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PASEOS ELECTORALES: GIRONA

El voto local entre un mar de 'estelades'

JOSEP SAURÍ

Entrevista con el vecino de Girona, Josep Cassany. / MONICA PELLICCIA/JOAN CASTRO

Para preparar su paseo electoral por Girona con EL PERIÓDICO, Josep Cassany (46 años, consultor) buscó y rebuscó en su entorno a quien le apeteciera charlar sobre las elecciones municipales y la política local. No hubo manera: "Imposible. Invariablemente, la respuesta era 'no me interesa. Pero oye, si hemos de hablar del procés, eso ya es otra cosa'». El debate soberanista parece haber devorado cualquier debate municipal en esta ciudad salpicada de estelades en los balcones sobre el río Onyar y donde el sí/sí arrasó el 9-N, rozando los 30.000 votos (más del 87%, siete puntos por encima de la media). 
Vamos, que la ciudad va sola, como quien dice, y los gerundenses están en otras cosas, sostiene Josep. "A la gente de Girona ya nos va bien cómo funciona en el día a día. Y además, tampoco es que se vislumbre un proyecto alternativo. Lo que nos preocupa es salir de la crisis y lo que nos ilusiona es construir un nuevo país, completamente distinto de lo que tenemos, tanto de España como de la Catalunya actual". Aquí no hay duda de que el suflé sigue sin bajar. Y la política municipal y la de barrio pasan a segundo o tercer plano.

Puigdemont, en forma

¿Qué se juega, entonces, Girona en estas elecciones? "Nada –responde Josep con convicción–. Estoy convencido de que volverá a ganar Carles Puigdemont [actual alcalde, de CiU]. Imagino que algunos partidos entrarán en el consistorio, otros bajarán, pero el modelo de ciudad será el mismo". ¿Y cómo habrá que leer los resultados? ¿En clave soberanista, plebiscitaria? "Los políticos los interpretarán como les convenga, como siempre. En todo caso, aquí los partidarios del proceso votarán a candidatos que también lo sean y seguiremos teniendo un alcalde independentista". Las encuestas dan de momento la razón a Josep: Puigdemont se mantiene en forma y el resto del consistorio se parte en mil pedazos.
Girona es una ciudad "profundamente conservadora", dice el tópico y corrobora Josep sin reservas. Y sin embargo, los socialistas la gobernaron durante más de tres décadas, hasta el triunfo de Puigdemont hace cuatro años. Esa es "la historia de un éxito", dice Josep. Colectivo, de todos los gerundenses, pero a su vez con nombre y apellido: Joaquim Nadal. "Girona tuvo la suerte de tener un alcalde que tuvo una visión de futuro, un proyecto y tiempo para desarrollarlo. Y funcionó". La Girona gris y negra se transformó en esta Girona "de postal, florentina y romántica", en destino turístico de primer orden. Para Josep, el mérito de Puigdemont no ha sido otro que "rentabilizar el legado, capitalizar este éxito, cuidando y renovando la oferta y promocionando la ciudad".

Las piedras y las personas

Esta renovación no está exenta de algunas tensiones, como las generadas por el restaurante El Vol, una controvertida estructura metálica suspendida sobre el Onyar junto al Pont de Pedra –"aún no se sabe si efímera o no", explica Josep–, que no deja indiferente a nadie. Pero por lo general, la cosa va viento en popa: "Años atrás, de vez en cuando venía al Teatre Municipal un bolo de alguna obra que hubiera acabado temporada en Barcelona; ahora esas obras se estrenan aquí, en el Temporada Alta. Tenemos El Celler de Can Roca, entre los mejores restaurantes del mundo; los festivales de música, el Temps de Flors... Todo esto es ya patrimonio de la ciudad. Turismo, gastronomía, cultura: esta es la imagen que proyectamos al mundo", desgrana Josep con cierto entusiasmo.
Sin embargo, vivir aquí quizá no sea tan fácil: "Girona no es solo bonitas piedras, somos las personas –recuerda Josep–. La crisis ha golpeado con saña a pequeños empresarios y autónomos. Tratamos de reinventarnos, pero hace falta un compromiso muchísimo mayor de las administraciones para ayudar de verdad a los emprendedores. También, e incluso diría que sobre todo, de la municipal, que se supone que es la más próxima a las personas". 
Más peros. "Como todo el mundo, tratamos de mostrar nuestra mejor cara y esconder nuestras vergüenzas. Girona es muy pequeña, muy cerrada, con un tejido asociativo pobre. No creo que dé la mejor acogida a la gente que viene de fuera. La tenemos en los barrios del extrarradio y es como si no existiera".

Dinamita para el PSC

Hombre, entonces sí hay debates de ciudad, más allá de la independencia ¿no? "No. De todo esto no habla nadie", sostiene Josep. "Y fíjate lo que le ha pasado al PSC", añade. El argumento es de peso. Entre las múltiples heridas sufridas por los socialistas catalanes en su maltrecha transversalidad a cuenta del proceso soberanista, quizá ninguna tan sangrante como el descalabro en Girona: el dinamitado grupo municipal acabó el mandato con una sola concejala –la ahora alcaldable Sílvia Paneque– de los siete que tenía. La encuesta de Gesop para EL PERIÓDICO le da ahora cuatro. Y la onda expansiva ha llevado a los exconcejales socialistas a la órbita de ERC e incluso, en un caso, a la lista de CiU.
Ese mismo sondeo vaticina una victoria cómoda de Puigdemont (10-11 concejales), aunque sin mayoría absoluta; el regreso de ERC al consistorio tras su anómala debacle del 2011, el ascenso de la CUP (el soberanismo golea, claro) y de Ciutadans y la caída del PP e ICV. Y refleja que el 57,6% de los gerundenses creen que la ciudad ha mejorado en estos cuatro años, y solo el 18,6% piensa que ha empeorado. Así las cosas, parece que sí, que como dice Josep, en Girona la gente está a lo que está. "Lo que interesa es si nos vamos, y adónde vamos. Nos ilusiona cambiar las cosas, montar una nueva Catalunya,  y creemos que es posible. Somos muchos los que ya nos sentimos completamente desconectados de los proyectos y de las políticas tradicionales", explica. "Y de los políticos sordos", añade.

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