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UNA HISTORIA DEL EIXAMPLE.. el palacio Montaner

La mansión impresa

El edificio que alberga la Delegación del Gobierno, inspirado en el modernismo italiano, lleva 120 años en Roger de Llúria con Mallorca

MARTA ALCÁZAR / BARCELONA

De las pocas mansiones modernistas que sobreviven en Barcelona, el palacio Montaner es una de las mejor conservadas. Mansión inspirada en el modernismo italiano, habita el cruce de Mallorca con Roger de Llúria desde hace más de 120 años. El friso del voladizo en la parte superior de la fachada enmarca el año de su construcción, 1893, junto a elaborados mosaicos que ilustran la invención de la imprenta.

La Delegación del Gobierno, que tiene allí su sede desde 1980, lo mantiene cerrado al público. Pero esxiste la posibilidad de visitar esta obra de los arquitectos Ramon Domènech Estapà y Lluís Domènech Montaner con el itinerario La Montaner i Simon. Una editorial amb història, que organiza la Fundació Tàpies.

CAMBIO DE ARQUITECTO

Ramon Montaner, dueño de la editorial Montaner i Simon, encargó la construcción de la lujosa residencia al arquitecto Josep Domènech Estapà, al lado del palacete de su socio Francesc Simon. "A mitad de la obra surgieron desavenencias con el arquitecto y Montaner encargó la finalización a su sobrino, Domènech Montaner", explica Maria Sellarès, coordinadora de proyectos educativos y guía de la Fundació Tàpies.

Al atravesar la puerta principal, sorprende una escalera de honor, flanqueada por barandas modernistas y coronada por una colorida claraboya de cristal de motivos florales. A sus pies, encuentra varios mosaicos de mármol y paredes cubiertas de sinuosos paneles de madera entallada sobre el arte de imprimir.

En la guerra civil, la antigua residencia pasó a ser un centro formativo, el Institut Balmes, hasta 1942. En 1950 la Falange compró el Palau Montaner y lo convirtió en Jefatura del Movimiento hasta el fin de la dictadura. "A finales de los 70, el ayuntamiento quería abrir aquí un casal del llibre, en honor a su antiguo propietario", explica Sellarès. Pero finalmente quedó en manos gubernamentales.

"Me sorprende que esté tan bien conservado", explica Maria Cabanillas, una de las visitantes de la última ruta. El 12 de noviembre, la Fundació Tàpies organiza otra excursión al edificio.