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EL RADAR

De tan buenos, tontos

Una carta de denuncia contra los que su cuelan en el metro recibe centenares de adhesiones

Es injusto y peligroso por parte de las administraciones permitir que la mayoría de la gente que paga el billete sienta que hacerlo es de idiotas

Joan Cañete Bayle

Una joven aprovecha la apertura de puertas para colarse en la parada de metro de Universitat.

Una joven aprovecha la apertura de puertas para colarse en la parada de metro de Universitat. / SERGIO LAINZ

“Estoy harta de que la gente se cuele conmigo en el metro y nadie haga nada", se desahogó Berta Rodríguez, estudiante, en una carta que envió a Entre Todos y que prendió de inmediato en las redes sociales. Se refería Berta a los que ella llama “coli-coli”, aquellos  “listos” que “se hacen los distraídos y cuando vas a pasar se ponen detrás de la persona que ha pasado la tarjeta y pasan al mismo tiempo que esta”. Sí, Berta está harta de pagar su billete y de que otros se aprovechen de ello --“Me siento como una idiota cuando compro mi T-Jove cada tres meses”-- y también de que la autoridad, a su juicio, no haga nada para evitarlo: “Esta situación se repite casi cada vez que utilizo el metro y también a veces cuando voy en tren. Cuando intento quejarme y protesto ante quienes se cuelan, o me insultan o bien hacen oídos sordos. El vigilante de estación que en teoría tendría que evitar estas situaciones o bien está hablando con alguna persona o bien se encuentra en el interior de la cabina haciendo quién sabe qué”, denuncia.

Berta no está sola ni en la denuncia ni en el hartazgo. Según desveló la oposición municipal en septiembre del año pasado, informes internos del Ayuntamiento de Barcelona estiman que el fraude en el metro supuso en el 2014 el 4% de los viajeros (313.000 viajeros a la semana) y en el bus, el 2,9% (19.000 viajeros). La cifra es un descenso desde el 6,6% del 2009 y supone pérdidas para TMB de 13 millones de euros. Eso sí, el hartazgo y el cabreo de los usuarios que sí pagan no tiene precio, y no compran la idea de que quienes se cuelan es porque no tienen dinero para pagarse el billete (las cifras no son concluyentes al respecto, ya que detectan más colones en las líneas que pasan por zonas de menor renta pero también un aumento de impagos los sábados por la noche). “Una vez intenté evitar que se colara conmigo uno”, escribe Juan Matarredona, comercial, que añade: “Cuando bajé al andén había guardia de seguridad hablando con unas personas y le señalé al individuo que se había colado. Me respondió: ‘Ahora no puedo hacer nada’. El que se coló me gritó dentro del metro llamándome la atención de por qué me metía con él”.

MUCHAS DENUNCIAS

Recibimos muchas más denuncias.  Por ejemplo, la de Ana Jiménez, estudiante: “Cada semana hago aproximadamente 20 viajes en metro . Pues bien, en la mitad de los casos alguien se cuela cuando paso por la puerta (…) ¿Qué podemos hacer ante una ilegalidad que se ha convertido el sistema? ¿Debemos ser los propios ciudadanos quienes buscamos una solución? ¿Cómo? ¿No debería ser el Ayuntamiento quien arreglara esta situación? Bastante caro es el transporte público como para que, encima, vea como cada día la gente se salte la norma y quede impune”.

O la de Pol Amat, autónomo: “La dejadez de ADIF y Renfe es para hacérselo mirar. En una estación como Premià, nueva, con un diseño horroroso y con un presupuesto altísimo, no para de entrar gente sin pagar. Ni el taquillero ni nadie hace nada, todo el mundo mira al otro lado y los impagos van creciendo día a día”.

O la Yaiza Torres, dependienta: “Estoy harta de escuchar eso de que "esta estación está vigilada por cámaras de videovigilancia". Igual que estoy harta de ver vigilantes sentados enfrente de su ordenador como si nada. ¿Qué estarán mirando? Porque mientras ellos están tan alucinados mirando la pantalla, dos personas han saltado los tornos y otras cuatro están armando jaleo en el andén sin que nadie les diga nada”.

INJUSTO Y PELIGROSO

Un rasgo en común de las denuncias de estos ciudadanos hartos es su queja de que nadie (en referencia a la autoridad) los escucha, que están solos y que a fuerza de ser buenos, lo que en realidad son es tontos. Esta sensación va más allá del metro. La encontramos, por ejemplo,  en el debate de los manteros (“Señora alcaldesa, yo pago mis impuestos municipales y estatales rigurosamente, doy trabajo a dos personas y costeo su  seguridad social, pago el alquiler del local, agua, luz y todo cuanto ustedes quieren cobrarme y a cambio ¿qué recibo?”, escribió José Luis Posa, comerciante) o en el de los papeles de Panamá (“Tratan a la gente de tonta, necia, pazguata”, Jordi Martín, diseñador gráfico). Es la misma sensación que tienen los padres de niños con buenas notas cuando denuncian que los recursos, el tiempo y los esfuerzos se dedican a no dejar atrás a alumnos conflictivos y no a impulsar a los que cumplen y prometen, o la que embarga a aquellos que han pagado la reformas del baño con IVA cuando escuchan a una abogada del Estado decir que “el lema Hacienda somos todos es solo publicidad".

Hay muchas realidades, urgencias, situaciones y problemáticas sociales que sin duda son de difícil solución y que merecen atención y recursos. Pero es injusto y peligroso por parte de las administraciones permitir que la mayoría de la gente que paga el billete del metro, por decir algo, sienta que hacerlo es de tontos. Porque a nadie le gusta que lo traten como un tonto, así que tarde o temprano o dejarán de pagar o buscarán otras soluciones.

Temas: El Radar

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