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Vero Cendoya: "Es alucinante que la gente aún cambie cromos en Sant Antoni"

La bailarina, coreógrafa y pintora lamenta que en Barcelona "no se lleve más la comida en la calle como los 'foodtrucks'"

Carme Escales

Vero Cendoya, en su taller.

Vero Cendoya, en su taller. / ROGER PLA

Si por la Gran Vía pasea una perra marrón claro mezcla de bóxer y labrador que responde al nombre de Petrus, vale la pena fijarse bien en ella porque se trata de una artista. El 22 de abril actuará en El Sismògraf de Olot, el festival de danza (del 18 al 22 de abril) al que su dueña, Vero Cendoya (Barcelona, 1976), lleva su espectáculo C.O.S., inspirado en su viaje a Grecia como voluntaria al lado de refugiados. Esta vecina del Eixample dirige también la coreografía que pone en diálogo la danza contemporánea y el fútbol en La partida, coproducida con Fira de Tàrrega, que hasta este domingo 25 se representa en el Mercat de les Flors.

-Usted, que ha bailado en compañías de Israel y Alemania -también para las de Sol Picó y Mar Gómez-, ¿añora algo de otros países? 

-Me da pena que en Barcelona no se lleve más la comida en la calle, los foodtruck (puestos de comida móviles). Aunque me imagino que debe ser por un tema de permisos. Solo ves estos puestos con sus perritos calientes en festivales pese a la variedad y calidad culinaria que tenemos.

-¿Cuáles son sus lugares preferidos en el barrio de L'Antiga Esquerra de l'Eixample donde vive?

-Uy, diría todo bares. Han abierto un montón de ellos con terrazas, de esos en los que dejas medio culo fuera sobre bancos con cojines. La Volàtil (Muntaner, 6) me gusta mucho para tomar unos vinitos. Hay también una librería muy chula, la Calders (pasaje de Pere Calders, 9). Lo que falta son sitios para ir con perros, así como tienen, por ejemplo, en el mercado del Ninot, y también zonas verdes para pasear.

-¿Está expectante ante la reapertura del mercado de Sant Antoni?

-¡Sí, y tanto! Imagino cómo lo deben esperar los pobres paradistas. Ahora, los domingos sobre todo me encanta ir a pasear por allí, a mediodía. El mercado siempre hace sentirte parte de una comunidad. Y es alucinante que la gente aún cambie cromos, algo que se ha hecho toda la vida.

-Además de bailar y dirigir, y asesorar en movimiento a Blanca Portillo y Carol López, también pinta. 

-En la calle del Comte Borrell tengo mi local de ensayo y taller de pintura, La Palomera. Allí pinto siempre que encuentro un momento o tengo encargos como los cuatro libros infantiles que he ilustrado.

-¿Siempre ha vivido en el barrio?

-Yo nací en la plaza Molina y llegué aquí desde La Dreta de l'Eixample, que es más familiar. La izquierda es más de solteros y gente de todas partes, concentra mucha vida.

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