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ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR

Deje que su hijo haga solo los deberes

Implicar a los padres en la educación avanza tres meses de curso académico

Que los padres participen en actividades escolares no mejora el rendimiento de los alumnos

Carmen Jané

Unos niños haciendo deberes.

Unos niños haciendo deberes. / FERRAN NADEU

Los alumnos con padres implicados en su educación no solo avanzan más en clase, sino que lo hacen a tal punto que puede ser el equivalente a la progresión de tres meses académicos. Así lo considera un estudio de la Fundació Jaume Bofill, que analiza el acompañamiento familiar en la escuela, que se ha demostrado clave en el desarrollo socioeducativo. Sin embargo, no todo vale, y participar en las fiestas de colegio, implicarse en hacer actividades en el patio, ser miembro del ampa, o exigir a los niños que presenten los deberes hecho no solo no influye en el resultado escolar, sino que puede ser contraproducente.

El estudio del consultor en políticas públicas en educación Jaume Blasco sobre el acompañamiento familiar a los escolares, realizado a partir de investigaciones en otros países, propone una serie de estrategias basadas en lo que realmente funciona, las llamadas evidencias científicas. Por ejemplo, los niños que leen con sus padres en sus primeros años aprenden mucho más rápido, y que en este sentido son útiles desde el uso de tarjetas de vocabulario o juegos con letras a la lectura de cuentos en voz alta con la participación del niño.

Cuando son un poco más mayores y llegan con deberes a casa, más que sentarse a hacerlos con el niño, sobre todo si es más mayor, las evidencias muestran que es mejor que la familia cree una zona de trabajo y permita un horario para que el menor pueda cumplir con sus tareas, a que se dedique a fiscalizar si ha hecho o no las tareas porque esto le puede llegar como “intrusivo o una forma de control de efectos negativos sobre la motivación y el rendimiento”, sobre todo en la preadolescencia.

El informe considera que es más efectivo ayudarles a organizar el tiempo y controlar las emociones, porque da autonomía a los niños, que quererles guiar en la resolución de problemas. Otra práctica de éxito, señala, es vincular lo que estudia con las expectativas y planes que tiene el menor sobre su futuro. “Si quiere ser arquitecto, mostrarle cómo le ayudan las matemáticas”, afirma.

La evolución del comportamiento de los padres ha de permitir ayudarles a responsabilizarse de su propio aprendizaje. En cambio, a medida que crecen los padres cada vez participan menos en la escuela y se desentienden más de los profesores, destaca el trabajo.

El estudio demuestra aunque una buena relación escuela-padres es positiva, implicar a los padres tiene sus limitaciones, y que para hacerlo con éxito hay que tener en cuenta muchos factores. Blasco reseña cómo hay padres con bajo nivel educativo que no se sienten capaces de representar a sus hijos en la escuela o que no quieren discutir con el profesor por un tema cultural de respeto a la autoridad. O los que fracasaron en la escuela. Además destaca que “los canales de comunicación y participación escolar no suelen estar pensados para los perfiles de las familias más vulnerables”, a menudo con peores horarios y menos flexibilidad.

Comportamientos sutiles más efectivos

“En la era de la hiperparentalidad, en la que parece que todos tenemos que ser superpadres, hay modelos más efectivos que querer llegar a todas partes”, afirma Ismael Palacín, director de la Fundació Jaume Bofill. No todas las familias tienen la capacidad educativa para poder ayudar a sus hijos con sus estudios, sobre todo a medida que el currículo se complica, pero en cambio si pueden preguntarles cómo les ha ido en el colegio y hacer que se sientan acompañados. Son comportamientos sutiles mucho más efectivos, reseña Blasco.

En este sentido, los expertos señalan que son preferibles programas cortos, muy concretos y con pocas recetas que intentar establecer una formación paralela a los adultos.

Y cuestionan cómo lograr llegar a las familias que más necesitan este apoyo, una de las prioridades de la política educativa de los ayuntamientos catalanes, según la Diputació de Barcelona. Uno de los problemas que admite el estudio es que sus conclusiones no se han contrastado con la realidad catalana, que todavía apuesta por proyectos educativos de entorno que impliquen a las familias en la actividad de los centros.

Temas: Deberes

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