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Videopódcast 'Sobre (vivir) a la crianza'

Jaume Funes, psicólogo, educador y periodista: "Hemos psiquiatrizado todo: a todo le ponemos etiquetas cuando en realidad estamos agobiados"

En el nuevo episodio de ‘Sobrevivir a la crianza’ hablamos con Ana Forés, Jaume Funes y Eva Bach sobre sobreprotección, límites, frustración y miedo a traumatizar a nuestros hijos

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Samanta Villar

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Nos hemos pasado la vida escuchando que los jóvenes de hoy son la generación de cristal. Que se rompen con mirarlos, que no toleran la frustración, que un suspenso les causa ansiedad clínica o que no saben enfrentarse al mundo real sin pedir un “espacio seguro”. Pero luego miramos a los padres y a las madres y resulta que somos nosotros quienes llamamos al profesor de la universidad para quejarnos de la nota del niño, quienes hacemos trabajos del instituto en el grupo de WhatsApp o quienes les hemos envuelto en papel de burbujas desde que nacieron.

La pregunta, entonces, quizá no sea si ellos son frágiles, sino si nosotros estamos criando desde el pánico. ¿Son nuestros hijos de cristal o somos una generación de adultos aterrorizados? ¿De verdad no saben frustrarse o simplemente están creciendo en un mundo precario, hiperexigente y lleno de expectativas imposibles?

El miedo a que sufran

En el nuevo episodio de ‘Sobrevivir a la crianza’ bajamos al barro de la sobreprotección, la fragilidad emocional y la crianza basada en el miedo. Para ello contamos con Ana Forés, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación y referente en neuroeducación; Jaume Funes, psicólogo, educador y periodista especializado en adolescencia; y Eva Bach, pedagoga, escritora y pionera en educación emocional.

Una de las primeras ideas que aparecen en la conversación es que los llamados padres helicóptero no son una invención reciente. Siempre ha habido madres y padres protectores, pero ahora parece haber más miedo a equivocarnos, a dañar, a frustrar o incluso a traumatizar. Venimos de modelos educativos autoritarios, de infancias en las que muchas cosas que hoy nos parecen inaceptables se consideraban normales, y en ese intento de no repetir el pasado quizá nos hemos ido al extremo contrario.

Porque proteger no puede significar impedir que nuestros hijos vivan. Funes lo resume con una idea incómoda: la hiperprotección impide crecer. Y crecer implica equivocarse. Como madres y padres nos cuesta aceptar esa parte, porque ver sufrir a un hijo duele casi físicamente. Pero si evitamos todos sus errores, también les quitamos la posibilidad de aprender a gestionar la vida.

Límites, confianza y presencia

En la conversación aparece una palabra clave: miedo. Miedo a que les pase algo, miedo a que sufran, miedo a que un “no” les haga daño, miedo a ser autoritarios, miedo a no hacerlo bien. Forés apunta que hoy no solo se teme al peligro físico, sino también a causar malestar emocional. Como si cualquier frustración fuera ya un trauma.

Y ahí se abre una de las grandes contradicciones de la crianza actual. Por un lado, somos padres y madres más informados que nunca. Leemos, consultamos, escuchamos pódcasts, buscamos expertos y tratamos de hacerlo mejor. Por otro, llegamos agotados a casa, con jornadas imposibles, sin tiempo y con la sensación de que educar pide una energía que muchas veces ya no tenemos.

Bach lo plantea desde la confianza: confiar en nuestros hijos no significa abandonarlos, sino dejarles margen para probar, fallar y volver a intentarlo. No se trata de permitir que metan los dedos en un enchufe, sino de acompañar el riesgo razonable. Porque educar no consiste en eliminar todos los peligros, sino en enseñarles a gestionarlos.

Uno de los grandes temas del episodio son los límites. Todas queremos criar con respeto, sin gritos, sin el “porque lo digo yo” como única respuesta. Pero también sabemos que por las mañanas hay que llegar al colegio, que no todo es negociable y que a veces la crianza positiva se estrella contra una mochila sin hacer, un pijama que nadie quiere quitarse o un niño que decide desayunar a cámara lenta cuando faltan cinco minutos para salir.

La soledad de los niños

Funes introduce una idea especialmente potente: quizá estamos criando a niños muy protegidos y, al mismo tiempo, muy solos. Niños con adultos pendientes de que no les pase nada, pero no siempre disponibles para estar de verdad. Porque estar no es solo vigilar, organizar extraescolares o controlar deberes. Estar es escuchar, conversar, abrazar, leer un cuento, mirar a los ojos.

En el episodio se habla de la presencia como una necesidad básica. Y aquí la culpa se mezcla con la realidad: horarios laborales extensos, cansancio, precariedad, falta de corresponsabilidad y una vida montada de espaldas a la infancia. No siempre se trata de que las familias no quieran estar, sino de que muchas veces no pueden. Pero también nos preguntamos qué priorizamos cuando sí tenemos margen para elegir.

La conversación toca una fibra sensible para cualquier madre: cuando alguien dice que hay que tener más tiempo para los hijos, a menudo quien acaba reduciendo jornada, frenando su carrera o renunciando a salario es la mujer. Por eso hablar de presencia no puede ser una nueva carga sobre las madres. Tiene que ser también una conversación social, laboral y política sobre qué lugar ocupa realmente la crianza.

¿Frágiles o frustrados?

El episodio también cuestiona la etiqueta de jóvenes frágiles. ¿Tienen más ansiedad que antes o hemos aprendido por fin a nombrarla? ¿Estamos patologizando cualquier malestar o viven realmente en un mundo que les da pocos motivos para la esperanza? Alquileres imposibles, sueldos precarios, crisis climática, presión académica, redes sociales y una promesa de éxito que no siempre se cumple.

Funes advierte de que hemos psiquiatrizado demasiado la vida cotidiana, pero también recuerda que muchos jóvenes sienten que nunca podrán ser aquello que les dijeron que tenían que ser para ser felices. No es poca cosa. Quizá no están rotos: quizá están frustrados, saturados y cansados de una exigencia permanente.

La clave, según los expertos, no está en negarles la dificultad ni en venderles humo, sino en acompañarles sin convertirlos en víctimas absolutas. Dar esperanza no significa decirles que todo saldrá bien porque sí. Significa ayudarles a encontrar recursos, vínculos, confianza y capacidad para transformar la adversidad.

Aprender a caer

Una de las metáforas más bonitas del episodio la aporta Eva Bach con el cuento del huevo, la zanahoria y el café. Ante el agua hirviendo, la zanahoria se ablanda, el huevo se endurece y el café transforma el agua. La educación, dice, debería ayudar a nuestros hijos a hacer café: a convertir la adversidad en potencial.

Pero para que eso ocurra, tenemos que soportar que se equivoquen. Que se olviden una agenda, que lleguen tarde alguna vez, que suspendan, que se frustren, que descubran que el mundo no siempre se adapta a sus deseos. Y tenemos que hacerlo sin desaparecer, sin humillar y sin resolverles cada problema antes de que puedan intentarlo.

Sobre (vivir) a la crianza - Generación de cristal

Sobre (vivir) a la crianza - Generación de cristal

Quizá el reto no sea endurecer a nuestros hijos, sino dejar de golpearlos con nuestras propias inseguridades. Si queremos que vuelen, tal vez tengamos que empezar por permitir que se caigan de vez en cuando, se raspen las rodillas y descubran que pueden levantarse.

Dónde ver y escuchar 'Sobre (vivir) a la crianza'

Podrás escuchar 'Sobre (vivir) a la crianza' cada domingo en las principales plataformas de pódcast: Spotify, Ivoox, Apple Podcast, Podimo, Amazon music y Youtube.

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