ENTREVISTA

Mònica Román: “El alumno debe ser partícipe de su aprendizaje y evaluación”

"El liderazgo distribuido permite dedicar más tiempo a la reflexión, a la pedagogía y al aprendizaje", afirma la directora de la escuela Els Pins, de Castelldefels

Mònica Román, directora de la escuela Els Pins, de Castelldefels.

Mònica Román, directora de la escuela Els Pins, de Castelldefels. / David Campos

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Montserrat Baldomà

Mònica Román es la directora de El Pins, una escuela de infantil y primaria de Castelldefels con 450 alumnos y una treintena de maestros. Junto a la secretaria del centro, Rosanna Cabau, ha participado en la primera edición del programa ‘Liderazgo para el Aprendizaje’ de EduCAixa, de la Fundación ‘La Caixa’. Según la OCDE, el liderazgo en las escuelas es la segunda variable con mayor impacto sobre la calidad y la mejora educativa. Román no puede estar más de acuerdo con esta afirmación. 

-¿Qué valoración hace del programa?  

-Muy positiva. Nos han facilitado muchas herramientas para desarrollarnos profesionalmente, para saber cuál es tu objetivo, qué se espera de ti y hacer que ese liderazgo distribuido sea efectivo y tenga impacto en el alumnado, que es la meta final.

-¿Se acabó la época del director todopoderoso?

-Sí, totalmente. La educación es transformación, en el sentido de dar respuestas a la sociedad, que va a un ritmo más rápido. Es importante sumar, dar importancia a todas las personas, construir entre todos un objetivo final y trabajar para su consecución. Frente al liderazgo organizativo, con el liderazgo distribuido dedicamos más tiempo a la reflexión, a la pedagogía y al aprendizaje entre todos para ir mejorando, que es lo que queremos todos los docentes.

-¿Es difícil conseguir la implicación de todo el claustro? ¿Cómo se le convence?

-Escuchando más, porque todos tenemos cosas que decir y que mejorar. Es importante la comunicación, explicar qué queremos hacer y para qué lo queremos hacer, y que todo el mundo participe de esta meta. Y dando el tiempo que cada uno necesite para adaptarse a ese nivel de innovación. Porque al final lo que queremos es generar confianza y seguridad en el profesorado. A mayor desarrollo profesional del maestro, a mayor confianza, la práctica docente es más positiva y eso beneficia al alumnado, que, insisto, al final es lo que queremos.

-¿Cómo se mide esta mejora del alumno?

Si la práctica profesional es mejor y es compartida, el alumno sabe qué se espera de él en todo momento y lo hacemos partícipe de su proceso de aprendizaje. Porque si no, no sabe qué debe mejorar, que se esperar de él y hasta dónde puede llegar. Es muy importante que el alumno sea partícipe de su proceso de aprendizaje y de evaluación. En caso contrario cuesta que mejore.

-Y, de paso, se acaba con la arbitrariedad en la evaluación y, ante una nota mala, la manida excusa de «el profe me tiene manía».

-Exacto. Cuando utilizas más rúbricas, la autoevaluación o la coevaluación te encuentras que los que son más críticos y más exigentes con la evaluación son los propios alumnos. La evaluación debe ser formativa, que sea el proceso, y no solo el resultado.

-En época de pandemia, ¿cómo puede ayudar este liderazgo distribuido?

-La pandemia, y muy especialmente el confinamiento, nos ha enseñado que tenemos que trabajar de una forma colaborativa, trabajar entre todos. Por ejemplo, muchos maestros que no tenían práctica digital a la hora de impartir materia a sus alumnos se apoyaron en sus compañeros. Se ayudaron unos a otros, compartieron buenas prácticas docentes, y fue cuando más evidenciaron la necesidad de trabajar colaborativamente.

-¿La pandemia ha cambiado, cambiará o ha de cambiar la manera de enseñar y de aprender?

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-Algunas cosas han venido para quedarse. A nivel de metodología, a veces nos costaba el ‘flipped classroom’, aprender en el entorno, fuera del aula. Y con la pandemia hemos visto que es posible e incluso muchas veces beneficioso. Ahora tenemos las clases abiertas para ventilar y agrupamientos especiales que favorecen la docencia compartida. Y salimos del aula y aprovechamos todos los espacios exteriores del centro, ya sea el porche o el huerto. Cualquier espacio se convierte en un espacio de aprendizaje. O salimos al entorno, al bosque, a visitar el pueblo… Salimos más que nunca y esto se quedará.

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