Videopódcast 'Sobre (vivir) a la crianza'
Cómo acompañar a un hijo frente al odio en redes: "Lo primero es validar que le hace daño"
En el nuevo capítulo del videopódcast hablamos con Lima Rica y Mar Muro sobre cómo afecta el odio digital a los adolescentes, qué pueden hacer las familias ante el ciberacoso y por qué la identidad no debería depender de la validación de un algoritmo
Xusa Serra, tanatóloga: “Decir a un niño que alguien ‘se ha ido’ puede confundirle: hay que decir que ha muerto”

Si ya es difícil gestionar las inseguridades de un adolescente en el mundo real, imaginemos lo que ocurre cuando se asoma a una pantalla donde miles de desconocidos pueden juzgar, insultar o machacar. Los chavales han cambiado parte del patio del instituto por un campo de minas digital con códigos que, muchas veces, los adultos ni siquiera alcanzamos a comprender.
En el nuevo capítulo de 'Sobre (vivir) a la crianza' hablamos de odio digital, de adolescentes, de autoestima y de esa pregunta que inquieta a cualquier madre o padre: qué pasa cuando un hijo se despierta y lo primero que lee en su móvil son comentarios que lo insultan o se ríen de él. ¿Cómo gestionamos que una parte de su identidad dependa de la validación de un algoritmo?
Del patio del instituto al campo de minas digital
Para abordar este tema nos acompañan Lima Rica, artista, coreógrafa y bailarina no binaria muy vinculada a la escena cultural y de club de Barcelona, especialmente conocida por su presencia en salas como Razzmatazz, y Mar Muro, psicóloga del Centre Eines de Barcelona, especializada en acompañamiento terapéutico, gestión emocional y apoyo a familias.
Lima Rica conoce en primera persona la crudeza de las redes. Como creadora de contenido con un perfil identitario, queer y alternativo, explica que decidió compartir contenido educativo vinculado a la diversidad porque faltan referentes, pero que esa visibilidad también ha traído insultos. “El odio que igual recibes en la calle lo transformamos en estos mensajes”, resume. La pantalla, añade, da a muchas personas una sensación de impunidad: escriben lo que quizá no se atreverían a decir cara a cara.
Muro recuerda que la adolescencia es una etapa especialmente vulnerable porque es el momento en que los hijos buscan quiénes son fuera de casa, a través de sus iguales y de los referentes sociales. Por eso, un comentario cruel no impacta igual en un adulto que en un adolescente que todavía está construyendo su identidad. Las redes pueden ser una suma de identidades, pero también una resta de salud mental.
No basta con decir “no le hagas caso”
En el episodio leemos mensajes reales recibidos en redes: insultos sobre el cuerpo, amenazas, comentarios machistas, racistas o LGTBIfóbicos. Son frases que pueden parecer escritas en segundos, pero que se quedan mucho más tiempo en quien las recibe. Muro explica que en consulta se ven casos de imágenes manipuladas, perfiles falsos y humillaciones públicas que no pueden despacharse como “cosas de niños”.
La primera respuesta de las familias no debería ser minimizar. Decir “no le hagas caso” o “sal de redes” puede dejar al adolescente más solo. Lo primero es validar: es normal que duela, es normal que afecte, es normal que no sepa qué hacer. Solo después se puede ayudar a poner distancia, pensar si conviene responder, bloquear, pedir ayuda o denunciar.
Una frase aparece como clave para acompañar sin negar el dolor: ese mensaje habla más de quien lo escribe que de quien lo recibe. La persona que lanza odio no conoce la vida, la historia ni el valor de ese adolescente. Pero para que esta idea pueda entrar, antes tiene que haber confianza. Si el hijo teme que contarlo acabará en bronca, castigo o intervención desproporcionada, probablemente dejará de pedir ayuda.
Acompañar sin invadir
El capítulo también plantea una cuestión difícil: ¿hasta dónde pueden entrar las familias en la intimidad digital de sus hijos? Muro defiende el control parental hasta los 18 años, pero siempre pactado, gradual y desde el acompañamiento. No se trata de arrebatar el móvil ni de revisar conversaciones a escondidas, sino de enseñar a manejar una herramienta que incluso a los adultos nos cuesta gestionar.
La educación digital no puede empezar a los 16 años, cuando ya ha estallado el problema. Igual que no podemos hablar de sexualidad por primera vez a los 17 y esperar que el adolescente se abra, tampoco podemos hablar de redes solo cuando aparece el conflicto. Hay que empezar antes, cuando usan una pantalla para jugar, cuando ven sus primeros vídeos, cuando reciben sus primeros mensajes.
También hablamos de ciberacoso y de cuándo conviene denunciar. Muro recuerda que si hay amenazas, humillaciones graves, imágenes manipuladas o ataques sostenidos, las familias no tienen por qué gestionarlo solas. Denunciar puede ser una forma de proteger derechos, siempre cuidando al menor y evitando que sienta que ha perdido el control de la situación.
Y si quien lanza odio es nuestro hijo
La otra cara del problema es igual de incómoda: cómo prevenimos que nuestros hijos sean quienes insultan, comparten, ridiculizan o se quedan mirando. Porque el odio digital no lo sostienen solo quienes escriben el mensaje más cruel, sino también quienes lo amplifican con un like, una visualización o una risa en grupo.
Muro defiende la tolerancia cero, pero con una mirada educativa. Los adolescentes pueden equivocarse, pueden dejarse arrastrar por el grupo o intentar hacerse los graciosos, pero eso no significa que no haya consecuencias. Debe haber mediación, reparación y una explicación clara de que detrás de cada avatar hay una persona.
Lima Rica introduce también un matiz importante: todos pudimos cometer errores en la adolescencia, pero las redes han cambiado la dimensión del daño. Lo que antes podía quedar en una frase cruel en el patio ahora se guarda, se multiplica, circula y puede perseguir durante mucho tiempo a quien lo sufrió.
La empatía se aprende en directo
Uno de los puntos más importantes del episodio es la empatía. Muro explica que estamos neurológicamente preparados para conectar con el otro en presencia: con la mirada, el gesto, la voz, el cuerpo. En lo digital, esa conexión se debilita. Por eso puede ser más fácil atacar desde una pantalla y olvidar que al otro lado hay alguien que sufre.
La familia y la escuela tienen ahí una tarea compartida. Educar en redes no es solo poner horarios, filtros o normas de privacidad. Es enseñar a no humillar, a no alimentar el daño, a intervenir cuando alguien está siendo atacado y a reparar cuando uno se equivoca.

Sobre (vivir) a la crianza - Cómo acompañar a un hijo frente al odio en redes: "Lo primero es validar que le hace daño"
Al final, la identidad de nuestros hijos no debería definirla el número de likes ni los comentarios de un avatar anónimo. Debería sostenerla el grupo de gente real que no les suelta la mano cuando las cosas se ponen feas. Si el sistema digital no pone las rampas emocionales ni la seguridad necesarias, nos tocará seguir construyendo puentes en el salón de casa.
Dónde ver y escuchar 'Sobre (vivir) a la crianza'
Podrás escuchar 'Sobre (vivir) a la crianza' cada domingo en las principales plataformas de pódcast: Spotify, Ivoox, Apple Podcast, Podimo, Amazon music y Youtube.
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