Ir a contenido

    CUARTO DÍA DE CAMPAÑA

    Desdramatizar la cosa

    Rafael Tapounet

    Empezó ayer el día de manera sorprendente, con Artur Mas invitando al empresariado a «desdramatizar» el debate soberanista abierto en los últimos meses en Catalunya. Miradas de perplejidad en el auditorio. Carraspeos. ¿Cómo? ¿Desdramatizar? ¿Pero no habíamos quedado en que el Parlament que surja de las urnas el 25-N «tendrá que hacer frente a una misión histórica, probablemente la más compleja, trascendente y arriesgada de los últimos 300 años»? ¿No es eso lo que dijo Mas el día en que convocó las elecciones? ¿Y cómo se desdramatiza eso? ¿Acaso Moisés desdramatizó la situación cuando compareció ante los ancianos israelís para comunicarles que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob le había encargado sacar a todos los hebreos de Egipto y pastorearlos por el desierto hasta llegar al país donde abundan la leche y la miel? No lo hizo, no. Claro que Moisés no se vio en el trance de tener que convencer de las bondades de su proyecto a los miembros del Instituto de la Empresa Familiar. Mas, sí.

    Potente lobi

    El Instituto de la Empresa Familiar (IEF) es, como su nombre apunta, una asociación que agrupa a un centenar largo de compañías controladas por la parentela de las personas que o bien las fundaron o bien adquirieron en un momento determinado la mayoría de su capital social. Es un lobi potente, cuyos asociados generan el 16% del producto interior bruto español (PIB). Tiene buenos bíceps, vaya. Estos días, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su fundación, anda celebrando en Barcelona su 15º congreso. El momento y el lugar han convertido la cita en algo, por así decir, problemático.

    Catalunya es la comunidad que más empresas familiares aporta al IEF, en cuya junta directiva conviven ejecutivos con puntos de vista bien diversos respecto al asunto de la soberanía. Un dato: entre los vocales de la entidad figuran uno de los principales accionistas de la empresa editora del diario Ara (Artur Carulla) y el editor de La Razón (José Manuel Lara). Así de heterogénea es la cosa. De modo que, a fin de no molestar demasiado a nadie, se ha llegado a un acuerdo tácito para pasar de puntillas sobre la cuestión. El presidente del Instituto de la Empresa Familiar (que también lo es del Grupo Acciona), José Manuel Entrecanales, soslayó ayer por completo el problema catalán en su discurso de presentación, pese a que algunas fuentes habían apuntado días atrás que tenía intención de lanzar algún mensaje en defensa de la unidad de España. No lo hizo. Y Mas, en justa correspondencia, sacó del cajón la versión moderada de su discurso: afirmó que «el horizonte es una Europa federal con un gran poder central», señaló que, en ese escenario, «el número de estados es lo de menos» y animó a los presentes a «desdramatizar» el conflicto. Como diciendo: «Ni lo vais a notar». Puro Mas style.

    El Príncipe calla

    Andaban también por el foro empresarial el príncipe Felipe -que comparte con el IEF la defensa de la continuidad generacional como un elemento de alto valor estratégico- y el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. El primero, en quien tantas esperanzas tiene depositadas Oriol Pujol (otro paladín de las transferencias dinásticas), presidió un almuerzo en el palacio de Pedralbes pero, prudentemente, se abstuvo de hacer discurso alguno. Rubalcaba, por su parte, advirtió a los empresarios de que las tensiones territoriales hacen que los inversores piensen cosas como esta: «Además de la deuda que tenéis, ahora resulta que no sabéis quiénes sois ni adónde vais». Y que, claro, se vayan con el dinero a otra parte.

    Para evitar, justamente, que los emprendedores se vayan con el dinero a otra parte (a Singapur o a las Islas Caimán), la patronal catalana Foment del Treball hizo público un documento con 100 propuestas que, a su juicio, deberían guiar la política económica del próximo Govern. Las peticiones van de lo previsible (supresión del impuesto de patrimonio, eliminación del gravamen complementario del IRPF...) a lo novedoso (reducción del 20% en el número de municipios). Nada de Estado propio o similar.

    La frase de Margallo

    Y, bueno, en esas estábamos, intentando desdramatizar el tema, cuando llegó el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, y, en una audaz pirueta dialéctica, afirmó que la convocatoria de un referendo para conocer la opinión de los catalanes sería «un golpe de Estado en términos jurídicos». Extraordinaria analogía. Y dijo más. Afirmó que es «absolutamente imposible» llevar adelante la consulta que propone Mas porque, si se convoca, «el Gobierno recurrirá y el Tribunal Constitucional suspenderá el referendo». Y añadió que, si aun así el presidente de la Generalitat persiste en su «claramente ilegal» tentativa de consultar al pueblo de Catalunya, estará incurriendo «en un delito de prevaricación» y, por tanto, podría ser perseguido.

    La embestida obligó al líder de CiU a colgar en el perchero el traje de moderado que había elegido para pasar la jornada, embutirse en el disfraz de campaña y responderle al ministro que no dejar que los catalanes puedan pronunciarse sí sería un «golpe de Estado democrático».

    Horas después del rifirrafe, García-Margallo se reunió en Madrid con el enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, Christopher Ross, y defendió «una solución política justa y duradera» al conflicto basada «en la libre determinación» del pueblo saharaui.

    0 Comentarios
    cargando