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A mi hijo le encanta mandar, ¿qué hago?

¿Me está retando? ¿Debo aplacar sus ansias de mandar o, en cambio, debería darle más autonomía y margen de elección?

A mi hijo le encanta mandar, ¿qué hago?
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Llega un momento en la vida de nuestros hijos en el que quieren imponer continuamente su criterio, no paran de decirnos que quieren vestirse como ellos quieran, jugar a la hora que decidan e, incluso, tomar las comidas que más le gustan a pesar de no ser la mejor elección. Como adultos, esas actitudes nos hacen sentir enfadados y retados continuamente por nuestros propios hijos.

María Soto, experta en Disciplina Positiva, explica en el curso 'Aprender a entender el mal comportamiento de nuestros hijos' de Educar es Todo que nuestros hijos se comportan de una forma "errónea" porque nadie les ha enseñado cómo hacerlo. Además, "siempre debemos buscar qué hay detrás de un mal comportamiento, en este caso, de querer mandar siempre".

La teoría del iceberg: por qué mi hijo manda tanto

María Soto explica los malos comportamientos a través de esta forma muy visual. Cuando nuestro hijo quiere mandar continuamente, se enfada y nos desafía, tan solo es la punta del iceberg. Tras ello, hay una creencia más profunda: sienten que no deciden nada en su vida, se sienten agobiados y la única forma que conocen para hacerle frente es mandando.

Ella menciona que “desde que se levantan hasta que se acuestan, y durante años, todo está programado, lo que tienen que hacer y cuándo tienen que hacerlo. Ellos no tienen opciones, pero las necesitan. Si nuestros hijos captan que para los adultos lo más importante es mandar, ellos van a querer mandar. Van a tomar la mala decisión de buscar esa realización personal intentando ser los jefes”.

Uno de los pilares del sentido de pertenencia en la disciplina positiva, es poder decidir sobre nuestra vida. Desde que nacemos hacemos lo que alguien nos dice porque existe la creencia de que los niños no deben decidir. Tenemos miedo a perder autoridad si les ofrecemos nuestra confianza y les dejamos opinar sobre sus cosas. Estas negativas a satisfacer necesidades tan urgentes para él podrían llevarle a percibir algunas situaciones como demasiado agobiantes.

"Si nuestros hijos captan que para los adultos es importante mandar, ellos van a querer mandar"

María Soto

Experta en Disciplina positiva

Es precisamente desde este punto de partida donde la sensación de autonomía es la clave para cambiar. Los niños necesitan sentirse autónomos, que pueden tomar sus decisiones. No se trata de dejar que hagan lo que quieran y cuando ellos quieran, se trata de darles opciones limitadas por nosotros y que ellos decidan.

¿Cómo consigo que mi hijo mande menos?

María Soto propone algunas claves para aumentar su autonomía y evitar sus desafíos continuos:

Escuchar expresiones como “tú decides” o “confío en ti”

De esta forma tendrán menos necesidad de buscar su sitio imponiéndose.

Dar opciones a nuestros hijos para que sientan que su opinión es importante es una buena estrategia para conseguir que no quieran mandar siempre / Pexels

Darles opciones dentro de los límites establecidos

“Si ellos sienten que pueden escoger y que se tiene en cuenta su opinión, estarán más receptivos y con menos ganas de mandar”, subraya. “Si nos ven como figuras autoritarias, se negarán a todo lo que les digamos”, añade. Si lo piensas, hay muchas cosas sobre las que no podemos dejarles elegir, pero otras sobre las que sí, por ejemplo: ¿qué quieres merendar: manzana o plátano? ¿Qué prefieres ponerte: falda o pantalón? Irles dejando tomar pequeñas decisiones es muy importante, porque les hará sentirse importantes, y les irá educando en la responsabilidad, más que en la obediencia.

"Los niños necesitan sentirse autónomos, que pueden tomar decisiones"

María Soto

Experta en Disciplina positiva

Revisar cuánto tiempo estamos sin mandarles u organizar algo durante el día

Buscar momentos de ocio en los que todos podamos estar a la misma altura les ayuda a no sentir tanto el peso de la autoridad. Los “juegos de roles” les hacen sentir bien, porque ellos deciden todo.” Yo soy la profe y te enseño”, “soy la médico y te curo”.

Elaborar las normas con nosotros y que ellos pongan límites adecuados a su edad

Los niños están mucho más dispuestos a seguir normas que ellos mismos han ayudado a establecer.

Validar su emoción, pero no su conducta.

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Cuando se enfadan porque las cosas no se hacen como él dice, podemos hacer lo siguiente: “Veo que estás muy enfadado porque tu hermana puede ir a la cama más tarde que tú y deseas hacer lo mismo. Cuando tengas su edad, lo podrás hacer. Para otras ocasiones confío en que podrás decírmelo con palabras y sin gritarme.”

Estos momentos de desafío vienen a enseñarnos que no necesitamos estar por encima de ellos y ganarles, sino que podemos estar en una relación horizontal con nuestros hijos en lo que a respeto se refiere. Necesitan entender que confiamos en ellos y los respetamos.