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IMPLANTACIÓN EN LAS AULAS

Cómo usar el móvil en clase

El instituto 22@ de Barcelona consensúa un decálogo sobre el uso de los dispositivos móviles

Carmen Jané

Alumnos del instituto 22@de Barcelona.

Alumnos del instituto 22@de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

“En el instituto, los dispositivos móviles y sus aplicaciones son una herramienta de trabajo. En clase, tener el móvil en la mochila, apagado o en silencio. Si estamos con compañeros, priorizar las relaciones cara a cara sobre las virtuales. En el patio, hacer un uso moderado del móvil”. Son algunas de las recomendaciones que se han autoimpuesto los alumnos del instituto 22@ de Barcelona sobre el uso del teléfono conectado.

El centro, situado en el Poblenou, ha arrancado este año con apenas tres cursos de primero de ESO y aún destila el olor a casa sin acabar de montar. Aún están creando el ampa y el consell escolar que pueda ratificar el acuerdo. “Funcionamos por asamblea, y queremos que los alumnos consensúen los temas. Por ejemplo, se acordó que el decálogo tenga solo tres puntos”, señala Dolors Bosch, la jefa de estudios. Pero al final hay 11.

El tema de los móviles, sin embargo, ha llegado heredado. Bosch, el director Oriol Rodon y otros miembros del claustro proceden del instituto Joaquima Pla i Farreras, un centro de Sant Cugat que fue pionero en la delimitación de áreas para usar el móvil, con un famoso mapa sobre espacios en verde, rojo, azul y amarillo que han adoptado posteriormente otros centros.

Aquí todavía no hay mapas, pero los alumnos parecen tener muy claro que el móvil y los portátiles Chromebook (sistema operativo de Google) que usan en clase sirven para estudiar, hacer actividades, buscar información y aprender. “Si interiorizan las normas, se reducen los conflictos”, asegura Rodon. En el decálogo figura: “No consentir ninguna agresión a las personas ni a su imagen. Las agresiones son un problema de todos”. Y se insiste mucho en que siempre se ponga la foto de alguien con su permiso. 

Los educadores reclaman también a los padres que se impliquen y haya coherencia entre lo que se hace en el instituto y en casa. Se puede poner música en el móvil si estás dibujando, pero no se puede contestar un mensaje.

Tres alumnos (uno por clase) serán mediadores de los grupos de Whatsapp escolares. Elegidos por sus compañeros y con carácter trimestral. Serán encargado de gestionar “el buen uso de las redes sociales”. El Instagram, en clase, se queda para el concurso de fotografía cuando van de excursión; los juegos, para el patio o para casa; la evaluación de una prueba es una app que da resultados inmediatos, la presentación de cada alumno, un correo electrónico. Todo tiene su aplicación. En el comedor, se apaga el móvil. Y en clase, a veces, “también bajamos la tapa” y hablamos. “Y si trabajan en grupo, nadie se engancha al móvil”, afirma Bosch.