve el futuro? Soy optimista, pero vamos un poco tarde y los números no nos acompañan. Hay muy poca gente menor de 30 años dedicada a la pesca y no hay relevo para los que quieren jubilarse.

–Una de las actividades que promueve Cap a Mar es el turismo de pesca. Nosotros lo llamamos Ser pescador por un día. Salir a la mar con la tripulación permite generar ingresos extra para tener un salario digno en los meses malos o durante la veda y sobre todo empoderar a los pescadores para que sientan que la gente tiene interés en escucharles y conocer su oficio. 

–Su familia tiene dos barcas de arrastre. L’Òstia y el Nus, que se llama así porque simboliza la unión de dos familias amigas, que hemos sumado esfuerzos para continuar adelante. Yo vivía en Portugal cuando el pare Manel bautizó el Nus con agua de mar y vine expresamente. También estuve en el primer viaje de L’Òstia que salió de Benicarló. No me lo perdería por nada. 

–Después de dar muchas vueltas se ha instalado en la Barceloneta. Me licencié en Química y estudié el máster y el doctorado en Bélgica, Portugal e Inglaterra. Desde fuera aún fui más consciente de la suerte que he tenido de tener una vida y una familia tan diferentes y al volver quise tener acceso a la identidad marinera de la Barceloneta. Creo que es clave para el barrio y para la ciudad.

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