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ESCUELA INNOVADORA

"Si puedes hacer las cosas bien, ¿para qué hacerlas mal?"

Alumnos que usan la rúbrica para evaluar sus trabajos elogian poder aprender de sus propios errores

Algunos de ellos, por las cosas propias de la adolescencia, se bajan la nota por temor al qué dirán

Carlos Márquez Daniel

Mariam, Judit y Núria, en el patio del Institut Bellvitge. 

Mariam, Judit y Núria, en el patio del Institut Bellvitge.  / FERRAN NADEU

Martes, después de comer. En el patio del Institut Bellvitge, rodeado de los edificios que la inmobiliaria Ciudad Condal levantó a finales de los años 60 en este barrio de L'Hospitalet de Llobregat, un grupo de chavales de secundaria se ejercitan con raquetas y pelotas. Toca Educación Física. Mariam, Núria y Judit se separan del grupo para atender a este diario. El tema de debate suena sesudo, pero explicado por estas jóvenes, termina siendo pan comido. Se trata de la rúbrica como método de aprendizaje. Esta herramienta de evaluación formativa proporciona a los alumnos una plantilla con los requerimientos de la tarea en cuestión, acompañados de los distintos niveles de cumplimiento de los mismos. Aquí se mezclan muchas cosas, porque a las buenas intenciones de educación innovadora hay que sumarle las cosas propias de la adolescencia, el papel de los profesores y, cómo no, la implicación de las familias.

Las tres jóvenes, de cuarto de la ESO, se quedaron algo atónitas con la primera rúbrica, cuando llegaron desde las escuelas públicas Ramon Muntaner y Bernat Metge. Tuvieron la sensación de que les estaban dando la solución, cómo si el juego de las siete diferencias entre dos dibujos casi idénticos viniera ya con los círculos hechos. Pero no; no es tan fácil como eso. "Al final nos hemos dado cuenta de que es un apoyo, que no es la respuesta a todo. Con la rúbrica ahora podemos saber qué tenemos que hacer para hacer las cosas bien". ¿Pero esa no es una tarea del profesor? Sí y no. Porque el educador puede explicar, responder preguntas y corregir, pero jamás podrá meterse en la cabeza de los chavales para que sean ellos los que se den cuenta de sus propios errores. Y lo que es más importante: la rúbrica está diseñada para que mejoren su aprendizaje a base de asimilar buenos hábitos para no tropezar con la misma piedra.

El insuficiente cinco

Núria admite que va directa a la columna más exigente, la que te da las pautas para conseguir la mejor calificación. "¿Si puedes hacerlo bien, para qué plantearte hacer menos?" Curiosa reflexión, la de esta chica, pues con las notas, para muchos, el cinco sobre 10 era sinónimo de trabajo bien hecho. Aprobar y a otra cosa mariposa. Pero aquí no va de eso. Mariam se ha dado cuenta de que termina aprendiendo de sus propios errores, de que no se fija tanto en la nota porque es ella misma la que, con sus decisiones, determinará el éxito o el fracaso de la tarea. Pero hay un problema en todo esto, y es el qué dirán. Admiten que a veces se rebajan la calificación porque no quieren que los otros piensen que van "de sobradas". "Sí, a veces me pongo menos de lo que creo que merezco porque me da cosa lo que puedan decir los otras", admite una de ellas. Natalia Pomareda, su tutora, escucha sin interrumpirlas. Pero en este punto entra en acción. "Aunque maquillen un poco la nota, sea para hincharla o para reducirla, el proceso de interpretación que han hecho ya es interesante, han aprendido igualmente y ya les ha servido de algo". 

Patio del Institut Bellvitge / FERRAN NADEU

Jorge, otro alumno de cuarto de la ESO, se une al grupo. Viene algo despistado, pero pronto coge el hilo de la cosa. Dice que la rúbrica es un buen invento, entre otras cosas, "porque la próxima vez tendrás en cuenta todos los fallos, y eso te da más autonomía y así no dependes tanto del profesor". "Por ejemplo -prosigue-, a la hora de hacer el dossier de Sociales, sabes que tienes que ordenar y numerar bien las páginas". Parece una tontería, pero la cara de Natalia demuestra que no lo es, porque el chaval, si ha asimilado ese pequeño detalle, podrá ir asimilando todo lo que quiera. 

En todo esto, sin embargo, y sin ser esta una encuesta para nada representativa, llama la atención que ninguno de los cuatro jóvenes haya hablado de la rúbrica o de la evaluación formativa con sus padres. "En casa no tienen ni idea", confiesan, al unísono. Creerse lo de la escuela innovadora no es solo cosa de los profesionales de la educación. Es cosa de todos.