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José Antonio Marina: "La formación de los profesores de secundaria es mala"

El filósofo pide contratar más maestros para que la escuela "sea realmente igualadora social"

Maria Jesús Ibáñez

José Antonio Marina.

José Antonio Marina. / JOSÉ LUIS ROCA

José Antonio Marina (Toledo, 1939) la repercusión que está teniendo su último encargo, la redacción de un borrador del Libro Blanco de la Función Docente, lo tiene maravillado. “Cerca de mil personas nos han hecho llegar propuestas y la acogida en los medios de comunicación ha ido más allá de todas las expectativas”, explica. Ahora, prosigue el filósofo, ensayista y pedagogo, “el documento debería de ser enviado, y así se lo he dicho al ministro, a todos los centros educativos de España, para que estos, a su vez, manden sus observaciones, opiniones y aportaciones”. El objetivo, indica, “es que entre todos elaboremos una especie de ‘wikiescuela’, una herramienta que propicie una escuela hecha desde las escuelas”.

¿A qué atribuye usted la expectación? A que cada vez más gente comprende lo importante que es la escuela. Hemos entrado en una etapa de la historia, la que yo denomino sociedad del aprendizaje, en que las cosas van tan rápidas, la información es tan cambiante, que vamos a tener que estar toda la vida aprendiendo, si no queremos quedar atrás. No se trata solo de adquirir conocimientos, que fue lo que ocupó la etapa anterior, sino que ahora lo principal es despertar la pasión por aprender, tanto en niños y jóvenes como en los adultos. 

Pero en su nuevo libro, 'Despertad al Diplodocus' (Ariel), que ha coincidido con el libro blanco, insiste en que no solo es cosa de la escuela. Efectivamente, la educación, el sistema educativo, no solo lo integra la escuela, también están ahí las familias, las ciudades y las empresas, que tienen un papel importante en la formación continuada. Y también, por supuesto, el Estado, que se ha de poner manos a la obra si no quiere que España pierda el tren de esta nueva sociedad del aprendizaje, como ya perdió, en su momento, el tren de la Ilustración o el de la revolución Industrial...

¿No cree que llegamos, una vez más, tarde? Sí, algo tarde vamos. Hay países como Estados Unidos, que ya con el presidente Bill Clinton hicieron una apuesta fuerte por el aprendizaje.También lo ha hecho el Reino Unido, pero creo que aquí aún hay margen de maniobra. De hecho, cuando recibí el encargo del ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, de preparar una propuesta de libro blanco sobre los profesores, enlacé con una idea que también expongo en el 'Diplodocus': para que los alumnos españoles salgan de la escuela con condiciones para la nueva sociedad del aprendizaje hay que incidir en la calidad del profesorado y de los equipos directivos.

¿Qué propone? Estoy convencido de que España, que ahora mismo está en un nivel mediano, por no decir mediocre, puede tener una escuela de calidad en cinco años. Eso sí, con un presupuesto similar al de antes de la crisis, al del 2010. 

¿No es eso muy optimista? Creo, sinceramente, que es posible conseguir que entre el 90% y el 95% de los estudiantes tengan éxito educativo, eso significa un abandono como máximo del 10%, la mitad del actual. Pero, insisto, más allá de las buenas notas, lo que ha de hacer la escuela es dotar a los alumnos de las habilidades y del estímulo para aprender y seguir aprendiendo durante toda su vida. Ya sé que los niños no solo viven y se forman en la escuela, que también reciben impactos del exterior, pero creo que los colegios y los profesores han de estar preparados para esa misión.

¿Lo están? Desde luego para que la escuela sea el proyecto ético que debería ser, es decir, para que sea la gran igualadora social que debería ser, para que no se amplíe la brecha entre alumnos vulnerables y alumnos ricos, ahora mismo, creo que falta personal. 

Usted ha abierto la polémica al hablar de los incentivos salariales, como estímulo para mejorar la calidad de los profesores, pero otros expertos creen que antes hay que evaluar a los docentes, porque ahora mismo es imposible saber el punto de partida. Realmente en estos momentos se evalúa poco... ¡O nada! Hay mucho papeleo y poco más. Según la OCDE, a un 40% de los profesores españoles nadie les guía sobre cómo han de dar una clase y un 80% afirma que jamás ha entrado otro docente en su aula para ver cómo lo hace y qué puede corregir.

Pero su propuesta sobre retribuciones ha sentado fatal a los maestros. Es un mecanismo de autodefensa, supongo. Soy consciente de que cambiar da miedo, pero en algunos casos prácticos en los que he participado, en colegios que han apostado por un cambio radical, la resistencia inicial se ha vencido cuando se han visto los primeros resultados.

Las experiencias de cambio tienen mejor aceptación entre los maestros de infantil y primaria que en secundaria. ¿Cree que esa reacción está relacionada a su formación inicial, a que unos han estudiado Magisterio y otros no? Es probable que sea por eso. La formación que reciben los profesores de secundaria es mala. Porque es demasiado teórica, porque prácticamente ninguno de los profesores universitarios que les dan clase en el máster han dado clases en secundaria y porque las prácticas en institutos todavía no están bien planteadas. Dar una mejor formación es algo caro y por eso estamos formando mal a nuestros maestros, a los que luego ya nos encargamos de seleccionar. Ese sistema hay que cambiarlo.

Ha dicho el ministro Méndez de Vigo que espera que su libro blanco sea la base de un futuro pacto de Estado en Educación, ¿qué le parece? ¿Qué le puedo decir? Pues que espero que un libro blanco que quiere ser riguroso y serio, que es fruto de un proceso participativo transparente, pueda servir para empezar un debate serio de toda la sociedad.