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GENTE CORRIENTE

«Los mejores psicólogos son los otros padres»

Neus López, de Barberà del Vallès, relata el giro que dio su vida cuando a su hijo Pol, de 7 años, le diagnosticaron un tumor

Gemma Tramullas

Cuando un niño enferma de cáncer se despliega, además del protocolo médico, una tupida red de personas que organizan espacios y actividades para que su vida se parezca lo máximo posible a la de cualquier otro niño sano. Neus López describe cuáles han sido sus puntos de apoyo desde que, en junio pasado, a su hijo le diagnosticaran un tumor de cuatro centímetros junto al ojo izquierdo. Hoy, tras siete meses de radio y quimioterapia, Pol [en la foto]  ya vuelve a ir al cole. 

–¿Cómo se le explica el cáncer a un niño de 7 años? Pol es un niño de naturaleza fuerte, solo había tenido alguna otitis y no estaba acostumbrado a estar enfermo. No podía decirle que tenía un tumor, porque no lo hubiera entendido, y como le gustan mucho los animales se me ocurrió contarle que un bicho parecido a una abeja se había colado en su cuerpo y estaba construyendo una casa cada vez más grande. Por eso tenían que darle medicación, para destruir la casa y sacar al bicho.  

–En términos médicos, Pol tenía un rabdomiosarcoma orbital ocularNunca piensas que algo así te pueda pasar a ti. El primer día que pisamos la planta de oncología pediátrica del Hospital Vall d’Hebron se me cayó el alma a los pies viendo a todos aquellos niños llenos de tubos y pelones, como les llaman cariñosamente. «Esto debe de ser un sueño», pensaba.

–¿A qué se aferró aquellos primeros días? En nuestro caso nos ayudó mucho otra familia. Gabriela era una niña de 5 años muy parlanchina que llevaba meses ingresada con un cáncer de fémur. Ella le iba explicando a Pol lo que iban a hacerle, y eso le tranquilizaba. Meses después era Pol quien consolaba a los recién llegados.

–¿Y a usted? ¿Qué la tranquilizaba? Primero tengo que agradecer muchísimo el trato de enfermeras, médicos, celadores y de la trabajadora social de Vall d’Hebron. También estoy muy agradecida por haber podido hablar con la familia de Gabriela. En mi caso, los mejores psicólogos han sido los otros padres.
 
–Pol pudo disfrutar de una sesión de cine y una visita al circuito Barcelona-Catalunya organizados por AECC-Catalunya contra el Càncer. ¿Cómo lo valora? Muy positivamente. Mi hijo estuvo entrando y saliendo del hospital durante siete meses. Sus defensas estaban tan bajas que no podía ir al parque, ni a la playa, ni a la piscina, ni hacer actividades en espacios cerrados con otros niños sin llevar una mascarilla. Poder ir al cine o subirse a un Ferrari en Montmeló fue una alegría. Cuando Pol esté más recuperado quiero ofrecerme como voluntaria para colaborar en las actividades para niños con cáncer.

–Incluso en las situaciones más graves puede haber momentos de diversión. Mi marido y yo hemos tenido la desgracia de tener un niño con cáncer, pero también hemos conocido personas extraordinarias y hemos vivido momentos preciosos. Una de esas personas es Laura, la profesora que le dio clase a Pol mientras no podía ir al cole. Tampoco olvidaré el concierto de Navidad que dieron los compañeros de Pol de la escuela Can Llobeta. Hicieron subir a mi hijo al escenario y todo el público se puso en pie aplaudiendo [se emociona].

–¿Qué es lo primero que pidió hacer Pol cuando terminó el tratamiento? Nada de Disneylandia. ¡Quería ir al cole!

–¿Y usted? ¿Yo? Yo me he pasado las 24 horas del día de los últimos siete meses al lado de mi hijo y tengo a mi madre con un diagnóstico de ELA [esclerosis lateral amiotrófica]. Durante todo este tiempo me he mantenido firme, aguantando, dura como una piedra. Pero el primer día que llevé a Pol al cole tuve que ir a urgencias. Quizá es hora de que pida ayuda para mí... 

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