29 oct 2020

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LOS RETOS DEL NUEVO CURSO

Diario de una profe en pandemia: "No podemos volver a perder la conexión con el alumno"

Natalia Pomareda, maestra del Institut Bellvitge, comparte la ilusión, las dudas y los nervios de la vuelta al colegio

"Espero que entre todos seamos capaces de encontrar la manera de romper la frialdad y el distanciamiento"

Carlos Márquez Daniel

Natalia Pomareda, en su casa, preparando alguno de los proyectos del nuevo curso

Natalia Pomareda, en su casa, preparando alguno de los proyectos del nuevo curso / JORDI COTRINA

Lo que viene a continuación es una larga conversación convertida en el diario de una profesora en tiempos de pandemia. Natalia Pomareda es maestra en el Institut Bellvitge, donde lleva la tutoría de una clase de 4º de la ESO y además se encarga de Educación Física. Comparte temores e ilusiones ante un curso imprevisible, precedido de un confinamiento que puso en tensión a toda la comunidad educativa. Si algo tenía claro es que las escuelas tenían que abrir.  

Lunes, 14 de septiembre. Ya no era un lunes cualquiera de los últimos seis meses. Era el día en el que volvía a ver a mis alumnos y estaba hecha un saco de nervios. La ilusión se mezclaba con las dudas. Las que todavía tengo yo y las que deben tener los chavales y sus familias al empezar un curso marcado por este maldito virus que ha desnaturalizado la educación. Tengo muy presente esa semana de marzo, cuando empezaron a cerrar en Madrid y se nos venía el mundo encima. Una alumna china ya dejó de venir días antes, y de hecho todavía no ha vuelto porque los padres aún no lo ven claro. En los pasillos del Institut Bellvitge se notaba la preocupación; el no saber nos consumía. Hasta que sucedió y nos fuimos a casa sabiendo todavía menos. Se terminaron las clases y daba comienzo un largo periodo de incertidumbre que nos ha llevado hasta aquí. Hemos aprendido muchas cosas, pero si algo tengo claro en la enseñanza, es que nada es mejor que un aula para transmitir y compartir conocimiento. Nos teníamos que ver las caras, aunque es cierto que con la mascarilla todo es más frío...

Natalia sale de casa, en Gràcia, camino del Institut Bellvitge / jordi cotrina

Han pasado dos semanas y nos hemos hecho un poco más a la idea. Ahora solo queda el qué pasará, el saber que tarde o temprano tendremos grupos confinados. Por ahora, en el Bellvitge nos hemos salvado... Parece mentira que sean ya más de 18.000 los estudiantes y 1.500 los docentes confinados en casa... Espero que de alguna manera puedan seguir con las clases, no podemos perder la conexión con ellos porque corremos el riesgo de que se desmotiven. Y todos sabemos qué pasa cuando un chico o una chica pierde las ganas de seguir en el cole: abandono escolar. Tenemos una de las tasas más elevadas de Europa, no podemos permitirnos que esa curva crezca. Es importante que nosotros estemos encima, como lo hicimos durante el confinamiento, persiguiendo a los que les costaba conectarse, llamando por teléfono a las familias de las que no teníamos ningun noticia. Fueron semanas duras... Más en nuestro cole, que al ser alta complejidad, nos hemos enfrentado a situaciones personales muy difíciles, con mucha vulnerabilidad que la escuela debe amortiguar. 

Mantener el hilo

En nuestro caso, el 10% de los estudiantes (tenemos unos 360) tenían problemas para seguir el curso desde casa. Hicimos lo que pudimos, pero nos supo mal que los ordenadores y tabletas prometidos a este tipo de familias no llegaran hasta principios de junio. Tarde... Les mandábamos los deberes en una foto de 'whatsapp', hablábamos por teléfono..., lo que fuera para mantener el hilo. Creo que lo hemos conseguido, y en parte, y creo que hablo en nombre de todos los maestros, es gracias al empuje de todos, a que hemos estado encima, trabajando muchas más horas que en circunstancias normales, y teniendo que escuchar que no hacíamos nada y que este año nos daban seis meses de vacaciones. Y luego está la comparación con los médicos..., prefiero ni pensarlo porque no vale la pena. En un chat de padres de las niñas, que van a otra escuela, en Barcelona, donde vivimos, no pude aguantarme y salté. Les pedí que dejaran de hablar de lo que no conocen. Ya está bien, siempre me ha sorprendido la soltura con la que la gente habla de nuestro trabajo. Todo el mundo sabe de fútbol y de educación.  

Natalia, por las calles de Gràcia, camino de L'Hospitalet / jordi cotrina

Teníamos claro que no podíamos hacer clase 'online' seis horas seguidas. Era necesario un giro pedagógico. Ideamos un proyecto en torno al covid e implicamos a muchas asignaturas distintas que fueron rotando semana tras semana. Creo que funcionó bien. En paralelo, manteníamos encuentros personalizados de vez en cuando con los alumnos. Nada que ver con el progreso académico, eran simples llamadas para ver cómo estaban. Aprovechamos la entrega de notas para charlar con todos, uno por uno. Creo que lo agradecieron. Estar a su lado era también nuestra obligación. En el fondo, se trataba de mantener el contacto vivo, de hacerles ver que la escuela estaba, a pesar de la lejanía y las restricciones, igual de cerca que siempre. 

"Durante el confinamiento se trataba de que los alumnos vieran que la escuela, a pesar de la lejanía, seguía estando a su lado"

Pero no siempre fue fácil. En un determinado momento, el Govern dijo que el tercer trimestre ya no podía bajar la nota. Aquello nos puso en guardia: muchos alumnos con los dos primeros trimestres aprobado podían relajarse sobremanera. Nos tocó intensificar el trabajo de tutoría, creo que faltó algo de empatía por parte de Educació. En un niño, el desafío despierta el hambre y las ganas de superarse. Si les dices que tienen el trabajo hecho, son muchos los que se cruzan de brazos. A nosotros nos pasó. Y venga a llamarles otra vez para que siguieran las clases. 

Natalia repasa las notas con una alumna, en el 2018 / carlos márquez daniel

En el Bellvitge hemos conseguido reducir la ratio a 20 estudiantes por clase hasta 3º de secundaria, pero no en el resto. Solos tenemos un profesor extra y hemos hecho malabarismos para lograrlo. No hubieran venido mal más medios, pero es lo que hay. Seguro que la 'conselleria' podría haber hecho más, pero siempre intento ponerme en el lugar de los demás y quiero pensar que han llegado hasta donde han podido. No nos hemos sentido solos porque lo importante es el vínculo que estableces con el resto de profesores. Aquí somos 45 docentes y todos, a su manera, han estado a la altura. La autonomía de centro nos ha permitido elaborar un plan propio que de momento está funcionando. Sí, es un palo que el suelo esté lleno de flechas, que el patio esté limitado o que los chavales se tengan que sentar separados. Pero si lo piensas, la alternativa es mucho peor. 

A pesar de todo

La verdad es que tenía unas ganas locas de volver al instituto. Nos habíamos reunido mil veces para tenerlo todo listo, peo sabíamos que habría rendijas por tapar. Los alumnos también querían volver a ver  sus amigos, pero no podían evitar el miedo. Propuse una actividad, una nube de palabras, para que compartieran sus sentimientos. Los conceptos más repetidos fueron 'estrés', 'agobio' y 'nervios'. También aparecieron 'alegría' o 'ilusión', pero quedó claro que había muchas más dudas que certezas. Repetimos la actividad al cabo de unos días y la cosa cambió: mucho más optimismo. Pero aunque parece que nos estamos acostumbrando a esta nueva realidad, a veces creo que el miedo nos supera un poco. Nos limita, y espero que entre todos seamos capaces de encontrar la manera de romper la frialdad y el distanciamiento. Con todas las medidas de prevención, a veces pienso que todo lo que ganamos en seguridad, lo perdemos en muchos aspectos que nos interesan como sociedad. Nos toca encontrar el equilibrio. 

No he dudado ni un momento en ir al colegio. Es lo que tenemos que hacer, es nuestra profesión, la que hemos elegido. Quizás no salvemos vidas como los médicos, pero intentaremos que esas vidas tengan sentido y consigan crecer y formarse. A pesar de la pandemia. A pesar de todo.