05 abr 2020

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LOS AFECTADOS

«Esta fatiga antes no estaba»

Josep Maria Llorente dice que los afectados por pospolio necesitan ayuda porque toda acción les supone un gran desgaste

Vital, se resiste a llevar muletas hasta que no tenga más remedio

A pesar de todo, Josep Maria Llorente no renuncia a la natación. Puede que esté pagando un alto precio físico por su esfuerzo, su sobresfuerzo, pero nadar le hace sentirse mejor que peor. Durante un rato, de madrugada, nadar y meterse en la sauna le permite disimular la fatiga que le produce el síndrome pospolio desde hace unos años. «Esta fatiga antes no estaba y es comprensible que, para alguien que haya pasado lo mismo que yo, llegue a ser traumatizante», explica. Pero no es ese su caso. Con jovialidad, Josep Maria, de 60 años y vecino de Castellbell i el Vilar (Bages), se refiere con ese «antes» a la vida que disfrutaba cuando su cuerpo, después de contraer la polio, todavía era capaz de dotar de energía a su pierna izquierda, la extremidad afectada por el virus.

Y es que hasta hace poco la enfermedad que contrajo a los 4 años y le afectó, entre operaciones de fémur y tibia, hasta los 12, no se había vuelto a pronunciar; podía caminar bien y vivir sin el peso de un cansancio continuo. Es más, tras la infección pudo recuperar sin problemas la movilidad del brazo izquierdo, que también había tenido afectado. Tampoco le influyó de joven a la hora de hacer vida social: «Nunca pensé que aquella chica no me miraría por esto».

Jardinero, mecánico, trabajador textil y graduado social. Todo eso fue y es pese a su parálisis y su atrofia musculares, pese a su pierna izquierda. A Josep Maria la polio no le ha impedido formarse, trabajar y divertirse con su familia. Por eso ahora, con el síndrome pospolio acosándole, sigue trabajando como asesor fiscal y laboral después de ir a nadar, aunque solo sea unas pocas horas. Y por eso también se resiste a llevar muletas. «Tal vez dentro de un año mi problema será no llegar... Puede que usar muletas me suponga un trauma», admite.

En comparación con otros casos, Josep Maria valora que tuvo suerte: «Guardo un buen recuerdo de infancia, recibí un buen trato por parte del hospital, pero no puedo opinar lo mismo en la actualidad». Una pregunta del médico -«¿Si va en autobús tiene que agarrarse?»- y una respuesta, «sí», hizo que su grado de invalidez pasara del 33% al 38%. Cuenta, además, con una movilidad reducida y su objetivo es jubilarse a la misma edad que el resto. No obstante, considera que los afectados de polio y síndrome pospolio deberían tener la posibilidad de hacerlo antes porque su vida laboral es más corta: «Al trabajar y hacer cosas desgastamos mucho más nuestro cuerpo, necesitamos ayuda».

Lo intentó en el pasado. Pidió jubilarse de forma anticipada, si bien no lo logró. Principalmente porque «esto es polio y la tienes antes de incorporarte al mundo laboral», le dijeron. «Pero cuando llegas a cierta edad y sufres las secuelas de la enfermedad no puedes trabajar. Tener pospolio significa hacer sobresfuerzos, se trata de una discriminación social que no ocurre en otras situaciones o discapacidades a las que sí les dan sin problemas una invalidez», reivindica Josep Maria. «Abandono» es la palabra que utiliza para hablar sobre la vida con

pospolio. «Debemos hacer algo, el Estado debe hacer algo, por aquellos que no fueron vacunados y que ahora hacen un esfuerzo de superación», concluye.