22 sep 2020

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2. La Font Màgica

Mariona Omedes: "De niña creía que había un mago dentro"

La ilustradora añora las tardes de domingo en que su abuelo, el dramaturgo Xavier Regàs, o la señora Carmen, que cuidaba de ella y de sus cuatro hermanos, la llevaban a la Font Màgica de Montjuïc

CRISTINA SAVALL / Barcelona

Para la ilustradora, diseñadora gráfica, realizadora y artista multimedia Mariona Omedes, la Font Màgica, la estrella de ese conjunto de cascadas que recorren el Palau Nacional hasta la plaza de Espanya, simboliza la alegría, el color, la vitalidad, pasar un rato agradable. «De niña, estaba convencida de que dentro del agua se escondía un mago, que era magia de verdad», cuenta la artista Premio Nacional de Cultura en la categoría de Audiovisuales y autora de los mappings El despertar de la casa Batlló y Enlluerna't, que se proyectó sobre la fachada del ayuntamiento de Barcelona con motivo de las fiestas de la Mercè 2009.

Para ella, la Font Màgica es el icono de Barcelona con los 2.600 litros de agua que manan por segundo en tres estanques concéntricos y sus 7.000 millones de combinaciones de agua y luz, según cálculos de su creador, el ingeniero Carles Buïgas, hijo del arquitecto Gaietà Buïgas, autor del monumento a Colón de la plaza del Portal de la Pau, al final de la Rambla. «No existe nada igual. Es el gran regalo que hace la ciudad a los viajeros, y a sus propios habitantes», expone Omedes, que ha vuelto en varias ocasiones a ese escenario en el que jugaba con sus hermanos Loris, Anna, David y Eduard.

«Llevé varias tardes a mis hijos Daniel y Maria, que lo han vivido con la misma ilusión que sentía en mi infancia», cuenta. Además el padre, el cineasta Manuel Huerga, fue desde 1986 hasta 1991 el realizador del piromusical de las fiestas de la Mercè que se celebra alrededor de la fuente. «Solo tengo buenos recuerdos de la Font Màgica».

Omedes explica que la fuente ornamental tiene sus raíces en la Exposición Internacional de 1929, cuando la avenida de Maria Cristina se vio iluminada con 116 obeliscos de cristal con tonos mutantes, intercalados por 42 fuentes luminosas. Su sueño es acceder al mundo subterráneo que se esconde debajo del manantial de luces, música y agua que cada noche congrega a cientos de turistas.

Ese mundo de ciencia ficción que mantiene intactos desde hace un siglo 109 válvulas, 134 motores eléctricos, 1,5 kilómetros de tuberías de agua y el laberinto de pasillos subterráneos «Es una visita que tengo pendiente, pero es que lo abren al público poquísimas veces».

A la diseñadora le gusta la proporción humana con respecto al monumento. «Ese contraste de siluetas oscurecidas ante la luminosidad que adquiere el agua». Enseguida tuvo claro el dibujo que haría. «Era una visión, sabía cómo quedaría antes de empezar a pintar».

El proceso creativo

Primero manchó papeles con acuarelas amarillas, azules, verdes y rosaceas para que la pintura se expandiera en pequeños riachuelos en forma de lágrimas. Después escaneó esas manchas y la ordenó cromáticamente y las situó a la mirada de un grupo de personas que contemplan el espectáculo con el Palau Nacional como fondo.

No es la primera vez que dibuja la Font Màgica. Ya la había reproducido en 1985 para una agenda ilustrada con dibujos en tinta china de lugares emblemáticos de Barcelona.