Una tendencia social

Cambiar de vida

Reinventarse se erige en una opción ante la crisis pese a las muchas dificultades que conlleva volver a empezar

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JOAN CAÑETE BAYLE / Barcelona

«Problemas». En la terraza de la casa de sus padres en Cardedeu, Gemma Vidal (47 años) calla unos instantes. «Problemas...», repite, y se frena, una pausa no muy larga pero evidente, un titubeo tras el que se esconde otra vida, su otra vida: «Problemas de salud», termina. Dos problemas de salud, para ser exactos: un tumor cerebral a los 30 años y una intervención en el estómago a los 40, en el 2007, que la dejó «en dos ocasiones en una situación en la que los médicos no sabían si...». Y Gemma vuelve a interrumpirse, recordando. «El hecho de estar dos veces en una situación en la que no sabes si llegarás al día siguiente -recupera el hilo- me trastornó, en el sentido de que debes buscar objetivos para salir adelante. Y el mío fue: 'Si salgo de esta se acabó trabajar en la aseguradora', se acabó el sufrimiento sin motivo, se acabó llegar a casa, destrozada, a las once de la noche¿ Haré lo que sea, pero algo que me llene. Me da igual que deba renunciar a un contrato fijo, a una nómina... Así no puedo continuar. Se ha acabado'».

Y, efectivamente, se acabó. Divorciada años atrás y sin hijos, dejó primero el hospital y después su trabajo como agente de seguros. Alquiló su piso porque su pensión no daba para la hipoteca, regresó a casa de sus padres -«vivo una segunda adolescencia, tengo mi vida guardada en cajas de cartón, no es fácil ni para ellos ni para mí»- y empezó a estudiar Educación Social en la UOC. Ahora le falta un año para terminar y poner en marcha su proyecto, convertirse en una consultora externa de escuelas en asuntos sociales. Al borde de la muerte, Gemma decidió reinventarse. Y en ello está.

BUSCARSE LA VIDA Reinventarse. Una palabra de moda, un discurso dominante, un fenómeno creciente a lomos de la crisis. «La reinvención pretende encontrar un sentido a la vida, responder a preguntas del tipo: '¿Dónde estoy en mi vida? ¿Dónde estoy en mi profesión? ¿Qué quiero hacer?'», define el proceso Carlos Alonso, asesor de comunicación y autor de varios libros sobre reinvención.

Hay muchos tipos de reinvención, aunque la que predomina últimamente es la del parado que se ve obligado a buscarse la vida, emprender nuevos proyectos, abandonar vocaciones para abrirse nuevos caminos profesionales y laborales. Las cifras así lo indican: el 56,8% de la subida de ocupación detectada en la última EPA, hecha pública la semana pasada y correspondiente al segundo trimestre del año, se debe a los autónomos: más de 37.000 nuevos en solo un trimestre. Muchos de ellos son reinventados: han pasado de asalariados a crear su negocio, una de las pocas salidas a la crisis. Reinventarse forma parte de un mensaje que dice a la gente que es preciso cambiar para seguir viviendo en esta sociedad», analiza el psicoterapeuta José Antonio García Higuera.

«Aunque suene muy fuerte, he llegado a la conclusión que a los 39 años eres demasiado viejo para trabajar», dice Benjamín Recacha (39 años, periodista «vocacional», casado, con un hijo de 4 años). Su historia es signo de los tiempos: tras 20 años trabajando de periodista, hace año y medio se quedó en paro y cayó sobre él el peso de la crisis. «En este tiempo no me han llamado para ninguna entrevista», dice en la academia Ser y Estar de Badalona, donde colabora dos horas al día impartiendo clases de refuerzo.

Este «mini-mini-job» y el paro le permiten sobrevivir e impulsar su proyecto personal: escribir. Se ha autoeditado un libro,El viaje de Pau,que promociona en internet y prepara junto a su hermano, pintor, una novela gráfica. «Lo de reinventarse se ha puesto de moda, tienes que trabajar de lo que sea y yo, mientras pueda, me niego a eso, a trabajar de lo que sea. No renuncio a ser periodista, pero mi reinvención consiste en desarrollar mi otra pasión, escribir», afirma. «Humanamente compensa. Económicamente, por ahora, no», añade mientras sostiene su libro.

DESAPRENDER «Nos tenemos que basar en nuestros talentos, en aquello que nos gusta hacer y que no hemos desarrollado porque hemos estado demasiado ocupados», recomienda el psicoterapeuta García Higuera. «Desaprender cuesta muchísimo y da miedo. Si todo lo que sé ya no sirve, entonces, ¿qué es lo que sé? Nada», dice Antonio del Cerro, jefe de estudios de Psicología de la UB.

«Llegué a un punto en que me dije: necesito reinventarme, necesito buscar algo, hacer algo con mi vida». David García (32 años. Arquitecto) llevaba dos años en Barcelona cuando la «indignación» le pudo. En Pamplona, en los Sanfermines de hace tres años, David -sevillano del barrio de La Macarena- conoció a la barcelonesa Begoña. Se enamoraron, y dado que ella tenía trabajo y él no, David se mudó a Barcelona, dispuesto a empezar de cero. Arquitecto técnico, con experiencia profesional como jefe de obra en Sevilla, buscó sin éxito trabajo de lo suyo en Barcelona. Mientras, trabajaba de lo que surgía: camarero, teleoperador, asesor económico... «Lo que fuera».

RENUNCIA Y , poco a poco, David fue renunciando a la arquitectura, a la vocación en la que había invertido esfuerzo y dedicación. «No es fácil, esta renuncia, pero llega un momento en que, por aburrimiento, por impotencia, por lo que sea, poco a poco lo vas dejando apartado». Y lo dejó: junto a un socio ha montado una franquicia de reparación de móviles y venta de accesorios en Gràcia, que abrió hace menos de un mes.

«El primer paso es aceptar la situación», recomienda Meritxell Obiols, directora de un máster decoaching en la UB. Y alerta: «La palabrareinventarse suena bonita, pero es difícil. Hay que ser consciente de lo que supone: entrar en territorio desconocido, ponerse en valor, venderse...» «La gente cercana a mí -reflexiona Gemma Vidal- no acaba de entender que dejara un trabajo por nada. Y que empezara una carrera, tampoco. Pero me dejo llevar por mi intuición. Rompí de forma voluntaria, y sé que si pude hacerlo es por mis padres. Suerte tengo de ellos».

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EXPULSADOS Suerte, porque el proceso no es nada sencillo. Hace falta un colchón económico, apoyo familiar, comprensión... «Para reinventarte hace falta una necesidad. Hay gente que te dice que si estás loco, o cómo puedes hacer esto si tienes una carrera...», cuenta David. Eso si es una decisión voluntaria. Porque muchas veces tras este reinventarse se esconde una situación obligada, la necesidad imperiosa de cambiar de rumbo, de empezar desde la casilla de salida porque la sociedad previamente te ha expulsado del tablero. «El 98% de los que vienen a los cursos de reciclaje son mayores de 40 años y tienen experiencia profesional en todos los ámbitos, desde la peluquería a la banca», describe Teresa Muñoz, secretaria de formación de UGT. «Y todos vienen con la ilusión de encontrar trabajo, de empezar de nuevo».

Ilusión, sentimiento imprescindible para reinventarse que convive con el miedo y la incertidumbre. «Son sentimientos encontrados, pero muchas veces prima la ilusión de montar algo tuyo. Y cuando llegas al local y por primera vez abres la persiana y enciendes las luces...», describe con una sonrisa, David. «No echo de menos mi vida anterior -concluye su historia Gemma-. Tengo ilusión de que mi proyecto funcione. Lo que yo hice fue romper, de forma voluntaria, sin saber qué había después. Necesitaba hacerlo».