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ESCUELAS RURALES

La escuela de las tres 'p' : pequeña, de pueblo y pública

Los colegios rurales, que mezclan alumnos de diferentes edades y aptitudes en una misma clase, sufren periódicamente por la demografía

Su metodología, que destierra la enseñanza unidireccional, ha sido pionera de unas prácticas que ya se extienden en otros centros

Cristina Buesa

Dos alumnos de 5º y 6º de primaria juegan con tres niños de la guardería en la escuela de Rellinars.

Dos alumnos de 5º y 6º de primaria juegan con tres niños de la guardería en la escuela de Rellinars. / RICARD CUGAT

Es la escuela de las tres ppública, de pueblo pequeña. En Catalunya hay 315 colegios rurales. Para ser considerados como tales deben pertenecer a núcleos de población inferiores a 3.000 habitantes. Como no hay suficientes niños, son centros que no pueden tener un grupo por cada nivel educativo, es decir, que mezclan chavales de distintas edades en la misma aula. El mínimo para mantener abierto un centro de este tipo son cinco alumnos y, aunque cada dos o tres años se sufre por la continuidad de alguno de ellos por el éxodo a zonas urbanas, el modelo está consolidado y exporta algunas metodologías a las escuelas que no lo son.

  

La decana de la Facultat d’Educació de la Universitat de Barcelona (UB) fue alumna de una escuela rural. La de Castellet i la Gornal, en el Penedès. Después, tras estudiar Pedagogía, Roser Boix fue maestra en otra. Y ya en la facultad, se especializó en estudiar este tipo de centros, lidera un grupo de investigación internacional y colabora con la Fundació del Món Rural. Es, por lo tanto, una voz autorizada: lo vivió de pequeña, estudia la experiencia desde hace años, ve las virtudes y propone mejoras.

Escolares autónomos

"Las metodologías innovadoras que desde hace un tiempo se han puesto de moda, hace años que se impulsan en las escuelas rurales: los alumnos estudian en función de sus capacidades y desarrollan habilidades cognitivas diferentes", expone Boix. De lo que se trata es de fomentar la autonomía del aprendizaje. "Nuestros escolares deben ser autónomos, aunque trabajen sin libros eso no significa que vayan por libre", diferencia la experta.

"Las escuelas rurales han sido pioneras en muchas cosas. En la atención personalizada, en preparar un itinerario inclusivo, muy de la mano con las familias, en la forma de tratar a los alumnos, han sido espejo para el resto", aplaude la directora general d'Educació Infantil i Primària, Carme Ortoll. Conscientes de la riqueza que aportaba una escuela a la vida de un municipio pequeño, en 1988 se crearon las Zonas Escolares Rurales (ZER), que agrupan dos o tres centros.

Trabajo cooperativo

Esa fue la tabla de salvación para muchos de ellos. Las ZER tienen los mismos maestros especialistas de Inglés, Música, Educación Física o Religión, que se desplazan a los distintos pueblos. Mejor mover a los docentes que a los niños. Pero en esas ZER no solo comparten autocar para las excursiones y colonias: también colaboran en el proyecto educativo. Es muy distinto elaborar una línea pedagógica entre una o dos personas que entre 10 ó 12, "facilita el trabajo, rompe el aislamiento y es cooperativo", celebra Miquel Payaró, coordinador del Secretariat d’Escola Rural y director de la Escola Puig Segalar de Viladamat (Alt Empordà), de la ZER Tramuntana.

La demografía siempre hará sufrir a las escuelas rurales, encajan tanto Roser Boix como otros docentes de estos centros. "Durante los años de crisis económica hubo muchas familias que se trasladaron a zonas rurales y eso mantuvo vivas a muchas de ellas. La gente se mudaba porque vivir en un pueblo era más económico pero de pronto topaban con estas escuelas, que funcionaban diferente de lo que estaban acostumbrados, y no siempre era fácil", analiza la decana.

Plan piloto de guarderías

Relacionar la actividad de un municipio de pequeñas dimensiones, la vida que se desarrolla en él, con la existencia de una escuela en su interior es habitual. "El pueblo que pierde el colegio da un paso atrás, empieza a morir un poco", describe la presidenta de la Associació de Micropobles de Catalunya alcaldesa de Vallfogona de Ripollès (Ripollès), Carme Freixa. La despoblación de su comarca obligó a cerrar los centros de Molló o la Colònia Estebanell, por ejemplo, así que la iniciativa de incorporar la guardería (los pequeños de 1 y 2 años) a la escuela rural "fue una iniciativa muy positiva" ya que se convierten en la "cantera" del centro y garantiza el futuro.

Hace tres cursos, fruto de la insistencia de ayuntamientos y comunidad educativa, se impulsó un plan piloto para que las escuelas rurales incorporasen guardería para los pequeños de 1 y 2 años. Ahora hay 62 con esta ventaja. De esta forma se evita que los padres que carecen de oferta local los escolaricen en el pueblo vecino y, al llegar a P-3, se queden allí después de haber creado vínculos de amistad con otras familias.

Mejores calificaciones 

"Ni en el mejor de mis sueños hubiera creído que estos niños tan pequeños podrían adaptarse tan bien, vivir en un entorno con tantos estímulos pedagógicos y aportar tanto al cole", confiesa el director de la Escola RellinarsXavier Geis, mientras observa cómo los más mayores, de 11 y 12 años, juegan en el patio con ellos. Esta escuela rural, a una veintena de kilómetros de Terrassa (Vallès Occidental), tiene seis clases con alumnos de distintas edades juntos, además de la de los "minis".

Las pruebas de competencias que se realizan en sexto de primaria o cuarto de ESO confirman que los menores que se han formado en este tipo de escuela tienen un nivel de conocimientos superior a la media catalana. "No sabemos si esta ligera diferencia al alza responde a la metodología que se aplica o al trabajo minucioso con ellos, personalizando la atención", plantea Miquel Payaró.

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