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CATALUNYA DESDE la BARRERA (10)

Otros Madrid, otras Españas

Ciudadanos madrileños abogan por respetar la voluntad de los catalanes y dialogar para que no quieran irse

Josep Saurí

Entre Todos: Catalunya vista desde ... Madrid. / JUAN MANUEL PRATS

Hay un Madrid francamente antipático visto desde Catalunya (y diría que desde cualquier parte). Eso no lo podemos negar ni siquiera la legión de catalanes seducidos por esta extraordinaria ciudad. El Madrid muy muy oficial, el de las élites extractivas, la casta o como se prefiera llamarle, plagado de apellidos compuestos e inamovibles cuyo poder hunde sus raíces en el pasado más oscuro y se exhibe en rutilantes palcos futboleros; el de las tarjetas opacas, el de los impostores impensables, el de la intransigencia vociferante de las tertulias. El que desprecia cuanto ignora. Pero hay muchos otros Madrid. Y algunos de ellos se sentaron con EL PERIÓDICO en el Café de Varone de la plaza de Santa Cruz.

Ahí estaban el Madrid ciudadano de toda la vida de Lorena de la Flor, bisnieta ni más ni menos que de Cayetano Redondo Aceña, tipógrafo, periodista y esperantista, penúltimo alcalde republicano de la ciudad, fusilado al final de la guerra; el Madrid de segunda generación de su marido, Luis Sánchez, de 40 años, informático, de raíces salmantinas; el Madrid de aluvión de Gema Mora, toledana, y Lorena Nieto, gallega, de 33 años, consultora medioambiental, llegadas a la capital hace nueve y siete años.

«Se sabía que en Catalunya había un independentismo latente, pero no se sentía tan a lo bestia como ahora. Al estar la gente hasta las narices de la crisis y de que cada lunes nos desayunemos con un robo de algún político, cualquier chispita genera muchísimo ruido», apunta Luis, quien no obstante sostiene que «visto desde fuera, parece una cabezonería de los políticos catalanes más que un sentimiento de la gente».

 

Las consecuencias

Lorena de la Flor también intuye una estrategia de Mas y compañía: «En un momento de crisis en el que no van a hacerlo bien, mueven el tema y así las masas les aclaman». Pero Lorena Nieto discrepa: «Hay dos factores clave: por una parte el económico, y por otra que cada vez hay más nacionalismo español. Al venir de Galicia noté que aquí no se conocen ni se respetan las diferencias lingüísticas y culturales, y eso alimenta los otros nacionalismos».

 

Gema vivió en Barcelona más de un año, y le quedó claro que «el nacionalismo, en la calle, es un sentimiento». Pero también cree que «los catalanes no tienen ni idea de las consecuencias que puede conllevar la independencia porque nadie se las ha explicado».

 

Que conste, sin embargo, que a la hora de repartir responsabilidades este Madrid ciudadano no se olvida del Madrid oficial. Ni mucho menos. «No hace falta ser catalán para sentirse ofendido por la recogida de firmas contra el Estatut o la ley Wert. Todo eso lo entiendo también como una falta de respeto hacia mí», afirma contundente Lorena de la Flor.

Fractura emocional

Los cuatro quieren que Catalunya siga en España: «Si se va perderíamos todos», sostiene Luis. Y la mesa consensúa su fórmula para ello con matices, pero sin demasiado esfuerzo: respeto, diálogo, reforma constitucional y que se haga una consulta «bien hecha» en la que lo deseable a juicio de todos sería que triunfara el no a la independencia. «Pero si sale que sí, adelante. Adiós y suerte. Nos daría pena, pero si esa es la voluntad de la gente, hay cosas que no se pueden parar», convienen.

 

Esta mesa de la plaza de Santa Cruz ¿es solo una burbuja de buen rollo en un clima enrarecido? Lorena de la Flor responsabiliza a políticos y medios de comunicación de «una campaña de unos contra otros, enardeciendo los ánimos en ambos lados», y alerta de la «fractura emocional». Los demás asienten, aunque no se ve del mismo modo hasta qué punto eso hace mella. Para Luis, «por debajo del radar hay mucha gente con otras posiciones. Que no se vea no significa que no exista». En cambio, Lorena Nieto y Gema coinciden en que «se está demonizando a los catalanes de una manera espectacular, y cada vez más», y se remiten a su propio entorno: «Me ha costado mucho encontrar a alguien que quisiera venir conmigo a este encuentro. Muchos me han dicho 'yo de los catalanes no quiero saber nada'», explica Gema. Por no hablar de un amigo suyo empresario que ya prepara los lotes de Navidad y que exige a la empresa suministradora que en sus cestas «no haya ni un solo producto catalán». «'Hombre, con el cava va a ser complicado', le dijeron. 'Pues bebemos mosto', respondió».

 

Pues eso. Que sí, que pese a todo hay otros Madrid, otras Españas. Con los que se puede estar de acuerdo o no, pero con los que en todo caso hablar no solo es posible, sino que es un placer.

¿Qué opina de cómo ven a Catalunya desde el resto de España?