03 abr 2020

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Begoña Ruiz de Infante, sinóloga: "El destino del mediador es desaparecer"

LUIS BENAVIDES / BARCELONA

Cuando Begoña Ruiz de Infante (Vitoria-Gasteiz, 1965) acabó la carrera de filología románica marchó a ver mundo y recaló en China. Se diplomó en el Instituto de Lenguas de Pekín y trabajó como profesora de español y como corresponsal para la agencia Efe. En 1999 vuelve a su país y, casualidades de la vida, acaba en el barrio de Fort Pienc, donde vive un gran número de vecinos de origen chino.

-¿Tenía nociones de chino cuando dejó su Vitoria natal?

 

-No, pero al poco tiempo descubrí que me encantaba ese idioma. Estudiaba cuatro horas cada día, de lunes a sábado. En esa época no te podías comunicar con el inglés como ahora y la inmersión todavía era mayor. Ellos estudiaban más el ruso, por proximidad geográfica y afinidad política.

-¿Cómo fue el regreso?

-Nos mudamos a Barcelona por una oferta de trabajo y fue duro, porque empezábamos de cero. Pero Fort Pienc me encantaba. Es céntrico, tiene parques, aceras anchas y, sobre todo, se respira un ambiente de pueblo. Aquí tengo vecinos que se han convertido en verdaderos amigos.

-Y encontró una numerosa comunidad china. 

-Sí, descendientes de los pioneros, por llamarlos de alguna manera, que comenzaron a ganarse la vida en Santa Coloma de Gramenet, Mataró y Badalona.

-¿Cuándo comenzó a trabajar con la comunidad china?

-Fue en Santa Coloma, en el 2001. La comunidad china parecía invisible: se veía un incremento en el padrón, pero no se notaba ni en las calles ni en el uso de los servicios públicos. El ayuntamiento tenía un Centre de Informació i Assessorament a la Població Estrangera, y allí trabajé durante seis años como intérprete y mediadora. Luego estuve otros cuatro años en Badalona, con un plan de desarrollo comunitario.

-Entonces comienza a trabajar en su barrio, Fort Pienc. 

-Sí. Se acabó el proyecto en Badalona porque el ayuntamiento tomó otros derroteros políticos y me llamaron de un proyecto visionario.

-¿Visionario?

-Me pareció revolucionario porque el proyecto Xeix, impulsado por la Associació de Comerciants Eix Fort Pienc con el apoyo del Distrito del Eixample, no era el clásico programa asistencial. Xeix aborda la comunidad china como un elemento con un gran potencial.

-¿Cuáles son sus funciones?

-Generar puentes de información, fomentar la participación y crear sinergias entre vecinos, comercios, entidades e instituciones del barrio.

-Recientemente Xeix ganó un premio europeo, el Diversity Advantage Challenge.

-Sí, se presentaron 63 proyectos y escogieron Xeix porque aborda la diversidad como un activo más.

-¿Ese es el secreto de la implicación de los chinos en Fort Pienc? 

-Sí, estaban esperando un proyecto así para participar más en la vida social y económica. Ahora hay más de un 20% de asiáticos asociados. Ellos también quieren lo mejor para su barrio, donde viven y trabajan.

-¿El estereotipo del chino que no sabe castellano es cierto?

-Eso puede pasar con los mayores, porque delegan en sus hijos. La distancia lingüística entre el chino y las lenguas románicas es grande.

-Que un mediador sea necesario en un barrio, ¿es mala señal?

-En absoluto. Significa que existe una voluntad de mejora. Pero sí, nuestro destino es desaparecer o evolucionar.