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GENTE CORRIENTE

José Antonio Ritoré: "En esta oficina lloramos de emoción a menudo"

Este antiguo periodista se dedica a «empoderar a la gente» en la plataforma de activismo ciudadano Change.org.

Juan Fernández

José Antonio Ritoré: "En esta oficina lloramos de emoción a menudo"

DAVID CASTRO

Por su capacidad de denuncia, el periodismo es un innegable instrumento de cambio. Pero a José Antonio Ritoré (Madrid, 1977) se le quedaba pequeño. Tras publicar multitud de entrevistas sobre emprendimiento social, derechos humanos y medio ambiente y trabajar en la obra social de una entidad bancaria, hace dos años recaló en Change.org, primero como asesor de campañas y ahora al frente del equipo, formado en España por solo cinco personas. Nunca tan pocos ayudaron a tantos a conseguir tanto. 

–El suyo es un trabajo difícil de explicar. Me doy cuenta cuando se lo cuento a mis amigos y veo sus caras de sorpresa. Piensan que Change.org es una herramienta digital que funciona de forma automática, que no hay personas detrás. Aquí solo somos cinco, pero nuestra labor es a veces decisiva para que una campaña tenga éxito.

–¿A qué se dedican, realmente? Change.org es la mayor plataforma de peticiones ciudadanas del mundo. Solo en España, cada semana se ponen en marcha unas 600. Aconsejamos a los creadores de las campañas para que tengan el mayor éxito. A veces, ayudándoles a redactar mejor sus peticiones. En ocasiones, asesorándoles para  elegir a quién deben dirigirlas. También les acompañamos en las entregas de firmas y gestionamos su relación con los medios.

–¿De qué depende que una campaña triunfe o se pierda en el olvido? Existe eso que llaman conciencia colectiva. Cuando una petición tiene éxito, siempre hay detrás una historia humana potente y también hay ciudadanos con pasión y ganas que la ponen en marcha. Pero esta plataforma no sería tan eficaz si aquí no hubiera personas arrimando el hombro. 

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–Estamos en una sede luminosa en el centro de Madrid. ¿En qué se parece su día a día al trabajo de una oficina? Lo nuestro se parece más a la redacción de un periódico, cada hora saltan noticias, que son las peticiones que pone en marcha la gente. Es muy emocionante, porque nos implicamos en las historias. Aquí lloramos a menudo de la emoción. Lloramos el día que la familia de Osman, el niño afgano con parálisis cerebral que logró asistencia médica gracias a una campaña, nos mandó un vídeo dándonos las gracias. Y dimos botes de alegría el día que Miguel, un niño de 12 años con una enfermedad neurodegenerativa grave, consiguió un medicamento que mejoraba sus condiciones de vida tras una petición en Change.org. 

–¿Se parece a algo que haya hecho antes? Antes trabajaba en la obra social de un banco, donde también manejaba proyectos interesantes, pero allí trataba con instituciones, aquí con personas. Es emocionante ayudar a la gente a empoderarse y asistir en directo al proceso que lleva a un ciudadano anónimo a iniciar una petición, recabar apoyos, salir en los medios y luchar hasta lograr lo que considera justo. 

–Sus campañas cada vez son más respetadas, dada su repercusión. Algunas entidades les temen. ¿Tienen esa sensación? Notamos que los ciudadanos tienen cada vez más conciencia de todo lo que pueden conseguir con el apoyo de la gente, y que las instituciones han tomado nota. La fragmentación política nos ha ayudado a acercar el poder a la calle. Hoy es fácil conseguir que un diputado se siente con una persona que pone en marcha una campaña. Eso antes no pasaba. Vivimos buenos tiempos para el activismo ciudadano.

–¿Tiene idea de por qué se inclinó por el periodismo social y ahora se dedica a esto? Cuando me lo preguntan, siempre pienso en mi abuelo. En sus últimos años, cuando ya no podía valerse por sí mismo, yo le cuidaba durante los veranos. Era un adolescente, pero aquella experiencia me enseñó a empatizar con las personas que sufren y a rebelarme contra las injusticias.

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