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Crianza

La educadora social Tania García recuerda a los padres que deben dar ejemplo a sus hijos: " "No le pidas peras al olmo"

No podemos esperar de ellos ciertos comportamientos cuando nosotros no los tenemos

Una madre y una hija con un ordenador

Una madre y una hija con un ordenador / EPC

Cristina Clopés

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Educar a nuestros hijos es una tarea muy complicada. Muchas veces podemos llegar a dudar de nosotros mismos. La sociedad y nuestra mochila emocional hacen que eduquemos según nuestras experiencias y condicionantes que quizá no querríamos, como las redes sociales y la digitalización. Estos dos puntos pueden hacer que nos juzguemos continuamente o que tengamos en cuenta, más de lo que deberíamos, las opiniones externas. Incluso, puede hacer que pasemos por alto nuestros valores para adaptarnos a lo que "la sociedad" espera de nosotros.

Tania García lleva más de 24 años siendo educadora social e investigadora en neurociencia y en el ámbito socioeducativo. Vivió una situación de violencia en su entorno familiar, el abandono por parte de su padre biológico y, además, acoso escolar. Estas situaciones hicieron que decidiera ayudar a familias a gestionar situaciones complejas de violencia. Y es que desde las instituciones también hay violencia, como por ejemplo gritar a los niños en el comedor escolar, cuando eso no debería pasar nunca. Sus objetivos son claros: mejorar la salud mental, emocional y física de los niños y adolescentes, a la vez que ayuda a los adultos a gestionar mejor.

La experta creó hace unos once años la escuela online Educación Real®, donde trabaja con su método, basado en estudios e investigaciones propias, gracias a los cuales ha creado el "Método Neuroimpacto", con el que quiere eliminar patrones y conseguir vivir de una forma plena y consciente.

En algunos de sus posts o Reels de Instagram podemos encontrar frases que pueden hacernos pensar mucho sobre cómo educamos y qué esperamos después: "No le pidas peras al olmo". Un ejemplo claro es: quiero salir a cenar fuera y, como tengo que llevarme a los niños, les doy el teléfono móvil para que estén entretenidos y no me molesten durante ese rato, ya que es el único momento que tendré para desconectar. Otro ejemplo muy representativo es: quiero enseñar a mis hijos a quererse tal y como son físicamente, pero yo consumo contenido en las redes sociales donde enseñan cómo adelgazar a base de dietas, gimnasio sin control o, una opción todavía más rápida, cambiar mi aspecto físico con operaciones estéticas. Si el niño es un adolescente y tiene teléfono, acabará consumiendo ese contenido porque, además de que sus padres lo consumen, en redes es el contenido más visto; así pues, puede ocurrir que los adolescentes nos pidan hacerse retoques estéticos a edades tempranas. ¿Esto es lo que queremos?

Quizá ha llegado el momento de empezar a cuidarnos nosotros, los adultos, y hacer un trabajo psicológico es la base principal para poder educar correctamente a nuestros hijos. Y cuando seamos conscientes de lo que realmente queremos, podremos empezar a enseñar a los niños los valores que de verdad importan.