19 sep 2020

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Gestionando hijos

Claves para comprender y gestionar las rabietas

Cuando el niño está tirado en el suelo, con la cara roja, encendido, hay que hablarle con calma

Marina Borràs

Un bebé llorando enfadado.

Un bebé llorando enfadado. / 123RF

"Qué bueno tu hijo que sabe estar quietecito y no tiene casi rabietas". ¿Quién no ha escuchado o pronunciado alguna vez este tipo de frases? (No necesariamente dirigidas a su propio hijo/a, por supuesto). La verdad es que son bastante frecuentes, pues solemos relacionar las rabietas con un mal comportamiento de los niños, un enfrentamiento o incluso un ataque hacia nosotros, ¿pero es así?

Lo primero que tenemos que saber sobre las rabietas, berrinches o pataletas implica romper este mito tan extendido: no son una manera que tienen nuestros hijos de retarnos o atacarnos.

¿Qué son las rabietas?

Como nos contaba el psicólogo Alberto Soler en el webinar 'Resolución pacífica de conflictos', "las rabietas son la manifestación de la frustración que tiene un niño o una niña ante un deseo que no puede cumplir".

"Las rabietas son un fenómeno normal del desarrollo de los niños", confirma Soler, y nos lo explica: "El cerebro es una estructura muy compleja. Hay una parte, la corteza frontal, que se encarga de tareas como el control de impulsos, planificar a largo plazo, la empatía o poder tolerar la frustración, etc., y esa zona tarda un poquito en desarrollarse. La mayoría de vuestros hijos seguro que no tienen desarrollada del todo esta corteza. Por lo tanto, los niños tienen rabietas porque no tienen desarrollada todavía esta estructura del cerebro".

Tenemos que empezar a ver las rabietas como una señal del desarrollo de nuestro hijo, como cuando no sabe hablar o no controla el pipí. "No le podemos pedir que tenga una madurez cerebral que todavía no tiene", indica Soler. A partir de los dos años, el niño quiere ser más autónomo, lo que es bueno, y por eso se dan las rabietas.

Por otra parte, María Soto, fundadora de Educa Bonito, nos explica que las rabietas "van en el pack de niño y son retos que superar. Si entendemos los comportamientos de nuestros hijos más conectados con ellos, sin tomárnoslo tan a pecho, no perderemos tanto la paciencia". María pone un ejemplo: al tener un bebé no entendíamos su llanto a las tantas de la madrugada como un desacato a nuestra autoridad, sino como la manifestación de su necesidad. Con lo que llamamos "malos comportamientos", asegura María Soto, pasa lo mismo.

¿Cómo actuar ante una rabieta?

Una vez hemos entendido que las rabietas son naturales y forman parte del desarrollo de nuestros hijos e hijas, ¿qué podemos hacer cuando tenemos al niño llorando en el suelo del supermercado llorando y pataleando?

En primer lugar, la psicóloga Begoña Ibarrola nos recomienda que "no intentemos negar las emociones de los hijos, por más que estas puedan traer conductas no demasiado adecuadas, que acojamos todo tipo de emociones y que aprendan a acompañar a sus hijos en las emociones. Y también que aprendan trucos para ayudar a sus hijos a salir de emociones que pueden no ser muy positivas para ellos".

Conectar y redirigir

Alberto Soler nos recomienda que cuando nuestro hijo/a se encuentre inmerso en una pataleta, "conectemos y redirijamos". ¿Pero cómo se hace esto? El psicólogo nos explica: "Cuando un niño o cuando una persona está alterada, no atiende a razones. Empezar a darle la chapa, a darle largas explicaciones de por qué no se puede, no surten ningún efecto. Tenemos que controlar mucho más el cómo lo decimos, el tono, que el contenido del mensaje", añade.

Además, "tampoco tiene sentido echarle leña al fuego y empezar a gritarle siempre estás igual, siempre me la estás liando". Con esto solo conseguiremos que la rabieta se mantenga en el punto álgido durante más tiempo.

Como Soler nos contaba en el webinar, podemos seguir estos consejos:

  1.  "Cuando estamos con el niño tirado en el suelo, con la cara roja, encendido, tenemos que bajarnos a su nivel, hablarle con calma y mirarle a los ojos".
  2.  "Transmitir afecto y contención emocional. Los niños son muy sentidos y se dan cuenta de cuándo estamos enfadados, y pueden dudar de que les sigamos queriendo. No está de más que de manera explícita les digamos cuánto les queremos. Mira, cariño, te quiero mucho, pero esto no es posible. Agachados, mirándole a los ojos, en un tono bajito".
  3. "Evitar las grandes explicaciones. Repetir el mensaje tranquilamente, acompañándoles".
  4. "Redirigir, apelar a su mente racional, pero no cuando esté tirado en el suelo del supermercado gritando".

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