Educación
Empezar de cero en otro país: la maestra de Figueres que ha hecho de los cambios una forma de vida
Carla Dabau explica su experiencia como docente en Estados Unidos, Holanda y Suiza

Imagen de Carla Dabau. / Carla Dabau
Carla Dabau es una maestra de Figueres que ha hecho de la curiosidad y de los cambios de país una forma de vivir y de enseñar. Quiere llegar a los jóvenes de Catalunya para mostrar que «hay más salidas de las que a menudo imaginamos».
Desde joven, Dabau tenía claro que quería marcharse a conocer mundo y salir de su zona de confort. Ha vivido en Suiza, Holanda y Estados Unidos, donde ha podido impregnarse de distintas maneras de entender la educación. «Mi perspectiva ha cambiado con los años, y creo que el hecho de haber pisado diferentes países y haber visto distintas formas de hacer las cosas te hace adquirir conocimiento», explica la maestra.
Cuatro sistemas educativos diferentes
Estados Unidos, Holanda, Suiza y España. Cada país tiene una manera distinta de entender el papel del maestro; hay sistemas muy académicos y otros más abiertos. Dabau explica que en la escuela de Minnesota no había libros y que, gracias a ello, aprendió a «crear material adaptado a las necesidades que en aquel momento tenía ese tipo de alumnado».
Después de un año en Estados Unidos, volvió a Cataluña. Trabajó en Figueres y Barcelona, pero reconoce que la experiencia vivida había cambiado su perspectiva. «Venía de un sistema muy diferente y sentía que mi pueblo se me había quedado pequeño», recuerda. Poco después, ella y su pareja decidieron que quien encontrara primero trabajo en el extranjero marcaría el siguiente destino.
La maestra de Figueres se trasladó a Holanda, donde trabajó, por primera vez, en un colegio internacional. «No sabía lo que era. Más allá de que no hubiera libros y de poder guiarte en cuanto a la programación, el punto de partida es que no hay objetivos. Los objetivos se elaboran en la escuela y decides qué es lo que hay que aprender», señala.
Tener que diseñar ella misma el currículum le permitió aprender mucho y ser más realista a la hora de fijar objetivos educativos. Sin embargo, a pesar de trabajar en un centro donde pudo iniciar proyectos personales, en Holanda nunca llegó a sentirse parte ni del país ni de su cultura. «Me quedó esa espina, porque no puse suficiente de mi parte para aprender su idioma y, del mismo modo que a todos nos gusta que en Catalunya se aprenda catalán, ¿por qué no hacemos lo mismo en los países de los demás? Aprendí mucho de eso.»
En Suiza descubrió una realidad laboral diferente, en la que negociar su salario y poner en valor su trabajo formaba parte del proceso de contratación. «Nunca lo había hecho. Negociar el sueldo, como maestra, me imponía muchísimo. Aprendí a valorarme», añade Dabau.
Marcharse a un nuevo país
La docente considera que empezar de cero en otro país no es una tarea fácil. «Cuando llegas a otro país, dejas de ser la maestra que sabe hacerlo todo y tienes que volver a aprender desde el principio. Debes observar mucho, escuchar mucho y adaptarte.» En este contexto, pone en valor la importancia de las competencias de adaptación y flexibilidad, y recalca la dificultad de tener que demostrar constantemente quién eres cuando nadie sabe de lo que eres capaz. «Es una experiencia muy exigente, pero te hace crecer muy rápidamente.»
Marcharse también implica momentos difíciles. La docente explica que «sin contactos no eres nadie» y que «si no sabes negociar tu valor, tampoco». También añade que el sistema puede ser muy diferente en aspectos como el salario o el proceso de selección. En Suiza encadenó muchos rechazos por no hablar inglés como lengua materna y explica que, con el tiempo, llegó a dudar de sí misma. Sin embargo, finalmente comprendió que su profesión no define quién es como persona. «Yo no soy el trabajo que tengo; soy Carla y soy una persona que trabaja como maestra.» Este cambio de perspectiva ha sido uno de los mayores aprendizajes de su vida.
Una nueva forma de entender la educación
Antes de marcharse, Dabau pensaba que había metodologías mejores que otras. Sin embargo, considera que vivir la educación de tantas maneras diferentes «te hace ver que lo más importante no es el país ni el sistema, sino el maestro que tienes delante». «Un buen docente es aquel que sabe adaptarse a los niños que tiene, y si creas un vínculo de confianza y despiertas las ganas de aprender, da igual si hay libros o no, o si el sistema te apoya o no», concluye.
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Fuente: Diari de Girona
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