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En busca del zoo del siglo XXI

En el debate sobre el futuro del parque, muchos ciudadanos piden una reforma antes que el cierre

"No hay que improvisar ni dejarse llevar por el populismo" aconseja un ciudadano al Ayuntamiento

Joan Cañete Bayle

Instalación de los rinocerontes en el Zoo de Barcelona.

Instalación de los rinocerontes en el Zoo de Barcelona. / FERRAN NADEU

En un arrebato de sinceridad, Sergi Torné, biólogo de Barcelona, empieza así su aportación al debate en Entre Todos sobre el futuro del Zoo de Barcelona"Debo admitir que el tema de los parques zoológicos es un debate peliagudo". Y tanto que lo es, como suelen serlo aquellos debates que tratan de animales (en el circo, en el transporte público, en la playa...), ya que las opiniones suelen tender a los extremos, ser alérgicas al gris. Algo así sucede en el grupo de trabajo que ha puesto en marcha el Ayuntamiento de Barcelona para debatir sobre el futuro del Zoo, y el mismo proceso se da en la discusión ciudadana sobre el futuro del parque: en los extremos opuestos de la arena, el Zoo es visto o bien como una horrible cárcel para animales que solo merece ser destruida o bien como un centro de entretenimiento, diversión y algo de educación.

Llevado a los extremos, en el debate entre por un lado los animalistas y por el otro los padres (y abuelos) que disfrutan llevando a los niños al zoo y que no tocarían ni un delfín ni un hipopótamo, el acuerdo se antoja imposible. En medio, destaca un argumento que no se grita con tanta intensidad pero que no por ello deja de tener fuerza: debe haber una forma de adaptar los zoos a las necesidades y exigencias sociales del siglo XXI.

"Reza el dicho ‘muerto el perro, se acabó la rabia’. Así nos referimos a la problemática del zoo; en vez de buscar la vacuna para salvar al perro, preferimos sacrificarlo", resume Sergi Tomé en su carta la postura de los partidarios del cierre del parque. Algo de eso hay. La conversación nace con varios consensos: el modelo de zoo actual, en general, está obsoleto y las instalaciones del parque de Barcelona, en particular, son francamente mejorables tras mucho tiempo de dejadez presupuestaria. A partir de aquí, los partidarios del cierre esgrimen sobre todo argumentos de protección y defensa de los animales.

ANIMALES INFELICES

"Los animales son infelices, no tienen espacio, ni dinero, para que puedan vivir de forma digna", escribe Neus Torrero, empleada de Recursos Humanos de Barcelona; "El zoo, ese magnífico lugar donde puedes ir a ver a tus amigos los animales encarcelados. Ese magnífico lugar donde el egoísmo de una única especie priva de libertad a todas las demás. ¿Qué haría Barcelona sin un lugar tan magnífico?", escribe Jairo Gómez, estudiante de Barcelona.

Jairo añade en su carta"Una Barcelona donde no hubiera una prisión para animales. Una Barcelona que fuera ejemplo en derechos de bienestar animal en frente de toda Europa. Una Barcelona antiespecismo. Una Barcelona que rompiera con las cadenas de la costumbre y dijera al mundo a través de su ejemplo que encarcelar animales bajo cualquier excusa, es una atrocidad y que no quiere seguir participando en esta violación a la vida de los animales".

Como Jairo, muchos de los que escriben a favor del cierre del parque empuñan esta bandera: el zoo es una rémora de un pasado en la que los animales eran tratados de forma denigrante. "Los zoos son cárceles para animales"escribe Elena Villalta, economista de Blanes; "Me parece muy cruel tener animales salvajes enjaulados y lejos de su hábitat natural", opina Francisco Calatayud, comercial de Barcelona; "Cuando era chico me gustaba ir al zoo, pero ahora de grande y con mi criterio formado no lo acepto más. Educo a mis hijos en que los animales ellos necesitan su libertad, disfrutar de su vida en la naturaleza y no separados por cárceles. ¿No os dáis cuenta de su tristeza?", apela a los sentimientos Yair Agama, cocinero de Barcelona.

"ICONO DE BARCELONA"

No, son muchos los que no ven esa tristeza. Al contrario, llevar a los niños al Zoo (es decir, su vertiente lúdico-educativa) es uno de los argumentos que más se usan en la conversación en contra del cierre del parque, al que Natalia Morales, administrativa de Tarragona, llama "icono de Barcelona". "En mi infancia visitaba una vez cada dos años el Zoo; cuando ya he sido padre lo he visitado con mis hijas aunque menos veces, y ahora de abuelo ya he llevado al primer nieto cuando puede entender el conjunto. Me gusta que mis nietos sepan lo que es un elefante", argumenta Armando Higuera.

También hay argumentos de defensa de los animales para mantener abierto el parque. "La gacela Dorcas, extinta en su medio natural en su zona de distribución, las zonas sahelianas de Mauritania, el Sahara y Senegal, fue reintroducida en los años 80 gracias a un grupo de ellas que sobrevivía en el Zoo de Barcelona", informa desde Dakar Eufrasio Fernández, historiador. "El Zoo, además de proteger a animales, los investiga, y gracias a ello tuvimos a Copito de Nieve", recuerda Abundi Solís, jubilada de Sant Vicenç de Montalt. "Claro que hay que mejorar cosas, pero la posibilidad de desplazarte por un recinto sombreado y poder ver una enorme variedad de animales es una experiencia formativa muy interesante", defiende Daniel Roda, médico de Barcelona. 

Un tema peliagudo, pues, para el ayuntamiento, como dice Sergi Tomé. El mejor consejo se lo da al consitorio Ferran Zurc, ingeniero de Barcelona: "No se debe improvisar ni dejarse llevar por pulsiones populistas o políticas. El futuro del zoo debe quedar en manos de profesionales que determinen un plan a largo plazo de sustitución de especies y del diseño de sus futuros espacios vitales". 

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