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LAS PLAYAS DE LOS LECTORES

Lejos de miradas indiscretas

MARC ESPÍN
SANT POL DE MAR

A Walter Noethilchs le gustaba broncear su cuerpo desnudo en La Murtra, porque la arena es gruesa como granos de arroz y no se pega a la piel. Aunque no está catalogada como playa naturista por el Ayuntamiento de Sant Pol de Mar, en la práctica La Murtra es una de las nudistas más puras del litoral barcelonés. Su ubicación, a los pies del barranco atravesado por la carretera y la vía del tren, mantiene una parte de esta playa alejada de las masas y de los mirones. Ese es otro de los motivos por los que Walter, alemán afincado en Barcelona hasta el 2012, solía venir a este tapiz natural y aislado en el que se observan cormoranes pescando en el mar.

Walter recuerda con nostalgia desde la fría Alemania las tardes calientes en La Murtra. A veces venía con amigos con los que jugaba al fútbol; otras, con un grupo de nudistas solteros y solteras de Barcelona, que se conocieron a través de una web. Se juntaban entre 15 y 20 personas de todas las edades. Charlaban y se entonaban bebiendo vino y cava en la orilla de este recoveco natural que bautizaron con un nombre secreto: el de los piratas. Un nombre secreto para una playa que alberga distintos ambientes, como las buenas casas. Una señora, que regresa con su madre a la urbanización de El Farell, dice que a la derecha el ambiente es más masculino, más gay, y que a la izquierda se juntan familias naturistas con niños, amigas y amigos. Ahí es donde Walter se doraba al sol desnudo, relajado y acalorado, mientras escuchaba el graznido de los cormoranes.

SANT POL DE MAR
Longitud / anchura 670 m / 25 m.
Tipo de playa Arena gruesa. Natural.
Ocupación Media.
Playa tolerante con el nudismo de difícil acceso. En la parte más abierta, algunos servicios como lavabos, duchas, chiringuito y alquiler de hamacas y sombrillas.

A la playita de estos piratas se llega caminando junto a la vía del tren, que discurre casi pegada al mar a lo largo de toda la costa de Sant Pol; pero no son pocos los que dejan el coche en un claro de tierra junto a la nacional, antes de llegar al pueblo desde Canet, y la cruzan por debajo a través de un oscuro, angosto y enmohecido túnel por el que los días de lluvia baja un torrente. Al salir, aunque no deberían, atraviesan la vía, desnuda, sin vallas, y ya están en La Murtra: una delgada veta de arena y rocas entre las que se han formado un puñado de calitas, altas o bajas, abiertas o escondidas, todas diferentes, pero todas nudistas de verdad, sin miradas indiscretas y con una bandada de cuerpos a la intemperie sobre granos de arroz.

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