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Gente corriente

Erika Irusta: «La menstruación aún continúa siendo un tabú»

Esta pedagoga imparte cursos y talleres para dignificar la naturaleza cíclica y menstruante de la mujer

Juan Fernández

Erika Irusta: «La menstruación aún continúa siendo un tabú»

Javier Diaz

La mitad de la población mundial vive su naturaleza más íntima a través del dolor, la vergüenza y la ocultación. Una afirmación semejante movería hoy mismo a la actuación a las instituciones internacionales más elevadas, pero a diario las mujeres conllevan sus ciclos menstruales como un engorro, cuando no como un tabú, sin que nadie diga ni haga nada. No será por Erika Irusta (Barakaldo, 1983), que se ha propuesto sacar la menstruación del armario y convertir la condición cíclica de la mujer en un factor determinante para organizar la vida y la sociedad.

–¿Cómo llega una a convertirse en una pedagoga menstrual? Nací en la margen izquierda de Bilbao, crecí en Santurce y a los 23 años me independicé y me marché a Barcelona, donde he vivido siete años. Siempre me ha interesado el funcionamiento del cuerpo femenino. Tras formarme con doulas como acompañante en procesos de parto, empecé a investigar la menstruación, que es una experiencia que las mujeres siempre hemos vivido, y seguimos viviendo, como un problema, aunque forma parte de nuestra naturaleza.

–¿Cuál es el enfoque de su investigación? Soy de las que piensan que la educación sirve para mejorar el mundo. Por eso me hice pedagoga. Desarrollé un programa pedagógico dirigido a cuestionar de forma crítica la manera como nos relacionamos con nuestra naturaleza cíclica. He impartido infinidad de cursos y talleres en Catalunya, España y México, y ahora lo hago a través de mi web, Elcaminorubi. Aparentemente, tenemos un discurso muy moderno sobre la menstruación, pero la forma como vivimos nuestro cuerpo no es sana.

–¿A qué se refiere? Hemos dejado la menstruación en manos de la clínica y la industria de la higiene femenina como si fuera un problema que conviene evitar, cuando en realidad forma parte de nuestra condición humana y animal. Solo nos ofrecen pastillas para disimular sus efectos o inventos para impedir que interrumpa nuestro día a día, cuando lo normal sería adaptar ese día a día a nuestra naturaleza cíclica y menstruante. Este cambio solo puede lograrse a través de la educación y la crítica, poniendo en valor cómo somos, no como otros quisieran que fuéramos.

–En sus cursos y encuentros con mujeres, ¿qué ha detectado? Desinformación y pudor. No intente hablar con una adolescente sobre la regla, porque tratará de evitarlo. Todavía hoy es un tabú, algo negativo que hay que ocultar, y que permanece rodeado de mitos. Uno de ellos es que ha de doler. Esto es completamente falso. Si la menstruación duele es porque algo no está bien. La solución pasa por reclamar al sistema sanitario que investigue las causas, no por atiborrar a las mujeres de analgésicos. Habitar un cuerpo que menstrúa no debería suponer tener menos calidad de vida que otro que no menstrúa.

–¿Qué otros mitos perduran alrededor de la menstruación? El principal, que cuando estás menstruando no eres tú, que eres otra. No, perdona, yo soy yo con todos mis ciclos. La rara no soy yo por tener ciclos hormonales, el raro es el mundo que se ha organizado ignorando mi naturaleza. Hoy sigue habiendo mujeres que sufren menstruaciones muy dolorosas y antes de pasar por la vergüenza de reconocerlo, prefieren disimular e hincharse a nolotiles para seguir siendo productivas en el trabajo. 

–¿No hemos avanzado? Si le muestro un manual de Tampax de los años 60 que anima a las mujeres a impedir que la regla afecte al trato que ofrecen a sus maridos, pensará que sí, pero en realidad no hemos cambiado el patrón mental. La menstruación sigue considerándose un engorro y a la mujer se la sigue viendo desde la óptica bíblica, como una máquina de hacer bebés. Se continúa ignorando nuestra naturaleza cíclica. Los hombres también la tienen, sin embargo de esto no se habla. Lo único lineal que existe es la muerte.  

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