Ir a contenido

PAYESES

Elecciones en Catalunya: Soberanía... alimentaria

Para los payeses, la gestión del territorio, el relevo generacional, la supervivencia de las pequeñas explotaciones y el desarrollo de la agricultura ecológica también es política

JOSEP SAURÍ

Si alguien tiene los pies bien plantados en la tierra, son los payeses. Y ellos están a lo que están. Así que cuando, tras un verde paseo por los exuberantes maizales que rodean Almacelles, se sientan a una mesa del restaurante Pateco Julio Giribet (68 años, horticultor, ingeniero técnico agrícola e investigador y productor de simientes de melón), que juega en casa, y Jordi Juanola (36 años, ganadero ovino agricultor), venido desde Rocabruna, en el Pirineo gerundense, para hablar de política, la conversación sobre las plebiscitarias y la independencia acaba llevando a la gestión del territorio y a la soberanía, sí, pero la alimentaria. "Es la más importante. Nos afecta a todos, y nos va en ello la salud y la vida", sostiene Julio.

Jordi se declara partidario de la independencia, "pero sobre todo por una cuestión sentimental". A su identidad no ha tenido que darle muchas vueltas, explica: "Soy catalán y ejerzo, y España ha demostrado que es incapaz de entender su diversidad". Pero dicho esto, da rienda suelta a su decepción y su escepticismo, porque no cree que ni estas elecciones ni la independencia puedan suponer cambios en la política agraria. "La Generalitat ya tiene ahora competencias muy amplias. Pero su política, sobre todo en las zonas de montaña, es errática, penaliza la explotación pequeña y mediana, familiar, y no está dando ningún resultado". Bueno, sí, el resultado es la despoblación: a los payeses de montaña no les salen las cuentas y sus hijos ya no quieren saber nada del campo.

UNA BOMBA

Esto ocurre porque "este país no tiene conciencia de que la política agraria y ganadera en la montaña tiene un impacto en el territorio. Podemos filosofar mucho, pero la gestión del territorio no la hacen ni las vacas, ni las ovejas, ni los corzos. Como toda la vida, la hacemos los payeses. Labrando, desbrozando y controlando el sotobosque", alerta Jordi. Y el Pirineo se ha convertido "en un matorral descomunal, desde el cabo de Creus hasta la Maladeta". Una bomba incendiaria.

Y es que hablar de construcción nacional sin hablar de la gestión del territorio no tiene para Jordi ningún sentido: "Independencia, sí, vale, de acuerdo. Pero ¿qué hacemos con el Pirineo? Hay muchas cosas que se dan por hechas en todas partes pero que en el Pirineo todavía no tenemos: cobertura de telefonía móvil, redes viarias decentes, acceso al agua potable... ¿Alguna propuesta para resolver todo esto?".

SANO Y SABROSO

De vuelta al llano, Julio coincide en que no cree que el 27-S cambie nada. En su caso, porque ve la agricultura "en manos de la globalización y las multinacionales". Su apuesta es por «recuperar la posibilidad de cultivar y alimentarnos nosotros mismos, con productos sanos, frescos, sabrosos y de proximidad, sin química ni transgénicos". ¿Cómo se puede lograr eso? "Con explotaciones pequeñas pero eficientes, que den un producto diferenciado, de calidad. Con laboratorios certificando esa calidad y con una comercialización adecuada".

Parece más fácil de decir que de hacer. Pero Julio se explica con un entusiasmo contagioso: "En horticultura tenemos auténticas maravillas, fruto de la selección natural de nuestros payeses durante generaciones. Variedades tradicionales de tomate, por ejemplo, que superan de largo las innovaciones de las multinacionales. Se trata de volver a hacer la agricultura que hacían nuestros padres". Y está convencido de que hay mercado, de que como él mucha gente quiere una alimentación sana y está dispuesta a pagar más por ella: "Yo no le pongo precio a mi salud"».

Bueno, el entusiasmo es contagioso solo hasta cierto punto: "Esto en el Pirineo ya lo estamos haciendo, ya hemos apostado por la producción ecológica, pero luego no la podemos comercializar porque nadie cree en ello. La distribución solo busca precios bajos y comodidad", replica Jordi.

¿Se ha hablado de política? Sí, claro, política es todo, influye en todo, en la vida de todos, de formas mucho más diversas y complejas de lo que solemos percibir. La política modela las realidades, incluso las de quienes no lo creen así, las de quienes cuando hablan de sus vidas piensan que no hablan de política.

LAS CHIRUCAS

Y a la inversa, detrás de todo debate político, por bizantino que pudiera parecer, siempre hay consecuencias en la vida de la gente. Así, la permanencia o no de Catalunya en la UE, vista desde el campo, toma una dimensión muy concreta: su posible efecto sobre las exportaciones y, sobre todo, en las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), que este año pueden suponer unos 330 millones de euros para los payeses catalanes: "Nos dicen que no tenemos de qué preocuparnos, pero la verdad es que preferiría que eso nos lo dijera alguien de la Comisión Europea", dice Jordi con una sonrisa de circunstancias.

Así las cosas, y pase lo que pase el 27-S, lo que le pide Julio al Govern que surja de las urnas es "que cuide de la alimentación de sus ciudadanos". Y lo que Jordi le reclama no es otra cosa que "ponerse las chirucas y recorrer el territorio, que visiten el Pirineo y, además de hablar con los hoteleros y los gerentes de pistas de esquí, que hablen con los payeses". Que pongan también los pies en la tierra.

Para darle la mejor experiencia posible estamos cambiando nuestro sistema de comentarios, que pasa a ser Disqus, que gestiona 50 millones de comentarios en medios de todo el mundo todos los meses. Nos disculpamos si estos primeros días hay algún proceso extra de 'login' o el servicio no funciona al 100%.