Ir a contenido

EL BILINGÜISMO EN CATALUNYA

Catalán y castellano: El debate bífido

Plantear el asunto de la oficialidad del castellano y el catalán en los términos del manifiesto Koiné es considerado por muchos ciudadanos como excluyente y divisivo

Joan Cañete Bayle

Un cartel rotulado en diferentes idiomas, en el centro de Barcelona.

Un cartel rotulado en diferentes idiomas, en el centro de Barcelona. / JULIO CARBÓ

Hay una afirmación en el manifiesto del Grupo Koiné 'Per un veritable procés de normalització lingüística a la Catalunya independent' que no solo es difícil de rebatir sino que en la conversación pública puede alcanzar algo parecido a un consenso. Es aquel pasaje en el que se afirma que “tal vez el problema más importante de la nueva República” catalana que nacería si Catalunya se independiza de España sería “el lingüístico, porque afecta a la base misma de la cohesión social”. No es necesario ni desear la independencia de Catalunya ni que esta se produzca para estar de acuerdo en que la convivencia de los idiomas oficiales en la Catalunya de hoy, el catalán y el castellano, es “la base misma de la cohesión social”. Por esta razón, el manifiesto de los más de 270 lingüistas, filólogos, traductores y escritores en el que se exige que el catalán sea la única lengua oficial en una hipotética república independiente ha sido recibido por muchos –castellanohablantes y catalanohablantes, partidarios y opuestos de la independencia, políticos, académicos y ciudadanos— con una mezcla de sensaciones (estupor, indignación, incomodidad, rechazo) y una idea que sobresale sobre el resto: cargar contra el bilingüismo, exigir un nuevo país donde solo sea oficial el catalán y considerar a la población “llegada de territorios castellanohablantes” como un “instrumento involuntario de colonización lingüística" es reabrir un melón no solo para muchos superado (Junts pel Sí defendió en la última campaña electoral la co-oficialidad de los dos idiomas) sino incendiario.

Y es que, como hemos constatado en el espacio Entre Todos de EL PERIÓDICO en la agitada conversación que hemos mantenido con los ciudadanos al respecto, el del catalán y el castellano y su convivencia en la calle, la administración y la ley es un debate bífido, serpentino, divisivo, proclive a tocar fibras tan sensibles como la identidad y la relación de fuerzas entre el individuo y la colectividad, el ciudadano y la nación. Para algunos, los que apoyan el manifiesto, es sin embargo un debate necesario y urgente. Para otros, un asunto superado y un ejemplo del esencialismo que existe de forma más o menos velada en el seno del movimiento independentista a pesar de su vocación transversal. En cualquier caso, el de los idiomas es un tema potencialmente nocivo para la convivencia si se plantea en términos excluyentes, que es una de las principales críticas al manifiesto.

Xavi Ventalló

BARCELONA

"Olvidemos cómo se ha implantado el castellano; es una realidad social y no debemos darle la espalda"

EL ARGUMENTO IDENTITARIO

Se esgrimen dos grandes argumentos a favor del manifiesto y de la oficialidad única del catalán. El primero es el identitario. “El catalán es el idioma de Catalunya. El castellano no lo es. Por tanto, el idioma oficial debe ser el catalán”, escribe Jordi Martí, jubilado de Barcelona. ¿Para qué embarcarse en la independencia de Catalunya si no es para proteger y promover la lengua propia de los catalanes? es una pregunta que surge de forma natural entre quienes sustentan esta idea. A este argumento se le opone con igual vigor la idea esencialista contraria. Se afirma o bien que “el castellano es tan propio de Catalunya como el catalán” (Miquel Pla, administrativo de Barcelona) o bien que Catalunya es España y que en España se habla castellano y punto, con mayor o menor tolerancia a otros idiomas co-oficiales. Es en estos términos en los que el debate es más explosivo y vuelan de un lado a otro las citas a Franco. “¿Se imaginan en una hipotética Catalunya independiente el castellano prohibido y relegado al hogar y las relaciones privadas? ¿Cuánto tardaría en surgir un movimiento nacionalista en defensa del castellano y los derechos de los castellanohablantes?”, se pregunta Rafael Soriano, operario de máquina de Mataró, que añade: “No hay nada que motive más para la defensa de tu lengua que el hecho de que te la prohíban. Los catalanes deberíamos saber esto”.

El segundo argumento de los que se posicionan a favor del manifiesto es el diagnóstico de un catalán minorizado subordinado a un castellano dominante. “Si desde las escuelas no se hubiera hecho el trabajo que se ha hecho durante los últimos años, el catalán ya no existiría” recuerda Rosa Pasquina, empleada de banca de Salou. “Cualquier lingüista con datos en la mano estará de acuerdo con el diagnóstico que hace el manifiesto sobre la situación de la lengua catalana. Por una serie de circunstancias, el bilingüismo en Catalunya --producto de la imposición política primero, y de la inmigración y otro tipo de imposición política después-- se traduce en una minorización y dialectalización del catalán. Negar esta realidad es lo que indigna a los firmantes del manifiesto, que saben que si no se reconoce el problema no se podrá solucionar”, escribe Sílvia Xicola, profesora residente en Oxford, que sin embargo añade: “Ahora bien, hecho el diagnóstico, sería bueno encontrar una solución que reconociera y satisficiera a todos. Y aquí es donde siento decir que el manifiesto yerra”.

José María Bozzo

BARCELONA

"Catalunya debe tener un idioma oficial, el catalán. Otra cosa es que se hable castellano, inglés..."

¿Por qué yerra a ojos de muchos? Porque la convivencia entre ambos idiomas es considerada como ejemplar por amplias capas de la sociedad catalana (“Recuerdo una reunión de amigos hace años. Se hablaba el catalán y el castellano indistintamente y todos nos entendíamos. Una alemana que estaba allí me dijo: ‘Es sorprendente la rapidez con la que cambiáis de idioma y seguís hablando y os entendéis’.  ‘Estamos acostumbrados’, le contesté. Dos idiomas: ningún problema en Catalunya”. Albert Casado, contable de Barcelona). Porque un 55,14% de los catalanes tienen el castellano como lengua inicial (el 31,02%, el catalán) y un 50,73% como lengua de uso habitual (36,29%, utiliza habitualmente el catalán), según la última encuesta de usos lingüísticos de la Generalitat con datos del 2013 (“Creo que los impulsores del manifiesto se equivocan, no es bueno restar. Olvidémonos de cómo se ha ido implantando el castellano en Catalunya, hoy es una realidad y no deberíamos dar la espalda a esta realidad. Además, existe la posibilidad de que algunos de los recién llegados al independentismo puedan echarse atrás”. Xavi Ventalló, técnico de artes gráficas de Barcelona). Porque para muchos el bilingüismo no es una imposición, sino una cuestión de “libertad” (Manuel Sánchez, funcionario de Barberà del Vallès) y de ”riqueza personal y social” (Carmen Cabré, médica de Tarragona). Porque la política debe reflejar la realidad de la calle (“Debemos tener dos lenguas oficiales, catalán y castellano, pues son las dos lenguas que hablamos la mayoría de ciudadanos de esta tierra”. Josep Muzas, comercial de Badalona).

"NO QUIERO ELEGIR"

Esta, la co-oficialidad, es una preferencia transversal de muchos catalanes. En la conversación pública, los argumentos puramente sociolingüísticos de los firmantes del manifiesto quedan sepultados por su referencia a los “colonos lingüísticos” y su idea de una única lengua de Estado. Algunos independentistas lamentan en las opiniones que nos han hecho llegar que el manifiesto le hace un flaco favor al proceso soberanista, que en aras de ampliar su base social ha intentado huir de esencialismos y de la identidad y ha buscado apelar a los castellanohablantes para ampliar su base social. Numerosos contrarios a la independencia ven en el manifiesto la confirmación de la intransigencia del independentismo (“Como catalán me da rabia hasta donde hemos llegado, pero lloro por lo que ha de llegar...”, escribe  Xavi Bosch, trabajador de artes gráficas de Barcelona). “Si es posible, preferiría que no hubiera que elegir. Porque como sucede a muchos de los nacidos en Catalunya, la madre es de un sitio y el padre del otro”, escribe Josep Muzas. Lluïsa Llanos, pensionista de Llinars del Vallès, zanja así el debate: “Quiero a Catalunya Independiente, y conservar el catalán y el español”. Lo dicho: la convivencia de los idiomas es la base misma de la cohesión social

Si quieres debatir sobre este tema, puedes enviar una carta a Entre Todos