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COMERCIO

Dejen en paz al 'botiguer'

Los comerciantes lamentan la burocracia, los impuestos y las trabas que les atan de pies y manos y piden facilidades para poder seguir con sus negocios

INMA SANTOS HERRERA

  / RICARD FADRIQUE

El pequeño comercio lo está consiguiendo. Sí, después de seis años de penurias, ha revertido su tendencia y, según el informe anual de la Confederació del Comerç de Catalunya presentado en julio, registró un aumento en las ventas (2,2%) y en el empleo (0,9%). Pero no ha sido ni mucho menos un camino de rosas. Ha adelgazado por el camino (885 empresas y 759 locales comerciales cerraron en el 2014) y ha tenido que luchar para subsistir, por mucho que los gobiernos de CiU (y anteriormente del tripartito) alardeasen de desarrollos legales para favorecer al sector. "Mucho te quiero, perrito, pero pan, poquito", afirma Guillermo Moya, 50 años, propietario de una relojería-joyería en Esplugues desde hace 25 años.

Y es que, según los comerciantes, las buenas cifras no indican la situación sobre el terreno. "Tengo un comercio que da de comer a nueve familias, abrimos 363 días del año de 9.00 a 23.00. ¿Pagar? Lo que quieras y más, y todo son problemas, papeleos, sanciones…", protesta Àlex de Luis, 44 años, propietario de un comercio de alimentación desde hace tres años en Barcelona. "¿Por qué no hacen algo por agilizar las cosas fiscalmente y dejan de ahogarnos con normativas?", pregunta David Moyano, 41 años, anticuario de Barcelona. Tres pequeños comerciantes, tres especialidades. Tres puntos de vista en cuanto al 27-S que hablan de política, pero sobre todo de cómo esta afecta a su sector.

ILUSIÓN Y DUDAS

Para Àlex, el único que se declara independentista, entre su clientela se palpa "la ilusión y ganas de cambio". A David, que como él ve en estas elecciones unas plebiscitarias, la posibilidad de un  a la independencia le hace sufrir por la fragilidad de su sector, el de las antigüedades ("el 80% de mis clientes son extranjeros; si un país les genera la más mínima duda, dejan de comprar"). "Desengañémonos, no son plebiscitarias, por eso todo seguirá igual", dice en cambio Guillermo.

"A nivel comercial, la independencia es un suicidio, es cerrar Catalunya al mundo. La independencia no depende solo del pueblo catalán, ni del español, sino del entorno europeo y su reconocimiento del nuevo Estado. Y mi experiencia en exportación con mi negocio me ha enseñado qué supone exportar fuera de la UE: aranceles, aduanas… ", advierte David. Un argumento que no convence a Àlex porque, dice, si el proceso se hace como es debido, Europa apoyará la incorporación y las fronteras no serán un obstáculo. "Cada vez que se traza una línea, aunque sea imaginaria, hay trabas económicas, papeleos...", le replica Guillermo.

BUROCRACIA Y FISCALIDAD

A partir de ahí, el debate deriva en un informe de agravios, un repaso de lo que habría que arreglar y que pase lo que pase el 27-S, dicen, no tiene visos de mejorar ("o no de un día para otro", admite Àlex). Y empieza el combate, no entre ellos, sino contra los demonios del sector. Primer asalto: "Falta una ventanilla única que evite tener que ir de aquí para allí y simplifique las gestiones, un sistema como en EEUU o en Alemania, donde dices qué tipo de empresa quieres montar y te dan un formulario con los requisitos a cumplir. Una vez has abierto, si no los cumples, te obligan a cerrar", dice Guillermo. Y luego, señalan, están los impuestos y el régimen fiscal... "Mi actividad se rige por dos regímenes, lo que me obliga a llevar dos contabilidades", explica David, que pide que se defina qué es un negocio, un autónomo, una empresa.

Y aquí suena la campana del segundo asalto. Los comerciantes ven peligrar el modelo tradicional del comercio catalán. "Se ha desprofesionalizado, cualquiera cree que puede montar un negocio", sostiene Guillermo, quien defiende una regulación real tanto en calidad como en cantidad. Algo que, recuerda Àlex, ya existe, aunque no tiene muy claro que se cumpla: "Yo abrí la tienda sufriendo porque solo cabía una más, según el plan de usos del barrio. Hoy, en un radio de 200 metros, compito con 14. Tres cuartas partes de ellas son colmados de horario libre". Unas normas se pisan con otras, y a la competencia de las grandes superficies se ha añadido la proliferación de los colmados (tiendas de conveniencia de menos de 150 m2). Una circunstancia que en su caso le ha llevado a adaptarse, con un servicio y una oferta diferentes, para competir con los precios y ampliando horario.

Y a pesar de todo, él es el único de los tres que defiende la liberalización horaria; al menos, dice, en una ciudad como Barcelona "y no solo por el turismo, sino por adaptarse al ritmo laboral y las necesidades de los barceloneses". Claro que eso, como otras cosas, hoy por hoy no solo depende de la Generalitat, sino también del ayuntamiento y del Gobierno central.

El pequeño comercio es un sector importante económica y socialmente para Catalunya, sí, pero la única contrapartida que se percibe en el sector son trabas. "Mejorar la situación del sector implicaría un cambio de todo el sistema, desde fiscalidad a leyes; un cambio radical, y no creo que ni unos ni otros estén capacitados para hacerlo", concluye David.

Se miran. ¿Qué puede hacer la política por el pequeño comercio? "Dejar de hacer y dejarnos hacer. Que nos dejen en paz", zanja Guillermo. Y los demás asienten.