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POLÍTICOS Y REDES SOCIALES

Joaquim Brugué: La crítica de 'todos los políticos son iguales" destruye la política

INMA SANTOS HERRERA / Barcelona

 En su participación en el debate abierto por EL PERIÓDICO sobre políticos y redes socialesJoaquim Brugué, director del Institut de Govern i Polítiques Públiques (IGOP) de la UAB, hace un llamamiento a no desprestigiar gratuitamente la política.

–¿Qué opina de la intención del Gobierno de castigar los comentarios ofensivos en internet?

–Uno puede no estar de acuerdo ante ciertos comentarios ofensivos en la red pero intentar regular esto es como intentar poner vallas al campo, es imposible. La regulación efectiva será de una complicación extraordinaria, porque ¿dónde empieza el insulto y dónde la amenaza? Es una declaración de intenciones fuera de lugar. Pero, por otra parte, también creo que habría que crear algún tipo de intervención de carácter más pedagógico o hacer un debate en torno al tema porque, en algunas de estas redes, se genera un nivel de agresividad y de violencia en las declaraciones que debería invitar a preguntarnos cómo solucionarlo, tal vez no a través de una ley pero sí a través de un debate social.

–Hay unos casos claros en los que se aplica el código penal. Pero en aquellos casos en los que no es tan claro, ¿cree necesario un mayor control de lo que se dice en internet?

–No diría control, porque es muy difícil y no sé si tiene demasiado sentido, pero sí un cierto debate y preguntarnos a nosotros mismos por qué estamos creando una especie de sociedad ‘hooligan’. Es decir, lo que se dicen  entre unos y otros y cómo esto se reproduce en las televisiones; lo que se dicen entre unos y otros en el mundo de la política y cómo de esto se hace un gran espectáculo que nos entretiene a todos; cómo todos hacemos la farsa de decir que lo que nos interesa es hablar del cambio climático pero luego lo que en realidad sigue la gente y marca las audiencias es la ‘pantuflada’ a Pere Navarro… Hemos creado una situación de sociedad ‘hooligan’ en la cual o estás con los míos o estás con los otros, o yo tengo toda la razón o tú no la tienes, o estos son los buenos y estos son los malos… Y lo estamos polarizando extremadamente. En el propio tema del debate soberanista en este país parece que se ha inventado un término que hace años no existía, “unionista”, porque había que tener una posición y la contraria, las posturas intermedias no existen. Y esto, claro, estimula la agresividad y la polarización. Y hablamos del ámbito de la política, pero creo que se puede aplicar a otros ámbitos en esta sociedad.

–¿Qué actores deberían estar implicados en ese debate que usted propone?

–Sería un debate en el que la política tiene un papel central en la medida en que la política da el mensaje que da, el de que mi partido siempre tiene la razón y el otro nunca la tiene, nosotros lo hacemos todo bien y ellos lo hicieron todo mal, lo cual es un  planteamiento dicotonómico y que se presta a la confrontación. Pero también creo que los medios de comunicación tienen en esto un papel muy importante. Entiendo que este debate tan en blanco y negro, desde el punto de vista de la comunicación política, es muy atractivo porque facilita el titular; la confrontación es más divulgativa que el acuerdo. Por eso creo que los medios de comunicación también tienen un papel importante a la hora de poder matizar un poco más, de generar debates más tranquilos. Los debates sobre política tanto en los medios de comunicación oficiales como en los que han aparecido de forma lateral en las redes han acabado reproduciendo el modelo de la prensa rosa o de algunos debates que se hacen en el mundo del deporte. Los medios de comunicación hacen uso de los mensajes que se lanzan a través de las redes sociales y también seleccionan. Por ejemplo, en el tema de Pere Navarro: todo este tema, si lo pensamos bien, podría ir perfectamente en la página 17 en un pequeño espacio, ¿no? Y en cambio se puede convertir en portada… Este proceso de selección también se podría hacer de otra manera. Esta cierta espectacularidad de las noticias con ciertas cosas es algo que no ayuda porque al final le damos importancia a determinados temas que normalmente son los simples, los que facilitan el enfrentamiento y la confrontación. En plenas Europeas, si hablamos en serio, sabemos que estas elecciones son importantísimas para la vida cotidiana de las personas y, sin embargo, parece que el tema esencial es la ‘pantuflada’ de Pere Navarro. Si baja aquí un extraterrestre y ve esto, no lo entiende.

–¿Son los políticos reticentes a las críticas a través de las redes sociales?

–Todo el mundo se adapta a Twitter, sigue a quien sigue, y ve las cosas que ve… Yo tengo la sensación de que en Twitter se produce, al menos con algunos políticos, un cierto intercambio muy interesante con los ciudadanos, ya sea porque explican lo que hacen o porque expresan opinión o entran en algún debate. Sí que es cierto que en Twitter, tal vez por la presión de los 140 caracteres, los debates pueden subir rápidamente de tono y lo que en principio parece una diversidad de opiniones puede acabar en una confrontación impertinente. Y creo que eso también lo tienen que vigilar los políticos, ya que como cargos públicos algunos se podrían autoreprimir un poco en Twitter. Creo que deberían estar totalmente abiertos a las críticas y no tener la piel demasiado fina. Pero más que la descalificación o la crítica personal a mí lo que me preocupa es la crítica feroz a la política y a la clase política en general. Hemos declarado entre todos que los políticos y la clase política no sirven para nada y eso se ha convertido en algo tan compartido que yo mismo voy a buscar a mis hijos al cole y oigo a la madre de al lado decir que todos los políticos son unos ladrones y que los tendrían que quemar a todos en la hoguera sin más y resulta que tú que te dedicas a la política estás al lado aunque no lo estén diciendo por ti en concreto. Yo creo que hay una convicción en relación a que los políticos son unos ladrones y lo hacen todo mal y que por tanto no se merecen nada. Y es un desconocimiento genérico que desde mi punto de vista es muy peligroso, no tanto por una persona en concreto, sino porque es una crítica tan destructiva y tan corrosiva que no regenera sino que ayuda a destruir la política.  Lo que llegan muchas veces no son críticas constructivas. Son críticas que están al margen de todo lo que hagas, críticas en las que por el simple hecho de dedicarte a la política te conviertes en sospechoso de ser un ladrón. Hay políticos de todo tipo y para los que son buenas personas, convivir con este estigma es duro. Yo soy profesor y he pasado por la política. Cuando era profesor, todo el mundo me miraba bien y todo el mundo pensaba que tenía razón y cuando hablaba en público hasta me aplaudían y mi familia estaba orgullosa de mí. Cuando me dediqué a la política siendo la misma persona pasé de un día para otro a la categoría de mala persona. Y eso ya no tiene que ver con que te hagan una crítica.

–¿Se ha encontrado en la tesitura?

–La tecnología va tan rápido que cuando yo estaba en política esto de Twitter no funcionaba. Pero sí que tengo una anécdota. De tanto en tanto, con regularidad podía recibir un correo electrónico de alguien a quien no conocía y que me insultaba y me decía que era un aprovechado y que estaba en un cargo sin hacer nada cobrando miles de euros al mes… Yo cogí el sistema de responder a estos correos dándoles cita para que vinieran a verme al despacho y me prestaba a enseñarles la declaración de la Renta de cuando era profesor y la que hacía como cargo público y también mi agenda para que vieran a qué me dedicaba cada día. Nadie contestó. Creo que hubo uno que respondió diciendo que no pasaría por mi despacho pero que tal vez se había precipitado al enviarme ese correo. 
Que te digan que no haces nada y que cobras demasiado no me parece una crítica constructiva. Yo no creo que haga falta una  regulación pública ni que sea denunciable ante la ley pero sí que es verdad que no sé hasta qué punto esto sea normal que pase, que alguien que no te conoce pues se dirija a ti para decirte esas cosas… y cuando haces el ejercicio de darle cita para que pase por tu despacho, ni te conteste.

–¿Esas reacciones y críticas duras en las redes son fruto de la distancia entre políticos y ciudadanos?

–No quiero defender lo indefendible pero, ¿por qué está menos lejos de la gente un profesor de universidad que un político? Yo voy de mi casa a las aulas, de las aulas a mi casa y me paseo por los despachos y veo a unos alumnos a los que doy clase. Cuando tenía un cargo público me pasaba el día dando vueltas porque tenía reuniones con 14.000 personas diferentes, porque tenía que ir a ver una fundación. Los políticos hacen vida normal y tienen hijos y los van a recoger al cole y pagan una hipoteca y el fin de semana quedan con los amigos cuando pueden. No son extraterrestres. Hay una tendencia de visualizar a la clase política como si viniera de otro planeta y fuera gente que no tiene nada que ver con nosotros, cuando los políticos son como nosotros, para lo bueno y para lo malo. Y cuando acusamos a los políticos de determinadas actitudes estamos poniendo en muchas ocasiones sobre la mesa determinadas actitudes nuestras también: somos una sociedad muy individualista que va a la suya. 

–¿Cómo valora el uso de las redes sociales por parte de los políticos?

–Creo que hacen un uso muy declarativo, quieren tener presencia y se involucran poco en el debate, aunque hay políticos de todo tipo, todo hay que decirlo. A veces da la sensación de que tienen opiniones un poco planas y dicen cosas muy políticamente correctas, pero también es cierto que tienen responsabilidades públicas y que de la misma manera que a ellos se les acusa de tener la piel muy fina, también hay muchos ciudadanos que tienen la piel fina y que dependiendo de lo que conteste el político, se le tirarán encima. Así, en primer lugar, me da la sensación de que son muy planos en sus opiniones y lo entiendo, pero a veces uno esperaría un poco más de compromiso (que algunos sí tienen). Y en segundo lugar, hay políticos que utilizan la red como una especie de herramienta de propaganda permanente de su organización y convierten Twitter en una especie de cuña publicitaria permanente. Aunque seguramente eso también pasa a otros niveles.

–¿Cree que deberían gestionar ellos mismos su propia cuenta de Twitter en lugar de hacerlo at ravés de ‘Community Manager’?

–Sí. Yo entiendo que un ‘Community Manager’ lleve la cuenta de Twitter del partido o de la institución, y entonces es previsible que los tuits sean planos, propagandísticos. Pero cuando aparece la foto de la persona yo creo que no les hace ningún favor esta especie de despersonalización que se produce cuando no los hace uno mismo. Yo les recomendaría que el Twitter personal lo llevaran ellos porque precisamente es un espacio de relaciones y expresión personal, un espacio en el cual si lo que acabas transmitiendo es que no eres persona sino una institución no te hace ningún favor.

–¿Por qué cree que no llevan ellos su propia cuenta de Twitter?

–No lo sé. Supongo que debe ser una combinación de gestión del tiempo, contratas a una persona que lo haga porque necesitas tener una presencia más o menos regular y constante en Twitter. Y también que debe ser un poco cuestión de miedo. Precisamente porque los políticos se mueven en este ambiente tan agresivo, también tienen miedo a meter la pata, no decir lo que toca en cada momento, de no ser políticamente correcto. Y supongo que disponer de un profesional que te lo haga te da ciertas garantías. Supongo que detrás de esta fórmula de contratar a un profesional hay un cierto miedo a mostrarte como eres.

–¿Cree que las redes sociales pueden ser una herramienta de transparencia política y de democracia ciudadana? ¿O estamos condenados a un griterío sin sentido? 

–Que es un instrumento a nivel de transparencia a tener en consideración, sí. Que es una herramienta más para la democracia, seguro. Eso sí, yo no soy de los que creen que con las redes sociales se produce una revolución democrática y que a partir de ahora la democracia será otra cosa. Yo creo que es algo que tenemos que tener en cuenta y utilizar pero que, como todos los instrumentos, puede servir para reforzar la democracia o para debilitarla. Es un instrumento más que tenemos en nuestras manos y que tendremos que hacer compatible junto con otras cosas. Según cómo utilicemos las redes la democracia se puede ver debilitada. Uno de los  elementos tradicionales y clásicos de la democracia es el de generar espacios de diálogo. Si el tuit se traduce en que la gente emite su opinión desde su casa pero no tiene espacios de encuentro e intercambio esto también puede acabar debilitando la democracia. Si yo me discuto con alguien cara a cara y tengo un intercambio de opinión, la teoría dice que esta deliberación genera comprensión y reconocimiento del otro. Si tengo ese mismo diálogo en mi casa, no hay encuentro cara cara y lo hacemos a golpe de votos o de tuits ni me reconozco, ni reconozco al otro. Por tanto, construir una sociedad en la que la gente que legítimamente pensamos cosas diferentes en lugar de buscar espacios de encuentro solo buscamos lugares de desencuentro creo que no ayuda a la convivencia. Al mismo tiempo, creo que Twitter es una herramienta de extraordinaria potencia si se sabe canalizar bien, utilizándola de forma razonable.Yo soy usuario de redes sociales y las encuentro fantásticas; pero de ahí a que tengan que ser la salvación de la democracia como algunos plantean, no lo comparto.

–¿Se puede ser político en el siglo XXI sin escuchar a los ciudadanos?

–No. En principio la buena política en el siglo V antes de Cristo se hacía escuchando a los ciudadanos. Hay un cambio importante a la hora de plantearnos el mecanismo a través del cual la política toma decisiones. Hasta no hace mucho confiábamos en la técnica y la experiencia, lo que algunos denominan la racionalidad tecnocrática, de manera que la política la utilizaba. Por ejemplo: ¿por dónde tiene que pasar el túnel del AVE por el litoral o por la ciudad?  Ante este dilema la política decía, y la gente aceptaba, que se preguntara a los ingenieros como técnicos y expertos. Eso suponía un proceso de simplificación. ¿Qué pasa hoy? Que las carreteras son un problema de ingeniería pero también de desarrollo económico, de impacto ambiental, de cohesión social y, por tanto, ahora cuando plantean la pregunta no solo hay que escuchar a los ingenieros sino también a los vecinos que sufren los impactos de movilidad, a los comerciantes, a los grupos ecologistas. Se habla de sustituir aquella racionalidad del técnico por una racionalidad dialógica que se genera cuando no buscamos a alguien que nos dé la solución, sino que la solución la buscamos entre todos desde perspectivas diferentes. La sociedad es más compleja y a la hora de tomar una decisión necesita crear espacios de diálogo para dar cabida a estos grupos. Por eso, en este sentido la necesidad de diálogo, de participación, de involucrar a la gente en los procesos de toma de decisiones son más importantes que hace 20 años.

–Pero ¿los políticos escuchan?

–Seguramente nos tendrían que escuchar más y hay una inercia en este sentido a protegerse de las decisiones con informes técnicos que antes les daban seguridad y ahora no. Pero también hay inercias de los profesionales, por ejemplo los ingenieros, a los que les cuesta reconocer que hablando con ecologistas mejorarán las carreteras e incluso también hay resistencia por parte de los ecologistas de que sus argumentos están por encima de otros intereses. Yo creo que los políticos no nos escuchan pero que a veces la sociedad tampoco parece saber cómo gestionarlo. Lo que necesitaríamos hacer de forma progresiva, más que hacer grandes leyes y controles, es pensar que una buena vía para ir entrando poco a poco y familiarizarnos con el escenario es democratizar las políticas públicas, democratizar aquellas cosas pequeñas que se hacen desde la política y en lugar de hacer grandes debates, por qué no discutimos y hacemos democrática la decisión, por ejemplo, de cómo gestionamos nuestros ríos; o qué tenemos que hacer en el ámbito del trazado de las carreteras. Por qué no vamos introduciendo la democracia y la escucha activa de los ciudadanos en estas intervenciones de manera que los políticos aprendan a hacer estos procesos y los ciudadanos aprendan a participar de una forma constructiva. Me da la sensación de que en lugar de hacer esto, buscamos la regeneración democrática solo con una ley de transparencia que después será de difícil aplicación, con grandes debates sobre el papel de las nuevas tecnologías y los eventuales referendos permanentes a través de internet. Yo creo que así estamos alejando el debate de la regeneración democrática de las actuaciones políticas concretas. La calidad democrática no solo depende de ciertos resultados electorales, “Yo no quiero hablar con usted, ya nos veremos en las urnas”. Esto es como hacer un duelo en el alba. Los votos son democracia pero es una democracia competitiva en la que hay ganadores y perdedores. Ese es un modelo de democracia que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Hay también otro modelo de democracia que es el de “encontrarse, hablar, buscar consenso, reconocer las posiciones de unos y otros” y esa es una democracia necesaria. Seguramente la democracia ha de tener componentes de ambas formas, pero hay una tendencia a la primera fórmula y eso acaba generando una sociedad en la que es muy difícil controlar los exabruptos y polarizaciones muy extremas.