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Educación

Los alumnos gerundenses "sobreviven" al calor extremo en aulas que superan los 39 grados: "No se puede aprender con el cerebro tan caliente"

Docentes de toda Catalunya denuncian temperaturas extremas en las aulas, con registros que superan los 30 grados en Roses, La Jonquera, Salt, Vilablareix, Girona, Figueres, La Bisbal d'Empordà o Celrà

La imagen del termómetro marcando los 39,1 grados.

La imagen del termómetro marcando los 39,1 grados. / Imatge cedida

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Meritxell Comas

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Llega el calor y, como cada año, las aulas se han vuelto a convertir en un horno a la espera de soluciones que no llegan. El caso más alarmante se registró ayer en la escuela Jaume Vicens Vives de Roses, que alcanzó los 39,1 grados en las aulas de infantil (donde hay alumnos de entre 3 y 6 años).

El dato, recogido en la plataforma colaborativa Aules que cremen, a través de la cual docentes de toda Catalunya monitorizan en tiempo real las condiciones térmicas en las aulas de los centros públicos, es la temperatura más alta registrada en las comarcas gerundenses. El centro educativo lleva años enviando informes alertando de las altas temperaturas al Departament d'Educació y al Ayuntamiento de Roses, pero hasta ahora solo ha conseguido que la conselleria les envíe «unos cuantos ventiladores sencillos y nos dé consejos que no solucionan nada, como bajar las persianas o procurar que haya corrientes de aire», y que el consistorio les renueve «algunas ventanas», asegura la directora del centro educativo, Meritxell Marí, que remarca que «queremos educar, pero con estas temperaturas nos tenemos que limitar a sobrevivir».

El problema, afirma, es especialmente «grave» en las aulas de infantil porque están construidas sobre una claraboya. «Es como un invernadero; cada año llegamos a temperaturas muy extremas, de 35 a 39 grados, y eso hace que la situación sea insoportable». Y es que lamenta que «con 39 grados, los adultos se negarían a ir a trabajar pero, en cambio, nadie hace nada para evitar que los niños estén encerrados en un aula a 39 grados» (a las ocho y media de la mañana las aulas ya alcanzan los 30 grados). Según Marí, con estas temperaturas los niños están «más nerviosos» y quienes tienen dificultades «todavía lo sufren más».

Las altas temperaturas obligan al centro a reorganizar el día a día. Y es que la gran responsabilidad ahora es que «estén hidratados». En las aulas de infantil tienen un lavabo y los maestros «les van mojando la cabeza» y les hacen beber agua, mientras que, en el caso de primaria (que también supera los 30 grados), salen «constantemente» a refrescarse. «Hacemos lo que podemos; cuidamos y velamos por los niños, además de educarlos», asegura Marí, que recuerda que «todavía nos queda un mes de clases». Durante el curso han adelantado el «máximo temario posible» porque saben que a final de curso la situación es «crítica», pero todavía les quedan exámenes y evaluaciones por hacer. Con todo, asegura que «no se puede aprender con el cerebro tan caliente».

La directora vincula el problema a la falta de inversión acumulada en las escuelas. «Hace tanto tiempo que no se invierte en edificios educativos que son centros viejos, con cerramientos que no están bien aislados», asegura (también tienen humedades y, cuando llueve, goteras). Con todo, concluye que «los edificios son muy precarios» y remarca que «estamos hablando de niños».

Aulas por encima de los 30 grados

El caso de Roses es el más extremo, pero no es el único. Ayer también se superaron los 30 grados en las aulas del instituto de La Jonquera, donde se alcanzaron los 33,6 grados; en el instituto Vallvera de Salt, con 33 grados; en el instituto de Vilablareix, con 32,1 grados; en la escuela El Bosc de la Pabordia de Girona, con 31,8 grados; en el instituto Olivar Gran de Figueres, con 31,7 grados; en el instituto La Bisbal de La Bisbal d'Empordà, con 31,5 grados; o en el instituto de Celrà, con 31 grados.

La normativa es clara

La normativa estatal de prevención de riesgos laborales fija que la temperatura de los locales donde se realizan «trabajos sedentarios», como es el caso de las oficinas, debe situarse entre los 17 y los 27 grados. Con la legislación en la mano, la comunidad educativa se pregunta si los centros educativos están al margen de la ley. Y es que en verano rozan los 40 grados mientras que, en invierno, si la caldera se avería, los alumnos tienen que soportar temperaturas que no llegan a los 12 grados.

Impacto directo «en la concentración y el rendimiento académico»

Las Associacions Federades de Famílies d'Alumnes de Catalunya (aFFaC) han alertado de que el calor extremo en las aulas se ha convertido en un problema estructural que afecta cada vez a más centros educativos. La entidad ha advertido de que la falta de confort térmico afecta a la salud, el bienestar y el aprendizaje de alumnos y profesionales, y ha afirmado que tiene un impacto directo «en la concentración y el rendimiento académico». Ha reclamado al Govern una «respuesta estructural» que sitúe la crisis climática «en el centro de la planificación educativa» y que garantice sistemas de climatización en los centros que lo necesiten. Todo ello, ha dicho, sin «improvisación» y de acuerdo con criterios de equidad que prioricen los centros más vulnerables.

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