26 oct 2020

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EN RUTA CATALUNYA

De Empúries al delta de l'Ebre con Itzíar Castro

La actriz, que este verano ha estrenado en HBO la serie 'Por H o por B' y ha actuado en el festival de teatro de Mérida, se confiesa adicta a los baños en el mar

Este año aún no se ha dado sus dos zambullidas favoritas: una en la cala Pelosa del Cap de Creus y otra en las playas de la desembocadura del Ebro

Juan Fernández

En ruta Catalunya. Con Itziar Castro. / FOTO Y VÍDEO: DAVID CASTRO

Itziar Castro no dio por cerrado el confinamiento de la pasada primavera hasta que no vio su cuerpo completamente sumergido en el Mediterráneo. Ocurrió a finales de junio, tan pronto pudo viajar a Catalunya para abrazar a sus padres –“sin quitarme nunca mascarilla, que son grupo de riesgo y no quiero bromas con esto”, avisa-, ver a sus amigos y comer en un restaurante del Port Olimpic de Barcelona. Acabado el ágape, no se lo pensó dos veces: “Me quité la ropa y me lancé al agua. Ah, qué ganas tenía”, se emociona recordando.

Valga esta playa urbana para saciar las ansias de mar de esta actriz barcelonesa de 43 años que desde hace tres vive con el ancla echada en Madrid. “Lo que peor llevo es tener el Mediterráneo tan lejos, pero al menos está el AVE. Subo a él igual que otros suben a la montaña”, asegura esta “adicta” a los baños marinos.

Este verano aún tiene pendientes los sagrados zambullidos que suele darse en sus dos rincones favoritos de Catalunya, situados en ambos extremos del litoral. “Uno está en cap de Creus. Voy mucho a una playa maravillosa que hay justo detrás del Bulli que se llama cala Pelosa. Es pequeña, de piedras, profunda, de esas típicas de la Costa Brava en las que te metes y en seguida te hundes y tienes la sensación del agua fría”, detalla.

De cine

No lejos de allí, al otro lado del golfo de Roses, junto a las ruinas romanas de Empúries, hay otra playa que forma parte de su historia más íntima y personal. “Mis padres me llevaban de pequeña y es allí donde empecé a nadar. Cada vez que voy, cierro los ojos y es como si volviera a cuando tenía seis años”, rememora. La playa está presidida por el hostal Empúries, un establecimiento “de cine” –en él se rodaron escenas de la película ‘Dieta mediterránea'- que también está ligado a su memoria. “De pequeña solía decir: cuando sea mayor me quiero casar en ese hotel. Resulta que ahora lo lleva una amiga mía. Siempre que puedo, me escapo por allí”, revela.

En la otra punta de la costa catalana se encuentra el plan b veraniego de Itziar Castro. Esta vez no hay colinas escarpadas ciñendo calas profundas, sino arenales infinitos de una horizontalidad que abruma. “Me encanta el delta de l’Ebre”, confiesa antes de lanzarse a describir: “La Costa Brava está muy explotada, pero al delta puedes ir en agosto y parece que estés en septiembre. Cada vez que voy, encuentro a señoras mayores en bicicleta cargango los tomates y las frutas que han recogido de la huerta. Esa esencia de pueblo, de gente de toda la vida que mantiene las raíces, me da mucha paz. Y esos arrozales, con los flamencos… Es todo tan vintage…”, se ríe.

Restaurante familiar

Pero no es la tranquilidad lo único que la actriz busca en este lugar. “También suelo ir al Eufonic, un festival de música que hacen aquí y que es muy divertido”, añade. No está claro que Castro pueda volver por estos pagos este año. Acaba de estrenar en HBO ‘Por H o Por B’, la serie que rodó para Globomedia antes del confinamiento, y del 5 al 9 de agosto ha estado en el festival de Mérida representando ‘La comedia de la cestita’ de Plauto. Un verano intenso después de una primavera en la que se vinieron abajo todos sus proyectos laborales. “Eso sí, durante el confinamiento no paré de hacer vídeos y colaboraciones. Todo solidario, sin ver un euro, pero al menos me mantuve activa”, explica.

Donde sí será fácil verla algún día es tras la barra del restaurante Nou Cau que regenta su familia en la urbanización Fontpineda de Pallejá (Baix Llobregat). “Me he criado entre fogones, he servido en las mesas, he enseñado a las camareras a hacer cócteles y siempre que voy a ver a mis padres, me meto a echar una mano”, explica. Es aquí donde se encuentra el final del hilo del que ella tira cuando quiere volver a palpar sus raíces, y donde prevé regresar antes de que acabe el verano. Aunque solo sea porque no hay nada mejor para cargar las pilas que un plato de comida cocinado en casa.

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