12 ago 2020

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Ruta de fiestas

Quimi Portet: "Las fiestas mayores fueron mi escuela"

El cantante y guitarrista recuerda cómo el circuito de verbenas y 'envelats' le marcó el camino para ser "músico popular en un sentido estricto, de entretener al personal"

Jordi Bianciotto

Quimi Portet, en una foto de archivo.

Quimi Portet, en una foto de archivo. / FERRAN SENDRA

Como tantos otros músicos de ayer y hoy, Quimi Portet se adiestró tocando en las fiestas mayores de los pueblos, escenarios que ahora no frecuenta, pero de los que guarda pintorescos recuerdos. Nos habla de ello mientras ultima los detalles de su nuevo disco, el primero que graba en directo (incluyendo dos canciones inéditas) y que espera lanzar en otoño.

-Hasta los astros inter-comarcales como usted tienen un pasado en las fiestas mayores.

-Claro, era el único circuito consolidado que había en los 70, y todos los músicos debíamos reciclarnos hacia ese mundo un poco equívoco del baile. A ciertas horas, cuando el público ya estaba un poco intoxicado, le podías colar tus canciones, pero la misión del grupo era distraer a la gente y hacerla bailar.

-Las fiestas, ¿fueron su escuela?

-Sí, y para toda una generación anterior: Sisa, la Orquestra Plateria, Jordi Batiste creando el personaje de Rocky Muntanyola... Yo también toqué en un grupo de fiestas mayores, The Kilimanjaro’s.

-¡The Kilimanjaro’s! ¿Verbena exótica?

-Era un grupo humorístico y pensado para encontrar trabajo en verano. Éramos unos ‘peluts’ infectos, pero teníamos preparados unos cuantos pasodobles y cosas así. Yo componía canciones con pretensiones rockeras, y algunas las tratábamos de pasar disimuladamente por canciones de baile. Luego siempre salía alguien que te gritaba “¡tócate una rumba!”, y si la situación se ponía grave, la tocabas, o improvisabas un rock and roll como ‘Johnny B. Goode’, que solía colar.

-¿Alguna canción de su discografía personal o de El Último de la Fila viene de aquella época?

-Diría que no, aunque ‘Como un burro amarrado en la puerta del baile’ es una canción totalmente pachanguera y homologable con la fiesta mayor y el ‘envelat’. En otros temas, El Último de la Fila tendía al arte y ensayo, pero en este la pachanga no está ni filtrada.

-¿Qué sacó de aquellos años?

-Las fiestas te obligaban a ser músico popular en un sentido estricto, de entretener al personal, ya fuesen señoras mayores, críos que revoloteaban por ahí o que tiraban petardos... Empezar ahí te hace coger tablas. Ahora ves a Manolo (García) y se nota que viene de ahí, de hacer versiones y de entretener. Manolo, si se despista alguien de la fila 76, se da cuenta, y eso viene de entonces.

-Aquello debía rebajar el ego del señor músico: se ponían a disposición de los deseos del público.

-Claro, se trataba de entender qué es lo que hace que el público esté contento. Ahí lo veías claro.

-En la escena catalana, la fiesta mayor, ¿ha potenciado el desarrollo de estilos musicales? El ‘rock català’ de los 90 o la música de verbena de los últimos años.

-Quizá. Esa música hiperfestiva, juvenil, de grupos como Txarango, está muy relacionada. Es la tradición que tuvo como pioneros a Dusminguet, con Joan Garriga. Música que nace con esa voluntad: te la imaginas en una verbena con petardos. El rock, en cambio, yo lo veo más introspectivo. Siempre me ha parecido paradójico que las canciones de rock acaben sonando en estadios y espacios enormes.

-El imaginario de las fiestas mayores se cuela en sus canciones, como en esa delicia titulada ‘Si plou, ho farem al pavelló’.

-Esa es una frase que todo el mundo ha oído alguna vez: el concierto que se iba a celebrar en la plaza mayor y que ha acabado en el pabellón porque estamos en agosto y ha caído un chaparrón tremendo, y venga a trasladarlo todo. Da mucha risa. A mí, la especie humana me da risa, y me gusta, y como materia prima me sirve mucho.

-Y su último disco es ‘Festa major d’hivern’ (2018). Un claro homenaje.

-Sí, pensando sobre todo en esas fiestas mayores de invierno, que también existen y que son un desastre: la gente con anoraks, botas, arrastrando constipados, tosiendo y bailando la conga. Recuerdo fiestas mayores de invierno patéticas, a dos bajo cero, tocando con guantes... Es el triunfo de las ganas de pasarlo bien. Da mucha risa, y en el fondo hay una ternura. Hay que ver lo que somos capaces de hacer con tal de pasarlo bien y de ligar.

-¿Cuál es su fiesta mayor favorita?

-Yo me crie en Barcelona, pero las fiestas de Vic, en casa de los abuelos, me gustaban mucho, aunque no fueran las más animadas del mundo, porque los ‘vigatans’ son gente sobria. Y luego, las de los pueblos pequeños en el Pirineo, donde con un acordeonista en un pajar te montan un pollo que dura dos días.