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UNA HISTORIA DEL EIXAMPLE

El edificio de la vida

La Casa de la Lactància, ahora geriátrico municipal, acogió bebés durante 80 años

ANNALISA PALUMBO / BARCELONA

El patio que hace un siglo resonaba de vagidos de bebés ahora se llena de recuerdos de mayores. La Casa de la Lactància, hoy Residencia Municipal Francesc Layret (Gran Via de les Corts Catalanes, 475-477), es todo un ejemplo del modernismo gotizante de principios del siglo XX. Proyectado en 1907 por Pere Falqués, fue construido por el arquitecto Antoni Falguera, que lo acabó en 1913.

El edificio de dos plantas con la conformación típica del Eixample, un patio interior y una fachada majestuosa, fue durante 80 años el lugar donde Barcelona amamantó a sus hijos. "A principio del siglo XX, en la ciudad moría uno de cada cuato bebés. El ayuntamiento quiso crear un lugar donde, además de alimentar a los niños, las gestantes pudiesen aprender cómo alimentarse y cuidar de sus recién nacidos -relata Carolina Chifoni Flores, historiadora-. Hasta se hacían conferencias sobre cómo amamantar a los niños o cómo tratar la leche de vaca".

El propósito de la ciudad está representado en la escultura que domina el edificio. La cerámica vidriada de un tenue azul de la fachada deja espacio a la piedra de Montjuïc que el escultor municipal Eusebi Arnau utiliza para adornar la casa. En el eje central, una matrona amamanta a un niño. A su lado, una niña tiene un biberón de cristal en la mano. Arnau rodea la matrona de un padre musculado y un pescador. "Ambos se identifican por las vestimentas y representan a los grupos sociales que acuden a la casa para que la ciudad se ocupe de sus hijos", afirma Sergio Fuentes Milà, doctor en historia del arte.

"Los capullos de flores incrustados en la puerta de madera representan el nacimiento. Conforme asciende la fachada, las flores se abren como niños que crecen", sigue Fuentes. Esas mismas flores se encuentran en las barandillas del patio interior, que está decorado con mosaicos y vidrieras de Lluís Bru, artista municipal y autor de las vidrieras de La Boquería.

TRES PISOS MÁS

En 1982, la Casa de la Lactància cerró y el Ayuntamiento convirtió paradójicamente el edificio en residencia de ancianos, bautizándolo con el nombre de Francesc Layret, político y abogado catalán. Se añadieron tres plantas más con una estructura de hierro y cristal, en contraste con la fachada modernista. "Este edificio se reformó en 2015 y, para preservar el patrimonio artístico de la fachada, no pudimos poner una rampa de acceso. Por ello se ha instalado un ascensor hidráulico", explica la directora del centro, Iolanda Torres.

El comedor de la residencia era el paritorio donde centenares de mujeres dieron a luz a sus niños. Una de ellas, Carmen Fuster, de 62 años, hoy trabaja en el centro como limpiadora. "Parí a mi hija Mireia en esa misma sala, en 1980", afirma. "Es raro pensar que algunas personas han nacido y muerto luego de mayores aquí", añade Fuster mientras mira las flores que representan a los hijos de la ciudad.