El veredicto de las urnas

Las tres Catalunyas que dejan las elecciones del 14-F

  • ERC ha conseguido su doble reto de recortar la distancia con el PSC en el área metropolitana y con JxCat en las comarcas del interior

Las tres Catalunyas que dejan las elecciones del 14-F
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Los dos bloques que apuntaló el proceso independentista siguen plasmados en el mapa de Catalunya después de las elecciones autonómicas del 14 de febrero. Pero la gama cromática ha variado en ambos costados. El electorado no secesionista confió ampliamente en Ciutadans en 2017 y ahora ha vuelto a migrar en buena medida al caladero socialista. Del naranja al rojo. En el independentismo continúan predominando dos colores y su presencia se ha equilibrado tras una convocatoria electoral que ha dado por primera vez el control del 'procés' a ERC.

De hecho, los republicanos consiguieron el pasado domingo el doble reto que se habían marcado en estos comicios: recortar la distancia con el PSC en el área metropolitana de Barcelona y con JxCat en las comarcas del interior de Catalunya. La felicidad no fue completa porque socialistas y posconvergentes mantienen su hegemonía en estas zonas, pero Esquerra, en cambio, se hizo fuerte en Lleida y en las Terres de l'Ebre.

Los socialistas de Salvador Illa, ganaron las elecciones con casi 50.000 votos más que ERC y más de 80.000 sobre JxCat, y son el único partido que obtuvo más apoyo que en 2017 (Vox aparte). Pero es la primera vez que la formación vencedora no alcanza el 25% de los sufragios (se quedó en el 22,7%). El PSC recabó su mejor resultado desde 2006 y los 104 municipios donde se impuso representan más del 60% del censo. El área metropolitana de Barcelona, la costa de Tarragona y el Vall d'Aran fueron sus principales feudos, pero volvió a flaquear en la Catalunya interior. Su mejor registro fue en La Llagosta (43,9%) y el peor, en Anglesola (2,6%).

El candidato republicano, Pere Aragonès, cosechó el segundo mejor resultado de ERC en solitario en unas elecciones autonómicas y empató en escaños con el PSC. Sin embargo, perdió uno de cada tres votantes respecto a los comicios de 2017. Logró la victoria en 248 localidades, un centenar más que tres años antes, y consolidó su primacía en el sur del país y en Lleida. También consiguió ganarle terreno a los socialistas en el área metropolitana y a JxCat en Girona y la Catalunya central, pero sin demasiados 'sorpassos'. El mayor porcentaje de voto a Esquerra se dio en Cervià de les Garrigues (43,2%) y el menor, en Bossòst (10,1%).

Por su parte, Junts per Catalunya, con Carles Puigdemont y Laura Borràs al frente, fue la primera fuerza en seis de cada 10 municipios de Catalunya, pero fueron un centenar menos que en 2017. Si se compara con CiU, JxCat consignó el peor resultado en unas elecciones catalanas para la posconvergencia, quedándose por debajo del 20% de los votos y perdiendo uno de cada tres apoyos respecto a los anteriores comicios. La provincia de Girona sigue siendo el gran fortín de Junts, con Amer, el pueblo natal de Puigdemont, como el municipio donde recabó mayor porcentaje de papeletas (58,9%). En el otro extremo, Badia del Vallès, donde solo les votó el 2,9%.

Durante la campaña electoral, en este diario explicamos que era en las ocho principales poblaciones que se emplazan a lo largo del Eix Transversal donde se iba a decidir el duelo entre Aragonès y Borràs. Un chequeo al dictamen de los votantes de estas localidades permite comprobar que, en efecto, la diferencia entre ERC y JxCat es ahora menor, aunque los republicanos solo se adjudicaron el 'sorpasso' a los posconvergentes, y por los pelos, en Lleida capital: Junts le sacó a Esquerra dos décimas en 2017 y ahora Esquerra, que creció, le ha sacado 7 décimas a Junts, que decreció.

A punto del vuelco se quedaron las huestes de Aragonès en Cervera, donde redujeron la ventaja de JxCat de 11,5 a solo 2,8 puntos, fundamentalmente porque los puigdemontistas retrocedieron 7 puntos respecto a 2017. En Igualada perdieron fuelle los dos, pero más Borràs, que se dejó seis puntos, por lo que la ventaja de Junts se redujo a la mitad y ahora es de 4,7 puntos. Mayor fue la caída posconvergente en Mollerussa, de hasta nueve puntos, que hizo que la distancia sobre ERC pasase de 16 a 6 puntos.

Manresa y Tàrrega repitieron el mismo esquema, pero con bajadas más contenidas de JxCat. En Girona capital, la ventaja de Junts sobre Esquerra fue tres puntos inferior a la de 2017, aunque el sigue siendo muy significativa, de 15,4%. Nada comparado, no obstante, con el colchón que los puigdemontistas tienen en Vic, histórico bastión convergente, donde Aragonès se dejó tres puntos y Borràs, solo dos, con lo que la diferencia entre ambas fuerzas escaló hasta los 22 puntos.

La otra balanza que iba a decantar la victoria electoral se situaba en la conurbación de Barcelona, entre otras cosas porque concentraba el mayor porcentaje de indecisos. El PSC recobró la pujanza que había perdido, pero ERC avanzó significativamente y quedó como segunda fuerza en 28 de las 36 poblaciones del área metropolitana, y por delante de los socialistas en dos de ellas, Molins de Rei y Sant Cugat del Vallès.

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Las diferencias de voto entre socialistas y republicanos oscilaron entre los 3 puntos de Sant Vicenç dels Horts, el pueblo de Oriol Junqueras, y los 26 puntos de Santa Coloma de Gramenet, por lo que la diferencia media se situó alrededor de los 15 puntos. En la ciudad de Barcelona, la distancia a favor del PSC fue de 4,5 puntos, cuando ERC le había ganado por 6,4 puntos en las elecciones de 2017.