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EL RADAR

Investidura con chanclas

La sesión de la próxima semana en el Congreso llega entre el desinterés de parte de la ciudadanía

Entre líneas rojas, tacticismo, tancredismo y cainismo, capaces son de hacer votar el 25-D

Joan Cañete Bayle

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera i Pablo Iglesias, uns minuts abans de començar El debate a 4 que va emetre Antena 3. 

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera i Pablo Iglesias, uns minuts abans de començar El debate a 4 que va emetre Antena 3.  / JOSE LUIS ROCA

Nadie le podrá decir a la políticos españoles que no son coherentes: a celebrar la sesión de investidura de un presidente del Gobierno un 30 de agosto solo le puede superar convocar unas elecciones en Navidad. Aún no es seguro que vaya a votarse el 25 de diciembre (si así sucede, las imágenes de costumbrismo que deparará la "fiesta de la democracia" mezclada con la fiesta navideña prometen ser inolvidables, por decir algo), pero lo que sí parece inamovible es que la primera sesión de investidura de Mariano Rajoy, la del próximo martes, se saldará con un no al presidente del Gobierno en funciones.

Tal vez sea este desenlace cantado, o quizá sea el hecho de que entre todos han logrado acabar con la paciencia del personal a base de aburrirlo, pero lo cierto es que no se detecta en la conversación pública demasiado entusiasmo ante la inminente sesión parlamentaria agosteña. Es esta una investidura con chanclas, colocada en los que en términos de actividad social son los dos últimos días del verano, como si de esta forma se quisiera recordar a los ciudadanos que tras el periodo de relajación estival la cruda realidad de septiembre asoma. Y sí, ya estamos en septiembre del 2016 y España sigue sin Gobierno. Y ni se le espera.

"La extravagancia de los políticos que ansían gobernar España está por encima de la excentricidad de la vida -escribe Gabriel Moreno, de Santa Coloma de Gramenet-. La pasión con la que viven por tomar la vara de mando los ciega de tal manera que parecen extraterrestres venidos de otros planetas con la sana intención de destruir la política. Y tengo que decir que lo habéis conseguido, me rindo, no entiendo esta política de lunáticos aquí en la tierra".

No es el Gabriel el único que opta por el humor, más o menos negro, más o menos cáustico, para sobrellevar la situación política. Escribe Santiago Aragón, de Elche: "Encontrar un vino que maridara bien con el menú no era fácil. La carta era amplia y por eliminación nos quedamos con cuatro candidatos: un Riojoy, un Ribera, un Pedro Ximénez y un Iglesias del Condado de Huelva. Nos dieron a probar los cuatro. El Riojoy tenía el corcho corrupto y el caldo estaba en mal estado. Al Ribera le faltaba tiempo en botella. El Pedro Ximénez estaba mejor en nariz que en boca y el Iglesias tenía el tanino agresivo y rascaba un poco al pasar por la garganta. Como no queríamos pasar por el trance de una nueva elección, nos decantamos por cerveza para todos". Cerveza para todos, después de décadas de café para todos, sin duda es una idea que vertebraría España.

Junto a los que se refugian al humor, hay quienes están enfadados, hispánicamente cabreados. "Los ciudadanos ya hemos hecho nuestro trabajo en dos ocasiones, no nos pidan una tercera. (...) En caso de llegar a unas terceras elecciones, situación que creo que no tendrán vergüenza de provocar, nos están exigiendo modificar nuestro voto. ¿A razón de qué? Hemos dado nuestra opinión en dos elecciones, por lo que su obligación y trabajo es llegar a un acuerdo", escribe Carlos Martínez, de Barcelona, para exigir que se deje gobernar a quien "afortunada o desgraciadamente ha ganado en dos ocasiones". O sea: a Rajoy.

Y con la misma santa indignación, Francisco Jiménez López, de Sant Julià de Vilatorta y militante socialista, escribe (quién sabe si pensando en ese Felipe González al que cita): "Soy votante del partido socialista desde las primeras elecciones. Cuando llegó Felipe González al gobierno me hice militante. No quisiera que mi voto sirviera para hacer a Rajoy presidente, ni a nadie del PP. Si así fuera, dejaria de ser militante instantaneamente".

Y así, entre líneas rojas, tacticismo, tancredismo, cainismo y otros ismos, dimes y diretes, se ha llegado a esta investidura en chanclas y capaces son de llevarnos a votar el 25 de diciembre. Y ese día, turrón y cava para todos. Y desafección.

Temas: Investidura

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