EL RADAR
Cuando los padres odian los deberes más que los hijos
El debate sobre las tareas escolares tarde o temprano acaba derivando en la quimérica conciliación de vida laboral y familiar de sus padres
Compaginar largas jornadas laborales con la instrucción de los hijos es, si no imposible, sí agotador para ambas partes
Un grupo de alumnos de primaria, en el aula de un colegio de Barcelona. /
Hay algo paradójico en el hecho de que, después de que los partidos políticos no hicieran los deberes que los electores les pusieron el 20-D (alcanzar un pacto y gobernar), sean las tareas escolares el primer gran tema de debate en la recta final de esta larga campaña electoral de seis meses. Ante un auditorio formado por niños que de natural tienen inclinación a aborrecer la misma idea de los deberes (¿populismo?), Pablo Iglesias propuso eliminar (se supone que por ley) los deberes en Primaria. Una idea que sin duda resultará muy popular en el electorado, pues si bien los niños de Primaria y Secundaria no votan, sus padres, sí. Y en la conversación pública, solo hay un colectivo que en general odie más los deberes que los niños: sus padres.
“Hipotecar a los padres con deberes no es implicarlos” (David Uriach, Gualba); “Como madre de un niño de 14 años estudiante de 3º de ESO me siento frustrada ante la cantidad de deberes que tiene que hacer en casa. Este hecho muestra cada vez más el fracaso escolar en los colegios e institutos de Catalunya, ya que los niños apenas tienen tiempo de poder hacer una actividad extraescolar y se estresan ante la gran cantidad de tiempo que deben emplear para realizar los deberes” (Yolanda Berenguer, Barcelona); “Considero que nuestros niños ya pasan prácticamente una jornada laboral en el cole para que luego tengan que seguir trabajando en casa. Se necesita una desconexión para que al día siguiente puedan estar frescos y continuar con la tarea diaria” (Patricia Pereira, Barcelona).
Muchas veces se demoniza a los deberes para protestar contra la imposible conciliación
El colectivo de padres contra los deberes argumenta que la OCDE dice que es “ineficaz” dedicar más de cuatro hora semanales a los deberes, y que España es el quinto país desarrollado con una media más alta de horas dedicadas pero sigue en los puestos de cola del informe PISA. Pero hay otros motivos más prácticos en la oposición a los deberes: no hay tiempo para ayudar a los niños a hacerlos. Los debates sobre los deberes, y en general sobre la implicación de los padres en la educación de sus hijos, tarde o temprano acaban derivando en la quimérica conciliación: compaginar largas jornadas laborales con la instrucción de los hijos es, si no imposible, sí agotador para ambas partes. Porque si el horario de los padres es extenuante, el de muchos niños no lo es menos: ocho horas de jornada escolar (comida incluida) más extraescolares porque los mayores están trabajando pueden dar lugar a diez horas, que después se alargan en casa con los deberes.
ABUELOS, PADRES, HIJOS
El debate también es un reflejo del cambio social respecto la educación. Los abuelos de los actuales niños en general pocos deberes podían hacer en casa con sus hijos porque no entendían las tareas con las que llegaban del colegio. Cuando se han convertido en padres, estos niños se encuentran con nuevos roles familiares y educativos y otras formas de integración entre el aula y el hogar. Así, ya desde la guardería las tareas para hacer de forma conjunta con los hijos son frecuentes, y a medida que Primaria avanza y se entra en Secundaria, si la escuela elegida tiene un proyecto que incluye deberes, parte del escaso tiempo libre de la familia se dedica a las tareas educativas. En este sentido, la alternativa que Iglesias propone a los deberes (otros tipos de enseñanzas, deporte, música, voluntariado en asociaciones...) choca con el mismo problema: la falta de tiempo de los padres.
Si España está a la cola de los países desarrollados en educación, tal vez sea más que por os deberes por la sucesión de leyes educativas
Pedagógicamente, los deberes tienen efectos beneficiosos, al margen del refuerzo: crean rutinas, fomentan la responsabilidad, y si se hacen con la supervisión de los padres, implican a la familia entera en la educación. Hay también argumentos pedagógicos en contra. Pero en muchas ocasiones el debate no es educativo. No se habla de lo que necesitan los niños, sino de qué es lo mejor para la familia. Muchas veces se demoniza a los deberes para protestar contra la imposible conciliación. Porque igual hay otros motivos, además del exceso de deberes, que explican que España esté a la cola del informe PISA. Por ejemplo, que haya habido siete leyes de educación desde 1970, tres de ellas en 15 años. Y, con tareas escolares o no, parece claro que en la próxima legislatura habrá otra. No solo padres y alumnos deben hacer sus deberes.
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