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5 propósitos educativos para este verano

En verano, con más tiempo libre y menos obligaciones, podemos poner en marcha algunos de los propósitos educativos que durante el año no hemos logrado cumplir

5 propósitos educativos para este verano

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María Dotor

Aunque en verano nos olvidamos con más facilidad de nuestras obligaciones, no es mala época para fijarnos aquellos propósitos que no podemos cumplir durante el resto del año, debido a las prisas y al sinfín de tareas que acaban ocupando todo nuestro día.

Para este verano, os proponemos, de la mano de nuestros expertos, 5 propósitos educativos. Allá vamos:

1.Dejaré que mis hijos se aburran

Vivimos que nuestros hijos se aburran como un fracaso personal, tal vez porque nos encontramos en una sociedad obsesionada por hacer y no parar. Pero rescatar a nuestros hijos del aburrimiento no es bueno, porque como dice el psicólogo Alberto Soler "no les estamos dando la oportunidad de pensar ellos solitos cómo llenar ese vacío. Si nunca pueden decidir qué hacer con su tiempo libre, ¿cómo van a aprender a gestionarlo?". Soler considera que somos los adultos "los que proyectamos en ellos nuestra intolerancia al aburrimiento. Esa intolerancia se ha agudizado desde que tenemos el telefonito inteligente. Nos ha invadido un horror al vacío en el que no podemos estar más de medio minuto sin estar ocupados en algo", como cuando sacamos el móvil mientras esperamos el autobús, por ejemplo.

Más expertos nos hablan de lo importante que es que nuestros hijos se aburran. El neuropsicólogo Álvaro Bilbao nos recuerda que el aburrimiento es “la madre de la creatividad. Hace que el niño se fije, observe… En definitiva, que mate ese aburrimiento tirando de imaginación”. 

"El aburrimiento es un regalo, el puente entre no hacer nada y el juego profundamente creativo".

Kim John Payne

Kim John Payne es el creador de Simplicity Parenting (Parentalidad Sencilla), un movimiento que aboga por volver a los básicos al educar y evitar la sobreestimulación, la sobreprotección y el exceso de actividades dirigidas. Con la idea de que "menos es más", Payne no duda en afirmar que "el aburrimiento es un regalo, el puente entre no hacer nada y el juego profundamente creativo". Para Payne, los padres deberíamos desear que "nuestros hijos se aburran y así tengan que pensar qué hacer con ese aburrimiento, sin pantallas y sin nuestra ayuda".

Muchos expertos insisten en esta misma idea de Payne: “El precursor de la creatividad es el aburrimiento. Cuando los niños se aburran, hay que evitar las pantallas, en donde ven la creatividad de otras personas". Sin embargo, en una cultura en la que se ensalza el estar continuamente ocupado como un valor, "nos hemos acostumbrado a ver el aburrimiento de nuestros hijos como un fracaso personal".

2.Respetaré sus tiempo y fomentaré su autonomía

¿Cuántas veces hemos acabado vistiendo nosotros a nuestros hijos porque si les dejamos hacerlo a ellos solos saldremos de casa cinco minutos más tarde y llegarán tarde al colegio? Y así con otras tantas tareas: lavarse los dientes, peinarse…etc.

La mejor forma de educar niños autónomos es irles dejando hacer las cosas por sí mismos, aunque esto suponga tardar más

Vamos siempre con prisa y no podemos permitirnos perder 15 minutos todas las mañanas. Error. Si impedimos que nuestros hijos vayan responsabilizándose de sus tareas,  les estamos quitando autonomía. Y es precisamente fomentando su autonomía como conseguiremos niños responsables. Por eso es tan importante, durante el verano, que tenemos más tiempo y menos obligaciones, plantearnos como propósito: respetar sus tiempos, no ir siempre con prisas. 

3.No les cargaré la agenda con cuadernillos de verano

Aunque todos los padres tenemos clarísimo que nuestros hijos merecen descansar, a menudo nos surgen miedos: ¿si no abre un libro en dos meses se le olvidará lo aprendido? ¿Estará perdiendo un tiempo maravilloso en el que podría estar aprendiendo cosas? ¿Perderán el hábito de estudio?Muchas veces, todas estas dudas nos llevan a cargar sus mañanas de actividades académicas en forma de cuadernillos de verano.

"Los niños tienen todo el derecho del mundo, después de un curso académico muy exigente, a descansar. Pero no solo el derecho, sino la necesidad”.

Rafa Guerrero

Psicólogo

“No soy partidario de los deberes en verano", nos dice el psicólogo Rafa Guerrero. Los niños tienen todo el derecho del mundo, después de un curso académico muy exigente, a descansar. Pero no solo el derecho, sino la necesidad”. Algo similar opina el Francesc Nogales, Premio Abanca al Mejor Docente del año 2021: “Soy partidario de que los niños sigan aprendiendo, pero con actividades no académicas. Más que deberes, llamaría a estas actividades placeres. Algo así como ver una puesta de sol, ir a un museo, al zoo, hacer una ruta por la montaña, mirar las constelaciones por la noche, mandar una carta a un amigo…”.

Otro de los motivos por el cual algunos padres queremos que nuestros hijos hagan deberes es que pensamos que de no hacerlos, desconectarán tanto de la actividad académica que en septiembre les resultará muy difícil volver a la rutina.

“Personalmente, a mí también me cuesta más volver a la rutina después de las vacaciones. Es decir, esto nos pasa a todos, no solo a los niños. Pero es que es necesario romper con la rutina, hacer cosas totalmente distintas a las que hacemos durante el año”, nos cuenta Guerrero.

Hacer deberes no es la única forma de aprender. / Freepik

Y Nogales nos hace una comparación para que reflexionemos: “¿Os imagináis que nuestro jefe nos dijera que nos llevemos trabajo en vacaciones porque de no hacerlo a la vuelta se nos habrá olvidado hacerlo o nos costará más volver a la rutina? Nadie vería esto normal, pues lo mismo pasa con los niños. Necesitan parar, desconectar, olvidarse de las obligaciones”.

4.Les involucraré en actividades cotidianas

De septiembre a junio, el día a día nos pasa por encima. Vamos a la compra rápido, y casi siempre tratando de dejar a nuestro hijo en casa para que no nos ralentice la tarea. Cocinamos en 15 minutos porque no hay más tiempo y aún queda el cuento y hay que irse a la cama... Y así con todo.

En verano, al tener más tiempo, podemos involucrar a nuestros hijos en tareas de la casa o ir al super con ellos

¿Y si aprovechamos el verano para involucrar a nuestros hijos en estas tareas que les van a resultar también muy educativas?

"Ir a la compra con ellos es una oportunidad maravillosa para que vayan conociendo los diferentes tipos de alimentos que hay y luego sean menos reacios a probarlos cuando se los ponemos en el plato, lo mismo ocurre si los cocinan con nosotros", nos dice siempre Marian García (Boticaria García).

Tener más tiempo para hacer las tareas de la casa nos permite involucrarles a ellos también y que adquieran un hábito que pueden poner en marcha durante el resto del año.

5.Convertiré el ejemplo en mi mayor herramienta educativa

Decía Einstein que “dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, es la única manera”. De ahí que la pedagoga Mar Romera nos diga siempre que "nos nos preocupemos si nuestros hijos no nos escuchan, nos están mirando continuamente".

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Por tanto, si nos preocupan las conductas de nuestros hijos, deberíamos hacer un ejercicio de autoevaluación y cambiar aquellos comportamientos nuestros que no nos gustarían que nuestros hijos copiasen y fomentar los que sí.

¿Qué podemos hacer para hacer del ejemplo nuestro mayor aliado a la hora de educar?

  • Lo fundamental es tomar conciencia de la importancia del ejemplo y de que nuestros hijos aprenden por imitación.

  • Si nos preocupa algún aspecto de la educación de nuestros hijos (por ejemplo, la tolerancia a la frustración, la agresividad, la empatía, la queja continua, la gestión de las emociones, el uso abuso de las tecnologías...), sería interesante fomentar en nosotros mismos, padres y madres, comportamientos y actitudes que queramos que nuestros hijos imiten: por ejemplo, controlar nuestra ira en un momento crítico, hablar con calma, tratar de reducir nuestras expresiones de queja, no usar palabras ofensivas, etc.).

  • Como no somos perfectos, está claro que, padres e hijos, nos equivocaremos, que gritaremos un día cuando estemos desbordados, que nos quejaremos de un día duro, etc. Tener la oportunidad de hablar de ello con más calma, de pedir perdón si hace falta y de reflexionar juntos sobre posibles soluciones es una gran idea para educar con el ejemplo. Así aprenderán que no somos perfectos, pero que queremos ser nuestra mejor versión.