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Un colegio que se volcó en los niños enfermos

En el diseño de la Escola Ramon Llull, inaugurada en 1931, participó un médico

ANNALISA PALUMBO / BARCELONA

Risas y gritos de niños animan el patio de la Escola Ramon Llull (Diagonal, 275). Esgrafiados noucentistes adornan la fachada recién remodelada: unos pedagogos ojean la Diagonal y unos ángeles vigilan a los niños en el recreo.

En 1916, el Ayuntamiento creó la Comissió de Cultura, que tenía como objetivo la creación de escuelas públicas. "El Ayuntamiento compró solares en toda la ciudad. Aquí había un convento de monjas, hasta que Josep Goday proyectó la escuela", explica Marc Cuixart, arquitecto director de la remodelación de la escuela y nieto de Goday.

Proyectada en los años 20, la Escola Ramon Llull se terminó de construir en 1931. El retraso se debió a la dictadura de Primo de Ribera. Tomó el nombre de Ramon Llull (Mallorca, 1232-1315), filósofo, poeta y misionero. El centro educativo fue creado gracias al trabajo conjunto de un arquitecto, un pedagogo y un médico, ya que solo el 14% de los niños que estudiaba en el centro estaba sano. "En aquellos años las escuelas estaban colocadas en puntos estratégicos para que casi ningún niño tuviese que recorrer más de un kilómetro y medio andando para llegar a clase", sigue Cuixart.

 

A pesar de su modernidad, la escuela no pudo acoger clases mixtas y se proyectaron dos bloques simétricos para separar niños y niñas. "Los espacios, el volumen de las aulas y la luz confieren a esta escuela una modernidad aplastante", opina Cuixart. En el último piso, justo debajo del tejado, hay un espacio polivalente que ahora acoge un teatro. En los años 30 funcionó como cine.

Con Barcelona, posa't guapa, de cara a los Juegos de 1992, los esgrafiados de la fachada fueron cubiertos de barniz. Con la actual remodelación del edificio se han recuperado los colores originales, se han cambiado las tejas y se ha aislado térmicamente la cubierta.

"Para la mentalidad de la época, cuando las escuelas públicas eran indignas, esto era un palacio", afirma Isidoro Liébana, director del centro. Los pasillos, colocados en la parte trasera del edificio para dejar las aulas encaradas al sur, son amplios, decorados con fuentes y pequeños espacios para jugar. "Es como una ciudad en miniatura, con su patio, sus vías, su plaza", dice Cuixart.

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