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ASALARIADOS

Con el eje social partido

Ante quienes reducen el independentismo a las políticas de Mas, la idea de que empezar de cero en Catalunya es más fácil que en España seduce a muchos

JOAN CAÑETE BAYLE

¿Cómo es posible que ciudadanos que han sufrido los recortes del Govern de Artur Mas vayan a votar 'sí' el 27-S? ¿Cómo se explica que asalariados, miembros de la clase obrera (si es que puede llamarse así), vayan a contribuir a que el número 4 de Junts pel Sí vuelva a ser investido presidente? Con algunas variaciones, este es uno de los argumentos de la conversación política del 27-S, un argumento que suma los votos de Junts pel Sí y la CUP (pese a que esta última apuesta por conjugar lucha obrera soberanismo, una idea muy alejada del corte liberal de esta CDC) y que busca abrir una falla en la transversalidad del movimiento soberanista, centrada en la figura de Mas, por mucho que se agazape tras Romevas, Forcadells y Casals. "¿El eje social o el eje nacional? Es difícil, tienes que conjugarlo todo, pero no negaré que con el carácter plebiscitario que ha acabado teniendo el 27-S votaré pensando más en el eje nacional", se explica Óscar Monteagudooperario de automoción en la planta de Nissan de la Zona Franca. "Debería haber una prioridad, que es que cómo vamos a recuperar los trabajadores el poder adquisitivo y los derechos perdidos, cómo salvaremos los efectos de la crisis", opina por el contrario Xavier Boschoperario de impresión digital de Barcelona. El eje social o el eje nacional, he ahí el dilema de los trabajadores, muchos de los cuales serán inesperados votantes de Mas este 27-S.

EL 'NO' DEL PP

No es que Óscar, por ejemplo, tenga un discurso muy liberal, precisamente: "He tenido la suerte de mantener el trabajo durante el periodo de crisis, con recortes de sueldo, eso sí, y he visto en mi entorno laboral barbaridades que antes no se veían, como el despido libre y la contratación barata producto de una reforma laboral que no genera empleo sino que lo destruye. He visto cosas muy desagradables con el visto bueno por parte de la administración y sin escrúpulos por parte de empresarios". Para él, la cuestión es que la negativa del Gobierno central a permitir un referéndum ha obligado a plantear el 27-S en estos términos plebiscitarios: "Las necesidades de la ciudadanía son prioritarias, pero estamos en un punto en que tenemos que decidir en el tema nacional".

SENTIDO DE PAÍS

"No se puede separar política y los temas sociales, culturales y el orgullo y sentido de país", apunta Eduard Illa, operario químico en una fábrica de productos farmacéuticos, que añade: "Por culpa más de unos que de otros hemos llegado a un punto en que la solución es la independencia. Igual años atrás había otra, pero ahora no".

La solución ¿a qué? Xavier coincide en el diagnóstico de los efectos de la crisis y de la necesidad de cambios, pero discrepa en la salida: "Es mentira que todo lo que haga España esté mal hecho, tenemos los mismos problemas en Catalunya que en Valencia y Madrid. Los problemas sociales no son la base del independentismo, sino la historia y la identidad cultural. Pero estamos en el siglo XXI, no en el romanticismo del siglo XIX, y a los retos del siglo XXI no se les puede responder con la simpleza de los argumentos del siglo XIX".

Choca Xavier, y quienes defienden esta argumentación en estas elecciones, con la innegable fuerza que tiene la idea de empezar de cero en Catalunya para construir un sistema nuevo, un proceso constituyente que argumentan los soberanistas que pasa por la independencia de Catalunya entre otros motivos porque las perspectivas de éxito a nivel español les parecen muy escasas. En palabras de Eduard: "El cambio es más fácil con el 'sí'. El Estado español tiene muchas inercias. Lo que tenemos a favor en Catalunya es que podemos construir un Estado desde cero. Y hay ejemplos que funcionan. Se puede coger lo mejor de todas partes. No lo haremos mejor por el hecho de ser catalanes, sino porque podremos pensarnos bien lo que queremos hacer desde cero. España se tiene que refundar, la casta existe, y la estructura de España funciona mal. Desde Catalunya se ha intentado cambiar durante tiempo y no nos han hecho caso".

"España por suerte no es el PP, porque si no yo sería el primer independentista", replica Xavier, y añade: "En Catalunya también hay casta. Artur Mas no deja de ser la casta catalana". Y apunta a Mas, sin duda el eslabón débil para esos trabajadores que votarán por el sí con el eje social partido, casi resignados (por mucho que la CUP diga que su apoyo a Mas no debe darse por descontado) a que, como dice Xavier, "el nuevo 'president' si gana el 'sí' será Mas. Y ya sabemos quién es y que habrá continuidad con las políticas sociales».

"Se habla mucho de Mas -dice Eduard-. A mí tampoco me gusta su política económica, pero no hay que olvidar que fue la gente la que salió a la calle y que hay mucha gente que pide un cambio. Artur Mas será presidente, vale, a lo mejor sí, pero aquí hay un movimiento social muy importante que no lo ha creado Convergència". "Es un error identificar España con una opción política, el PP, de la misma forma que lo es identificar Catalunya con una opción, el independentismo y Mas", sostiene Xavier. "Yo no soy partidario de Mas -zanja Óscar- y la independencia no sería el paraíso, habría costes y sacrificios. Pero me atrae la idea de empezar de cero". Aunque sea con el eje social partido.