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ULLDEMOLINS

Azul cielo del Montsant

Este bello enclave del Priorat, recomendado por Laura Sempere, es desconocido por muchos a los que necesitará para que su historia perviva en el tiempo

JANIRA GÓMEZ MUÑOZ

Al igual que dos caras de una misma moneda, es una pena y una suerte para Ulldemolins que no esté de paso de nada. Para ir a Ulldemolins hay que proponérselo. Buscarlo en el mapa, situarlo en el interior de Tarragona, colocar el dedo índice y decir: voy a visitar un trocito de paraíso. O simplemente dejarlo en manos de la casualidad como hizo Laura Sempere, de Igualada, quien en el año 2000 encontró su rincón de paz en este valle al que denominan con acierto la Vall del Silenci, y en el que parece imposible que alguien no halle aquí el nirvana. Porque ya desde la altura de la carretera, después de 10 kilómetros de curvas, Ulldemolins se inclina al visitante surgiendo por sorpresa y mostrando toda la fuerza de sus colores. Es la estampa. Es el verde de sus viñas y sus almendros, que hacen de pasarela hasta descender al pueblo de un marrón milenario; es el amarillo de sus campos y su sol; y es ese azul intenso, origen de la inmensidad del cielo y del abrazo de la sierra del Montsant lo que se graba en la memoria.

Para Laura ese azul será por siempre tono cielo Montsant. Debería estar incluido en la paleta de cualquier vida. En la suya es sinónimo de veranos en familia gracias a que su suegra, Raquel Sans, nacida en 1932, era originaria de Cornudella de Montsant, municipio vecino a Ulldemolins. Allí Raquel traía a sus hijos, entre los que se encontraba el marido de Laura, para que disfrutaran de la naturaleza. Pero como la primera vez que Laura y su familia quisieron emular esos veranos no encontraron alojamiento en Cornudella, fueron a parar a este valle. Desde entonces, aunque ya hace un lustro que no han vuelto, es un imán para ellos, sobre todo por ese saludo diario de los vecinos, que no llegan a 400, y ese poder dejar la puerta abierta para que entre el aire y los niños, ya no tan niños en su caso, salgan a jugar.

Sus veranos eran sencillos. Como muchos que están empezando a descubrir el Parc Natural del Montsant, salían a hacer excursiones hasta las ermitas de Sant Antoni, Sant Bartomeu y Santa Magdalena, resguardadas por altos cipreses, y que pueden recorrerse a pie o en bicicleta. No obstante, tiene que gustar caminar, no vale eso de ¡ay, qué calor, me pican las moscas!, opina divertida una de las clientas habituales de Pepita Montlleó (61 años), propietaria de la pastelería Pepi, la más dulce de Ulldemolins. Ella es la responsable de que el olor orelletes y buñuelos, según Laura los más grandes y esponjosos del mundo —es cierto—, llegue hasta la plaza de la iglesia de Sant Jaume, cuyo campanario circular recuerda a la Toscana.

Cuando se han agotado esas orelletes, es cuando el pueblo empieza a despertarse y Jaume Belar Viña, de 76 años, se sienta en la plaza para sentir la marinada e inevitablemente recordar cómo era Ulldemolins antes, en los años 40, con mil habitantes. Jaume teme que con la poca población que tienen, de media mayor, el pueblo decaiga, se abandone y ninguna juventud quiera proteger sus historias. Cómo perder esos orígenes, cómo no cuidarlos. Cómo no agradecer la huella que deja en uno un sitio y la que dejan las personas, como Raquel Sans, que ya no están. Raquel quería a esta zona tanto como Jaume. La recorría con sus seis hijos desde Cornudella a Albarca, pasando por otra ermita, la de Sant Joan del Colodar. Por eso, en ese camino, la familia de Laura tiene pensado esparcir sus cenizas y así homenajearla brindándole la paz de este lugar y el azul cielo del Montsant del que siempre formará parte.

ACCESO

Algunos autobuses llegan hasta el municipio, pero la manera más fácil de ir es en coche, por la AP-2 y luego por la TV-7004.

ALOJAMIENTO

El alquiler de apartamentos es la forma más habitual, aunque cerca se encuentra el cámping Montsant Park, donde acampar por menos de 50 euros la noche.

INTERÉS TURÍSTICO

El Parc Natural de la Serra del Montsant es idóneo para hacer senderismo por los pasos naturales que permiten avanzar entre sus riscos.

COMER EN LA ERMITA

Para refrescarse y tomar fuerzas, junto a la ermita de Sant Antoni hay un espacio con mesas, parque infantil y barbacoa donde poder saciar el apetito.

Información turística: http://www.turismepriorat.org

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