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Tricicle: Humor sin palabras 2.0

INMA SANTOS HERRERA

Debaten sobre el reestreno de la obra Bits, de teatro y de nuevas tecnologías/redes sociales. / RICARD FADRIQUE

Se abre el telón. Sobre el escenario del Poliorama, Paco Mir, Joan Gràcia y Carles Sans preguntan dónde sentarse. Ellos, en el centro. A un lado y a otro, entre bromas y charla distendida, se colocan los invitados, cinco amantes del teatro, cinco fans del Tricicle: Núria Ollé, Iu Ruiz, Mercè Peiró, Ricardo Garcés y Laura Cugat. Empieza la función. Y de pronto, se hace el silencio. Es el efecto Tricicle: sobran las palabras.

Ricardo Garcés, pensionista de 48 años de L'Hospitalet de Llobregat, lo conoce bien. «Me enamoré de ellos  la primera vez que los vi, en Manicomic, a principios de los 80. Fui con el colegio al teatro. Nadie sabía quién o qué era el Tricicle. Recuerdo que aquello era un gallinero, niños de 14 años en ebullición, y de repente, un hombre apareció en el escenario con un patinete. Nadie entendía qué pasaba pero todos callamos y nos quedamos boquiabiertos». Es solo una anécdota, una entre las de miles de fans para explicar el éxito de un Tricicle que pedalea sin parar desde hace 36 años. Ricardo no se ha perdido ni uno de sus espectáculos, en directo y en deuvedé, confiesa: Manicomic (1982), Exit (1984), Slastic (1986), Terrific (1992), Entretres (1996), Sit (2002), Garrick (2007), la recopilación de gags Tricicle 20 (1999) y, por supuesto, Bits.

«Los que habéis visto Bits, tenéis que volverla a ver porque parece otra», los anima a coro un Tricicle que tras una larga gira que suma 380.000 espectadores y 600 funciones, regresa al Poliorama (del 6 de noviembre al 31 de enero) con la promesa de una versión revisada de su último espectáculo, con nuevas Apps -léase sketches, en lenguaje analógico- de su particular retrato en clave de humor de la sociedad de la información. Una creación sobre tecnología pero construida con el lenguaje tradicional del humor sin palabras.

Digitales muy analógicos

«Nosotros no somos supertecnológicos», confiesa Paco Mir.  ¿Por qué entonces un espectáculo con internet, las redes sociales y el mundo digital como telón de fondo? «Porque es un cajón en el que caben muchas cosas, que enlaza con lo cotidiano y nos iba bien como hilo conductor, pero también porque es un mensaje: ya que la gente se queda en casa con las nuevas tecnologías, hablemos de estas, a ver si así vienen al teatro», justifica Joan Gràcia.

Mercè Peiró, administrativa de 54 años y de Santpedor, coge al vuelo esta reivindicación. Ella, como Ricardo, sigue al trío catalán desde que echó a rodar en 1979, pero da fe de que sus espectáculos conservan la esencia y la forma, su sello de identidad. Ha llovido mucho desde entonces en la comunicación, dice, solo hay que ver cómo han evolucionado los medios  (prensa, radio y tele) y el papel de las redes sociales. «¿Ha afectado todo esto a la manera de hacer promoción y difusión de vuestros espectáculos?», pregunta. «Antes dependías de la crítica de los diarios; ahora, la crítica está en las redes sociales, en un tuit de alguien conocido o en el comentario de los blogueros. La crítica se ha diluido precisamente porque se ha globalizado», explica Carles Sans. «Tal vez las redes sociales os traerían público joven», insiste Mercè.

También Iu Ruiz, licenciado de Psicología, de 27 años y afincado en Barcelona, ve otro filón por explotar. «Por el tipo de espectáculo ¿por qué no habéis probado a haceros youtubers? Sería ideal, sobre todo, para enganchar a gente joven», sugiere. Pero a Tricicle les falta tiempo y ganas para explorar ese territorio.

Recortes de vida

El público, que por una vez ocupa el escenario, está entregado. «En Bits recuperáis gags y personajes de los primeros espectáculos. Me parece fascinante que no queden desfasados», apunta Laura Cugat, de 19 años y estudiante de Periodismo y Humanidades en Barcelona. ¿Desfasados? «Nuestros gags son recortes de la vida cotidiana que llevamos a nuestro mundo y con los que hacemos humor. Interpretamos cosas que le pasan al ser humano de hoy y de siempre, en Barcelona y en Pekín», dice Gràcia.

Núria Ollé (25 años, de Sabadell, trabaja en el departamento de Comunicación de una empresa de belleza) asiente. Hace teatro amateur y confiesa haber sufrido en sus carnes la dificultad de poner en escena cualquier gag de Tricicle. «Lo más complicado es no ya imitar vuestras expresiones y gestos sino transmitir al público lo que sentís y cómo lo sentís», dice. Por supuesto, las cosas no son lo que parecen. «Hacemos un tipo de teatro que parece fácil pero no lo es. No hacemos gimnasia gestual, te has de creer lo que estás haciendo y sentirlo», apunta Mir.

Y es que en esta sociedad de la información en la que se impone el vivir conectados y donde todo queda viejo de un día para otro, ellos han demostrado que se puede sobrevivir y con éxito a esa vorágine, explotando el lado más humano y la espontaneidad. «Los niños son espontáneos y no hemos dejado de pensar como niños», explica Gràcia entre risas de los asistentes.

Otra cosa es la supervivencia del teatro en general, dado su precario estado de salud. Aquí las risas se diluyen, las bromas se desvanecen y el gesto de Tricicle, por primera y única vez en todo este encuentro, se endurece. «Hay tres tipos de teatro: el teatro público en el que unos cuantos gastan un dinero que no es de ellos y no se preocupan de si tienen o no asistencia; un teatro alternativo donde los que actúan lo hacen por amor al arte porque no ganan dinero, y un teatro comercial de gente que quiere vivir de esto, ayudados o no por subvenciones y castrados totalmente por el 21% de IVA cultural. Las salas medianas tienen problemas para sobrevivir. Y si esto no se arregla, en dos años se acaba», resume Mir.  «¿Y  cuál és la solución?»,pregunta Laura. «Bajar el IVA y equilibrar lo público y lo privado. Y no me refiero a subvenciones, es más una cuestión de competencia desleal en programación  y precios», zanja Gràcia.

Núria es fan del sketch del pastor del espectáculo Sit; Mercè se rinde a la ternura de personajes como Dafne, Mildred y Estela, de Exit; Ricardo no olvidará jamás el patinete saliendo de detrás del telón en Manicomic; Iu y Laura se siguen riendo con el sketch del tenis de Slastic; y en la memoria de todos está el Soy un truhán, soy un señor, con el que se dieron a conocer en el Un, Dos, Tres de TVE. Pero, y el Tricicle, ¿con cuál se queda? «Con las cosas sencillas, cortas y efectivas, mínimo esfuerzo y máximo rendimiento, como el gag del cásting que hacemos al final de Bits», dice Gràcia. Sin palabras.