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LA LACRA MACHISTA

"Un hijo no debe suponer el sacrificio laboral de la madre"

Mireia Grau, abogada autónoma de 48 años, cambió parte de su jornada laboral por vida familiar al nacer su primera hija

MIRIAM GARCÉS / BARCELONA

Dos hándicaps contra los que se ven obligadas a luchar las mujeres en el mundo laboral, especialmente en carreras muy competitivas como es el caso de la abogacía, son tener que compaginar su trabajo con la maternidad y recibir salarios inferiores a los de los hombres. Estas dos realidades las conoce muy bien Mireia Grauabogada autónoma de 48 años, ya que son habituales en su profesión, pero ella tuvo más suerte y tomó una opción que la apartaba del camino que siguen muchas abogadas: se dedicó al mundo de las cooperativas como autónoma. Pese a esto, Mireia también ha visto su carrera laboral afectada por la decisión de tener hijos: “Tardé mucho tiempo en tener hijos porque si te dedicas plenamente a esta profesión no hay tiempo material para cuidarlos”.

Esto le llevó a decidir pasar menos tiempo en el despacho y más en casa. “Antes de ser madre trabajaba muchos días de 8 de la mañana a 8 de la tarde, con una hora para comer. Al tener mi primera hija, pasé a salir a las 4 de la tarde”, explica Mireia. Reducción horaria que, a la par, comporta reducción salarial: “Al final optas por ganar menos y tener más horas libres”. Pero aún fue mayor su sacrificio: “A los siete días de tenerla ya estaba trabajando, sin baja laboral”.

Pese a esto, a Mireia le ha ayudado mucho el hecho de ser autónoma, en lugar de trabajar para un despacho de abogados como es habitual en su profesión. Hecho que comporta, muchas veces, discriminación salarial. “Es habitual que las mujeres ganen menos que sus compañeros abogados cuando trabajan para una empresa”, afirma.

¿Cómo revertir el sacrificio femenino de la conciliación laboral-familiar? Mireia lo tiene claro: “Debería haber tantas bajas por maternidad como por paternidad, para que no sea la mujer la única que debe abandonar temporalmente su trabajo para el cuidado de los hijos”. Además de tratarse de un problema de horarios. “Se necesitan horarios más racionales, más europeos. Que seas médico o abogado, permitan a ambos padres conciliar la vida laboral y familiar”, añade.

EJEMPLO DE INTEGRACIÓN

Pese a los problemas que pueden encontrar las mujeres en el mundo laboral, Mireia agradece que, al contrario, su caso sea positivo. Incluso un ejemplo a seguir: “Ser asesora de cooperativas agrícolas me obliga a estar en contacto diario con hombres, y nunca me he sentido discriminada o infravalorada por ellos”. De hecho, en su pequeño despacho, el resto de trabajadores son varones, y nunca ha encontrado problema en el trato con ellos. “En el mundo de la abogacía cada vez es más frecuente ver mujeres, y por suerte hemos pasado a estar bien consideradas”, concluye.

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