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Sobreprotección

¿Eres un padre helicóptero? La ciencia señala que tiene consecuencias en los hijos

Un estudio de la Asociación Psicológica Americana relaciona el exceso de control de padres de niños de 2 años con una baja regulación emocional

¿Eres un padre helicóptero? La ciencia señala que tiene consecuencias en los hijos
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María Dotor

“Padres y madres helicóptero”. Así se llaman en Estados Unidos a los padres y madres sobreprotectores, que sobrevuelan continuamente encima de sus hijos, están pendientes de todo lo que hacen, intervienen mucho más de lo necesario y quieren tener siempre el control. Un estudio publicado por la Asociación Psicológica Americana relaciona el exceso de control de los padres sobre los hijos a la edad de dos años con una baja regulación emocional a la edad de 10. Os explicamos este curioso estudio.

En qué consistió el estudio acerca de la sobreprotección

En el estudio participaron 422 niños y niñas durante ocho años: de los dos años hasta los 10 años de edad. 52% de ellos eran niñas. Los investigadores, liderados por Nicole Perry, aseguran que cuidaron que la muestra fuera representativa en cuanto a origen socioeconómico y racial.

La primera prueba consistía en un test que debían contestar las madres y los padres sobre los problemas de comportamiento de sus hijos. Así se les preguntaba por conductas agresivas, destructivas o de oposición. Para la segunda prueba, se invitaba a las madres y a los niños a realizar dos tipos de actividades: jugar con los materiales que había en la sala y luego recogerlos, tal como harían en casa.

En esta prueba, se quiso medir si la madre ejercía un control excesivo durante la actividad. Si la madre presionaba, guiaba en exceso o repetía órdenes constantemente esto puntuaba positivamente en una escala de exceso de control. Cuenta Perry, la coordinadora de este estudio, que “el comportamiento de los padres y madres helicóptero que observamos incluía a padres que constantemente guiaban a su hijo para decirle con qué jugar, cómo jugar, cómo ordenar tras el juego y padres que se mostraban demasiado estrictos o demandantes”. Los niños, cuenta, “reaccionaban de diferentes maneras: algunos se mostraban desafiantes, otros apáticos y otros frustrados”.

A la edad de cinco años, se medía la regulación emocional de los niños. Y tenemos que decir que la prueba con la que se medía esta variable debió de ser difícil de vivir para los pequeños participantes: el investigador dividía un caramelo en dos partes, se llevaba el trozo más grande y, además, le robaba su trozo al pequeño y se lo comía. Sí, es una prueba endiablada para que, citamos literalmente, “los niños sacaran su frustración”. En esta prueba se medía la capacidad del niño de apostar por conductas que redujeran su malestar.

Otra de las pruebas a la edad de cinco años fue la de inhibición: se les presentaban figuras grandes y luego una pieza de esa figura grande (por ejemplo, la figura grande era un círculo y estaba hecho de pequeños cuadrados). Los niños debían contestar rápido qué figura veían y con esta prueba se medía la capacidad que tenían de inhibir la respuesta rápida de mencionar la figura grande, más fácilmente reconocible.

También a los cinco años de edad de los niños, se preguntaba a los profesores por su comportamiento en clase, especialmente el grado de ansiedad, tristeza y retraimiento. Así, se preguntaba a los docentes si los niños se mostraban perfeccionistas, nerviosos, preocupados, asustados, retraídos, llorosos o pesimistas y también si somatizaban ese malestar.

Los profesores también debían completar un cuestionario sobre las habilidades sociales de estos niños a los cinco y a los diez años. De esta manera, se medía si invitaban a otros a jugar o si recibían bien las críticas, por ejemplo. También a estas edades (5 y 10 años) se preguntaba a los profesores por el rendimiento académico de los niños participantes en el estudio.

A los 10 años, los propios niños respondían a cuestionarios sobre sus emociones y su percepción del colegio. En cuanto a las emociones, se preguntaba a los niños por cómo percibían su comportamiento, emociones y personalidad, si se sentían cómodos en sociedad, se medía si sentían ansiedad, depresión, sentimiento de inferioridad… También se les preguntaba por su opinión y emociones hacia la escuela y hacia sus profesores.

La conclusión del estudio acerca de la sobreprotección

Los investigadores aseguran que han encontrado una relación estrecha entre el control excesivo por parte de los padres cuando los niños tienen dos años de edad y la falta de regulación emocional en niños de cinco años de edad. Cuanto mayor es la regulación emocional de un niño con cinco años, es menos probable que este tenga problemas emocionales y mayor probabilidad hay de que sus habilidades sociales y su rendimiento escolar sean mejores con 10 años de edad. Niños con 10 años de edad que controlen mejor sus impulsos tendrán menos probabilidad de experimentar problemas sociales y emocionales, y más probabilidad de rendir mejor en la escuela.

Dice Nicole Perry que “nuestra investigación ha demostrado que niños con padres helicóptero pueden ser menos capaces de lidiar con los retos y desafíos de crecer, especialmente en el entorno escolar. Los niños que no pueden regular sus emociones y su comportamiento de manera efectiva tienen más probabilidad de comportarse de manera inadecuada en el aula, tener más dificultades para hacer amigos y luchar en la escuela”.

Niños con padres helicóptero pueden ser menos capaces de lidiar con los retos y desafíos de crecer, especialmente en el entorno escolar.

Qué podemos aprender de este estudio acerca de la sobreprotección

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Cuenta Nicole Perry que podemos ayudar a nuestros hijos a aprender a controlar sus emociones y comportamiento hablando con ellos para que puedan entender sus sentimientos y sobre las conductas a las que nos mueven las emociones y las consecuencias de estas conductas. Nosotros, las madres y padres, podemos ayudar a los niños a identificar estrategias positivas para gestionar las emociones (como respiraciones profundas, escuchar música, colorear o ir a un lugar tranquilo).

“Los padres pueden también dar buen ejemplo a sus hijos usando estrategias positivas para gestionar sus propias emociones y su comportamiento cuando están tristes o enfadados”, dice Perry.